¡Mi esposo desapareció!

Durante siete años, Han Seo-jin creyó conocer perfectamente al hombre con quien estaba casada.

Su esposo, Kang Min-ho, era director financiero de una poderosa compañía de Seúl. Trabajaba demasiado, viajaba constantemente y algunas noches regresaba a casa cuando ella ya estaba dormida.

Seo-jin nunca sospechó de él.

Hasta aquella noche.

Min-ho le había dicho que tendría una reunión empresarial hasta tarde.

Pero a las once, Seo-jin recibió una alerta del automóvil familiar.

El vehículo estaba estacionado frente al Hotel Imperial de Seúl.

Intentó llamar a su esposo.

Nada.

Volvió a intentarlo.

El teléfono sonó tres veces y después fue apagado.

Una sensación horrible recorrió su cuerpo.

Seo-jin abrió la aplicación de localización que ambos utilizaban.

El teléfono de Min-ho aparecía dentro del hotel.

Piso 27.

Seo-jin tomó inmediatamente las llaves.

Veinte minutos después entraba furiosa al vestíbulo.

—Necesito saber en qué habitación está mi esposo.

El recepcionista se negó a proporcionar información.

Entonces Seo-jin volvió a revisar la ubicación.

La señal era suficientemente precisa.

Suite 2708.

Subió.

Cuando llegó, golpeó la puerta.

—¡MIN-HO!

Nadie respondió.

Golpeó nuevamente.

—¡ABRE!

Finalmente la puerta se abrió.

Pero no apareció Min-ho.

Era una mujer joven.

Y llevaba puesta una camisa blanca que Seo-jin reconoció inmediatamente.

Era de su esposo.

Seo-jin perdió completamente el control.

¡PLAF!

La abofeteó.

—¡¿DÓNDE ESTÁ MI MARIDO?!

La desconocida llevó una mano a su mejilla.

—¡¿Qué te pasa?!

—¡Esa camisa es suya!

La mujer miró la prenda.

—¿Min-ho está casado?

Seo-jin quedó inmóvil.

—¿Qué acabas de preguntar?

—Él nunca me dijo que tenía esposa.

Seo-jin sintió que la rabia comenzaba a mezclarse con miedo.

—¿Quién eres?

Yoon Ha-neul.

—¿Qué haces aquí?

Ha-neul respondió:

—Vine porque él me llamó.

—¿Para qué?

—No lo sé.

Seo-jin soltó una risa amarga.

—¿Esperas que crea eso mientras llevas puesta su camisa?

Ha-neul señaló el baño.

—Mi vestido estaba mojado cuando llegué. Había una camisa limpia sobre la cama con una nota diciendo que me la pusiera.

Seo-jin frunció el ceño.

Algo no tenía sentido.

—¿Dónde está Min-ho?

—Pensé que estaba contigo.

Las dos mujeres entraron rápidamente en la suite.

—¡Min-ho!

Nada.

Revisaron el baño.

Vacío.

El balcón.

Vacío.

El enorme dormitorio.

Vacío.

Entonces Seo-jin vio algo sobre la cama.

Dos teléfonos.

Uno era el de Min-ho.

El otro pertenecía a Ha-neul.

—Ese es mi teléfono —dijo la mujer sorprendida.

—¿Cómo llegó aquí?

—Lo dejé cargando en la sala.

Junto a ambos dispositivos había un sobre blanco.

En la parte exterior aparecían dos nombres:

SEO-JIN Y HA-NEUL.

Las mujeres se miraron.

Seo-jin abrió rápidamente el sobre.

Dentro había una carta.

Comenzó a leer.

—“Si están leyendo esto… me fui.”

Ha-neul se acercó.

Seo-jin continuó:

—“Y si mi plan funcionó, las dos creen que las traicioné.”

Seo-jin dejó de leer.

—¿Su plan?

Ha-neul tomó la siguiente hoja.

—“Necesitaba reunirlas sin que nadie sospechara.”

Las dos quedaron confundidas.

Entonces uno de los teléfonos comenzó a reproducir automáticamente un video.

Min-ho apareció en pantalla.

Parecía nervioso.

—Seo-jin, perdóname por hacerte venir de esta manera.

Seo-jin apretó los dientes.

—Más te vale tener una explicación.

Min-ho continuó:

—Ha-neul no es mi amante.

Seo-jin miró a la mujer.

—Entonces ¿quién eres?

Ha-neul permaneció en silencio.

El video respondió.

—Ha-neul trabajaba conmigo en el departamento financiero.

Seo-jin frunció el ceño.

—¿Trabajaba?

Ha-neul bajó la mirada.

—Me despidieron hace seis meses.

El video continuó:

—Pero oficialmente fue despedida por filtrar información confidencial. Eso también es mentira.

