¡Esa mujer es mi madre!

La mansión de la familia Han estaba llena de invitados aquella noche. Empresarios, familiares y altos ejecutivos se habían reunido para celebrar el aniversario del Grupo Han, una de las compañías más poderosas de Seúl.

Todo parecía perfecto.

Hasta que Madame Han Mi-sook, la mujer que controlaba la familia con mano de hierro, comenzó a discutir con una empleada doméstica llamada Yoon Hye-jin.

Hye-jin llevaba apenas unos meses trabajando en la mansión, pero desde el primer día había provocado una reacción extraña en Mi-sook.

La observaba demasiado.

Reconocía objetos antiguos.

Sabía cosas sobre la familia que ninguna empleada debía conocer.

Y, sobre todo, tenía una conexión especial con Han Seo-ah, la hija de Mi-sook.

Seo-ah tenía veinte años. Toda su vida había creído que su madre biológica había muerto cuando ella era bebé y que Mi-sook, su tía, había decidido criarla como una hija.

Nunca había cuestionado esa historia.

Hasta aquella noche.

Mi-sook acusó a Hye-jin de haber roto una copa de cristal.

—Siempre estás causando problemas —dijo con desprecio—. No entiendo por qué sigues trabajando aquí.

Hye-jin respiró profundamente.

—Yo no rompí nada, señora.

Mi-sook se levantó furiosa.

—¿Ahora también vas a llamarme mentirosa?

Antes de que Hye-jin pudiera responder…

¡PLAF!

Mi-sook la abofeteó delante de todos.

—¡LÁRGATE DE MI CASA!

Los invitados quedaron completamente en silencio.

Mi-sook levantó la mano para golpearla nuevamente.

Pero alguien sujetó su muñeca.

Era Seo-ah.

—¡NO LA TOQUES!

Mi-sook abrió los ojos.

—¿Qué haces?

Seo-ah se colocó delante de la empleada.

—Ya fue suficiente.

—¡Es una sirvienta!

Seo-ah comenzó a llorar.

Entonces gritó:

—¡ES MI MADRE!

El salón entero quedó congelado.

Mi-sook palideció.

—Eso es imposible…

Hye-jin levantó lentamente la mirada.

—Entonces dile quién me entregó a tu hija hace veinte años.

Seo-ah giró hacia su tía.

—¿Qué significa eso?

Mi-sook retrocedió.

—No escuches a esta mujer.

—¡QUIERO LA VERDAD!

Hye-jin abrió su bolso.

Sacó una fotografía antigua.

En ella aparecía una mujer joven sosteniendo a una bebé recién nacida.

Seo-ah tomó la fotografía.

Se quedó inmóvil.

La mujer era Hye-jin.

Y la bebé tenía una pequeña marca junto a la ceja izquierda.

Seo-ah llevó inmediatamente una mano a su propio rostro.

Tenía la misma marca.

—Soy yo…

Hye-jin comenzó a llorar.

—Sí.

Seo-ah sintió que las piernas le temblaban.

—Entonces… ¿usted me dio a luz?

—Sí.

Mi-sook gritó:

—¡NO SABES TODA LA HISTORIA!

Seo-ah giró.

—Entonces cuéntamela.

Silencio.

—¡Durante veinte años me dijiste que mi madre había muerto!

Mi-sook cerró los ojos.

—Porque eso era lo que todos necesitaban creer.

Hye-jin negó.

—No todos.

Miró directamente a Mi-sook.

—Tú necesitabas que lo creyera.

Seo-ah miró a ambas.

—¿Por qué?

Hye-jin respiró profundamente.

—Cuando naciste, yo trabajaba para el Grupo Han.

—¿Haciendo qué?

—Era contadora.

Mi-sook bajó lentamente la mirada.

—Encontré movimientos de dinero que no tenían sentido.

—¿Qué clase de movimientos?

—Millones de dólares enviados a compañías que no existían.

Seo-ah frunció el ceño.

—¿Quién estaba detrás?

Hye-jin miró a Mi-sook.

—Su esposo.

Mi-sook golpeó la mesa.

—¡CÁLLATE!

Seo-ah abrió los ojos.

—¿Mi tío?

—Sí.

—¿Y qué tiene eso que ver conmigo?

Hye-jin comenzó a llorar.

—Tu padre biológico también trabajaba para la empresa.

Seo-ah quedó inmóvil.

—¿Quién era?

Kang Tae-min.

Mi-sook cerró los ojos.

Seo-ah observó su reacción.

—Tú también lo conocías.

—Sí.

—¿Dónde está?

Nadie respondió.

Seo-ah comenzó a ponerse nerviosa.

—¿Está muerto?

Hye-jin negó lentamente.

—Eso me dijeron.

—¿Y ahora?

—Ahora sé que era mentira.

Seo-ah sintió un escalofrío.

—¿Mi padre está vivo?

—No lo sé.

Mi-sook intervino.

—Tae-min desapareció porque quiso.

Hye-jin giró furiosa.

—¡Desapareció porque tu esposo intentó matarlo!

Los invitados comenzaron a murmurar.

Seo-ah levantó una mano.

—¡Todos fuera!

Nadie se movió.

—¡DIJE QUE SALGAN!

Los empleados comenzaron a acompañar a los invitados hacia la salida.

Minutos después solo quedaron las tres mujeres.

Seo-ah cerró las puertas.

—Ahora nadie se va hasta que yo conozca toda la verdad.

Mi-sook se sentó lentamente.

Hye-jin sacó otra fotografía.

Mostraba a Tae-min junto a ella.

Ambos eran muy jóvenes.

Hye-jin estaba embarazada.

—Tu padre descubrió las mismas transferencias.

Seo-ah tomó la fotografía.

—¿Y qué hizo?

—Quería entregar las pruebas a la policía.

—¿Qué ocurrió?

—La noche antes de hacerlo sufrió un accidente.

—¿Accidente?

Hye-jin negó.

—Los frenos de su automóvil fueron manipulados.

Seo-ah recordó historias antiguas de la familia.

Un accidente.

Un automóvil encontrado destruido.

Un cuerpo que nunca apareció.

—¿Sobrevivió?

—Creo que sí.

—¿Por qué?

Hye-jin abrió su bolso nuevamente.

Sacó una carta.

—Porque recibí esto hace dos meses.

Seo-ah la tomó.

La letra era vieja y temblorosa.

“Hye-jin, si Seo-ah está viva, no confíes en la familia Han. Yo también sigo vivo.”

Seo-ah levantó la mirada.

—¿Quién escribió esto?

—Tae-min.

Mi-sook palideció.

—Eso puede ser falso.

Hye-jin la miró.

—Reconocería su letra en cualquier lugar.

Seo-ah apretó la carta.

—Entonces mi padre sigue vivo.

Hye-jin asintió.

—Eso creo.

Seo-ah giró hacia Mi-sook.

—¿Sabías esto?

—No.

—¡MÍRAME!

Mi-sook levantó los ojos.

Seo-ah supo inmediatamente que estaba mintiendo.

—Lo sabías.

Mi-sook comenzó a llorar.

—Me llamó hace cinco años.

Hye-jin quedó paralizada.

—¿Qué?

Seo-ah retrocedió.

—¿Mi padre te llamó hace cinco años y nunca me dijiste nada?

—Me pidió que te mantuviera lejos de todo.

—¿Por qué?

—Porque alguien todavía estaba buscándolo.

Hye-jin golpeó la mesa.

—¿Quién?

Mi-sook no respondió.

Seo-ah se acercó.

—¿Tu esposo?

Mi-sook negó.

—Él murió hace ocho años.

—¿Seguro?

Mi-sook guardó silencio.

Aquella pausa cambió todo.

Seo-ah sintió que el corazón empezaba a golpearle el pecho.

—¿Mi tío también está vivo?

Mi-sook cerró los ojos.

—Sí.

Hye-jin quedó helada.

—¿Dónde?

—No lo sé.

—¡Mientes!

—¡NO LO SÉ!

Mi-sook comenzó a llorar.

—Desapareció después de que la empresa comenzó a ser investigada.

Seo-ah comprendió que dos hombres supuestamente muertos podían estar vivos.

Su verdadero padre.

Y el hombre al que durante años había considerado su tío.

Pero todavía faltaba algo.

—¿Por qué me separaron de mi madre?

Mi-sook dejó de llorar.

Hye-jin la miró.

Seo-ah notó el cambio.

—No fue solamente para protegerme.

Silencio.

—¿Verdad?

Mi-sook no respondió.

—¡DIME LA VERDAD!

Finalmente habló.

—Tu abuelo había dejado un fideicomiso.

Seo-ah frunció el ceño.

—¿Qué fideicomiso?

—Las acciones del Grupo Han debían pasar a su primera nieta.

Seo-ah abrió los ojos.

—A mí.

Mi-sook asintió.

—Cuando naciste, legalmente heredaste una parte enorme de la empresa.

Hye-jin comenzó a comprender.

—Por eso la hicieron desaparecer.

Mi-sook negó.

—No era tan sencillo.

Seo-ah se acercó.

—¿Tú controlabas mis acciones mientras yo era menor?

Mi-sook no respondió.

Aquello fue suficiente.

—Dios mío…

Seo-ah se alejó.

—Me criaste porque necesitabas controlar lo que era mío.

—¡Al principio sí!

Hye-jin abrió los ojos.

Seo-ah quedó completamente paralizada.

Mi-sook comenzó a llorar.

—Pero después cambió.

—¿Cambió?

—Eras una bebé.

Se acercó.

—Te alimenté. Te cuidé cuando enfermabas. Te llevé a la escuela. Dejaste de ser una heredera para mí.

Seo-ah negó.

—Pero nunca me devolviste a mi madre.

Mi-sook no pudo responder.

Hye-jin comenzó a llorar.

—Veinte años.

—Lo sé.

—¡ME ROBASTE VEINTE AÑOS CON MI HIJA!