Min-ho levantó una carpeta frente a la cámara.

—Ha-neul encontró algo que nunca debía encontrar.

Seo-jin comenzó a ponerse nerviosa.

—¿Qué?

Min-ho respondió desde la grabación:

—Ciento veinte millones de dólares desaparecieron de varias cuentas del Grupo Kang durante los últimos cuatro años.

Ha-neul cerró los ojos.

—Por eso me llamó.

Seo-jin la miró.

—¿Quién robó ese dinero?

—No lo sé. Yo descubrí las transferencias, pero antes de identificar al responsable me despidieron.

La grabación continuó.

—Hace tres semanas encontré la última pieza.

Min-ho colocó varios documentos frente a la cámara.

—Sé quién está detrás.

De repente miró hacia un lado.

Parecía haber escuchado algo.

—No tengo mucho tiempo.

La imagen terminó.

Seo-jin intentó reproducir el resto.

No había más.

—¿Eso es todo?

Ha-neul comenzó a revisar el teléfono.

—Tiene que haber algo más.

Encontró una carpeta protegida con contraseña.

—Necesitamos cuatro números.

Seo-jin pensó.

—Nuestro aniversario.

Introdujo la fecha.

Incorrecta.

—Su cumpleaños.

Incorrecta.

Ha-neul intentó otra combinación.

También falló.

Solo quedaba un intento antes de que el contenido se borrara.

Seo-jin miró la carta.

Entonces vio una pequeña frase escrita al final:

“El día que comenzó nuestra verdadera familia.”

Seo-jin dejó de respirar.

Introdujo la fecha de nacimiento de su hija.

La carpeta se abrió.

Dentro había fotografías, transferencias bancarias y grabaciones.

Pero un archivo llamó inmediatamente su atención.

ACCIDENTE — 2019.

Seo-jin abrió el video.

Era una grabación de seguridad.

Mostraba el automóvil de Min-ho estacionado frente a la empresa siete años atrás.

Un hombre se acercaba discretamente.

Abría el capó.

Manipulaba algo.

Horas después, Min-ho había sufrido el accidente que casi le costó la vida.

Seo-jin llevó una mano a la boca.

—Siempre nos dijeron que había sido una falla mecánica.

Ha-neul señaló la pantalla.

—Alguien intentó matarlo.

Seo-jin amplió la imagen.

El rostro del hombre no podía distinguirse.

Pero llevaba un reloj muy particular.

Seo-jin lo reconoció.

Había visto aquel reloj cientos de veces.

—No puede ser.

Ha-neul la miró.

—¿Quién es?

Seo-jin comenzó a temblar.

—El hermano de Min-ho.

Kang Tae-sung.

En ese instante escucharon un ruido en el pasillo.

Alguien intentaba abrir la suite.

Ha-neul apagó inmediatamente el teléfono.

—¿Esperabas a alguien?

—No.

La cerradura comenzó a moverse.

Seo-jin tomó el sobre.

Las dos retrocedieron.

La puerta se abrió.

Pero quien apareció no fue Tae-sung.

Era un detective.

—¿Señora Han Seo-jin?

—Sí.

El hombre mostró su identificación.

—Necesito que venga conmigo.

Seo-jin sintió un escalofrío.

—¿Encontraron a mi esposo?

El detective guardó silencio.

—Encontramos su automóvil abandonado cerca del río Han.

Seo-jin perdió el color del rostro.

—¿Y Min-ho?

—No estaba dentro.

Ha-neul respiró aliviada.

Pero el detective todavía no había terminado.

—Había sangre en el asiento trasero.

Seo-jin casi perdió el equilibrio.

—¿De quién?

—Todavía no lo sabemos.

Entonces el teléfono de Min-ho vibró.

Todos miraron la pantalla.

Había llegado un mensaje desde un número desconocido.

Seo-jin lo abrió.

Solo contenía una fotografía.

Min-ho aparecía sentado en una habitación oscura.

Estaba vivo.

Debajo había una frase:

“Traigan los archivos y volverá a casa.”

Ha-neul miró aterrada a Seo-jin.

El detective pidió el teléfono.

Pero Seo-jin lo apartó.

Porque acababa de notar algo en la fotografía.

Detrás de Min-ho había un espejo.

Y reflejado en aquel espejo podía distinguirse parcialmente el rostro de la persona que había tomado la fotografía.

Seo-jin amplió la imagen.

Su corazón se detuvo.

Conocía perfectamente aquel rostro.

No era el hermano de Min-ho.

Era alguien que había cenado en su casa cientos de veces.

Alguien que conocía a su hija.

Alguien en quien ambos habían confiado durante años.

Seo-jin levantó lentamente la mirada.

—Ya sé quién tiene a mi esposo.

By yhq9q

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