Mi-sook bajó la cabeza.

Seo-ah miró a la mujer que la había criado.

Después a la mujer que acababa de descubrir que era su madre.

—Quiero una prueba de ADN.

Hye-jin asintió inmediatamente.

—Lo que quieras.

Mi-sook intervino.

—No.

Ambas giraron.

—¿Por qué no?

Mi-sook parecía aterrada.

—Porque quizá Hye-jin tampoco sea tu madre.

Silencio absoluto.

Hye-jin dio un paso atrás.

—¿Qué acabas de decir?

Seo-ah frunció el ceño.

—La fotografía…

—La bebé en esa fotografía sí era hija de Hye-jin.

Mi-sook respiró profundamente.

—Pero no sabemos si esa bebé eres tú.

Hye-jin palideció.

—No.

—Aquella noche nacieron dos niñas.

Seo-ah sintió un escalofrío.

—¿Dos?

Mi-sook asintió.

—Hubo un error en el hospital.

Hye-jin gritó:

—¡No fue un error!

Seo-ah la miró.

—¿Qué sabes?

Hye-jin comenzó a temblar.

—Escuché a una enfermera hablar antes de que me sedaran.

—¿Qué dijo?

—Que debían cambiar las pulseras.

Mi-sook cerró los ojos.

Seo-ah sintió que el mundo volvía a derrumbarse.

—¿Intercambiaron bebés?

—Sí.

—¿Quién?

Hye-jin miró a Mi-sook.

—Su esposo.

Seo-ah quedó helada.

—¿Por qué?

Mi-sook respondió:

—Porque una de las bebés pertenecía a otra familia poderosa.

—¿Cuál?

Mi-sook tardó demasiado en responder.

Seo-ah se acercó.

—¿Qué familia?

Finalmente dijo:

—La familia Kang.

Hye-jin dejó de respirar.

Seo-ah sintió miedo.

—¿Entonces quién soy realmente?

Mi-sook negó.

—Nunca pude demostrarlo.

—¡Veinte años y nunca hiciste una prueba!

—Porque alguien amenazó con matarte si investigábamos.

Seo-ah comenzó a llorar.

—Toda mi vida es una mentira.

Entonces el teléfono de Hye-jin vibró.

Número desconocido.

Un mensaje.

Lo abrió.

Solo contenía una fotografía.

Una mujer joven.

Prácticamente idéntica a Seo-ah.

Debajo decía:

“BUSCAS A TU HIJA EQUIVOCADA.”

Hye-jin dejó caer el teléfono.

—No…

Seo-ah tomó el dispositivo.

—¿Quién es ella?

Mi-sook palideció al ver la fotografía.

—La otra bebé.

Seo-ah levantó la mirada.

—¿Está viva?

—Sí.

—¿Dónde?

Mi-sook comenzó a retroceder.

—No deberíamos seguir con esto.

Seo-ah la agarró del brazo.

—¡¿DÓNDE ESTÁ?!

Antes de responder, las puertas de la mansión se abrieron.

Un hombre mayor entró acompañado por varios abogados.

Hye-jin dejó de respirar.

Mi-sook perdió completamente el color del rostro.

Seo-ah no conocía al hombre.

Pero Hye-jin sí.

—Tae-min…

Seo-ah giró.

—¿Papá?

El hombre comenzó a llorar.

—Seo-ah.

Ella dio un paso hacia él.

Pero Tae-min levantó una mano.

—Antes de llamarme papá…

Hizo una pausa.

—Debemos saber cuál de las dos niñas eres.

Seo-ah quedó inmóvil.

Los abogados colocaron dos sobres sobre la mesa.

—Hace veinte años ordené pruebas de ADN en secreto.

Mi-sook lo miró aterrada.

—Eso es imposible.

Tae-min abrió el primer sobre.

—Una de las niñas era hija de Hye-jin y mía.

Abrió el segundo.

—La otra pertenecía a la familia Kang.

Seo-ah comenzó a temblar.

—¿Cuál soy yo?

Tae-min la miró durante varios segundos.

Pero antes de responder…

Una mujer joven apareció detrás de él.

Tenía exactamente el mismo rostro de Seo-ah.

Hye-jin comenzó a llorar.

Mi-sook retrocedió.

Las dos jóvenes quedaron mirándose como si estuvieran frente a un espejo.

La desconocida habló primero:

—Yo también crecí creyendo que mi madre estaba muerta.

Seo-ah no pudo responder.

Tae-min colocó los resultados sobre la mesa.

—Una de ustedes heredará el Grupo Han.

Hizo una pausa.

—Y la otra heredará el Grupo Kang.

Mi-sook cerró los ojos.

Seo-ah miró a la mujer idéntica a ella.

Había comenzado la noche defendiendo a una empleada y gritando:

“¡Esa mujer es mi madre!”

Ahora ni siquiera sabía si aquella frase era cierta.

Porque para descubrir quién era su verdadera madre…

primero tendría que descubrir quién era ella realmente.

By yhq9q

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