¡Él no es el presidente!

Durante seis meses, Kang Tae-ho había dirigido el poderoso Grupo Haneul como si le perteneciera.

Ocupaba la oficina más grande.

Utilizaba el automóvil presidencial.

Firmaba contratos multimillonarios.

Despedía ejecutivos sin consultar a nadie.

Y cada mañana, cuando atravesaba el vestíbulo, cientos de empleados inclinaban la cabeza ante él.

Oficialmente, Tae-ho era el nuevo presidente del conglomerado.

Había asumido el cargo después de que su hermano mayor y anterior presidente, Kang Min-jae, sufriera un supuesto accidente durante un viaje de negocios.

Min-jae sobrevivió.

Pero, según Tae-ho, había quedado incapacitado para continuar dirigiendo la empresa.

Nadie volvió a verlo.

Durante meses, la explicación fue aceptada.

Hasta aquella mañana.

La junta directiva se reunió en el piso 72 de la torre corporativa.

Tae-ho ocupó tranquilamente la cabecera.

—Comencemos.

Pero nadie abrió sus documentos.

Nadie habló.

Tae-ho frunció el ceño.

—¿Ocurre algo?

Entonces Lee Joon-seok, uno de los ejecutivos más antiguos de la compañía, se levantó.

Llevaba una carpeta negra.

—Sí.

Tae-ho lo miró.

—Siéntate.

Joon-seok permaneció de pie.

—Antes de comenzar esta reunión quiero hacer una pregunta.

—No estamos aquí para interrogatorios.

—Precisamente hoy sí.

Tae-ho golpeó la mesa.

—¡Siéntate!

Joon-seok abrió la carpeta.

—Hace seis meses presentó este documento.

Colocó una copia sobre la mesa.

Era la autorización mediante la cual Min-jae supuestamente cedía temporalmente la presidencia a su hermano.

—¿Y?

—La firma es falsa.

El salón quedó en absoluto silencio.

Tae-ho soltó una pequeña carcajada.

—Ten cuidado con lo que dices.

Joon-seok levantó el documento.

—¡FALSIFICÓ LA FIRMA! ¡ÉL NO ES NUESTRO PRESIDENTE!

Tae-ho se levantó violentamente.

Caminó hacia él.

¡PLAF!

Lo abofeteó delante de todos.

—¡Seguridad! ¡Sáquenlo!

Los dos guardias situados junto a la puerta permanecieron inmóviles.

Tae-ho giró.

—¡DIJE QUE LO SAQUEN!

Nadie se movió.

Por primera vez, apareció miedo en su rostro.

La secretaria de la junta, Han Soo-min, se levantó.

—No pueden obedecerlo.

—¿Qué?

Soo-min encendió la pantalla principal.

Aparecieron dos documentos ampliados.

—Esta mañana recibimos el informe definitivo de tres peritos independientes.

Tae-ho palideció.

—Apaga eso.

Ella continuó:

—Los tres llegaron a la misma conclusión.

Miró directamente a Tae-ho.

—La firma utilizada para transferirle la presidencia fue falsificada.

Los ejecutivos comenzaron a murmurar.

Tae-ho golpeó la mesa.

—¡Esto es una conspiración!

Joon-seok se limpió lentamente la sangre del labio.

—Entonces será fácil responder una pregunta.

Se acercó.

—¿Dónde está Kang Min-jae?

—En recuperación.

—¿Dónde?

—Eso es información privada.

—Llevamos seis meses escuchando la misma respuesta.

Tae-ho señaló la puerta.

—Esta reunión terminó.

Joon-seok sonrió.

—No.

Las puertas se cerraron automáticamente.

—Esta reunión apenas comienza.

Tae-ho miró alrededor.

Entonces comprendió algo.

Había perdido el control de la sala.

Joon-seok colocó una segunda carpeta sobre la mesa.

—Hace cuatro días recibí esto.

Dentro había una fotografía.

Min-jae aparecía sentado en una habitación desconocida.

La fotografía tenía fecha de hacía apenas dos semanas.

Tae-ho quedó inmóvil.

—Eso puede estar manipulado.

—Pensé lo mismo.

Joon-seok sacó otra hoja.

—Hasta que encontré esto.

Era una carta escrita a mano.

Soo-min proyectó una ampliación.

“Si esta carta llega a la junta, significa que mi hermano ha tomado el control.”

Todos miraron a Tae-ho.

La carta continuaba:

“No renuncié a la presidencia.”

Tae-ho comenzó a respirar rápidamente.

—¡Es falso!

Soo-min negó.

—La escritura fue verificada.

Joon-seok continuó leyendo:

—“Tampoco sufrí ningún accidente.”

Silencio.

—“Fui retenido contra mi voluntad.”

Uno de los directivos se levantó.

—¿Está diciendo que el presidente fue secuestrado?

Tae-ho golpeó la mesa.

—¡BASTA!

Joon-seok lo señaló.

—¿Dónde está tu hermano?

—¡NO LO SÉ!

Aquella respuesta provocó un nuevo silencio.

Soo-min lo miró fijamente.

—Hace cinco minutos dijo que estaba recuperándose.

Tae-ho comprendió su error.

—Quise decir…

—¿Está recuperándose o no sabes dónde está?

Tae-ho no respondió.

Joon-seok sacó su teléfono.

—Quizás esto ayude.

Reprodujo una grabación.

Era la voz de Min-jae.

—Joon-seok, si estás escuchando esto, todavía sigo vivo.

Tae-ho retrocedió.

—Apágalo.

La grabación continuó.

—Mi hermano cree que consiguió todo lo que quería.

Tae-ho se abalanzó hacia el teléfono.

Dos guardias lo detuvieron.

—¡SUÉLTENME!

Por primera vez, los hombres que durante meses habían obedecido sus órdenes lo sujetaban a él.

Min-jae continuó hablando desde la grabación:

—Pero Tae-ho no trabaja solo.

Todos se miraron.

Joon-seok frunció el ceño.

Aquello tampoco lo sabía.

—Hay alguien dentro de la junta que lo ayudó desde el principio.

Tae-ho dejó de forcejear.

Su expresión cambió.

Joon-seok miró alrededor.

Había doce ejecutivos sentados en aquella mesa.

Uno de ellos era cómplice.

—¿Quién? —preguntó Soo-min.

La grabación terminó.

Tae-ho comenzó a reír.

—Ahora entienden.

Joon-seok lo miró.

—¿Qué?

—Creyeron que esto era tan sencillo como quitarme de la presidencia.

Tae-ho miró lentamente a cada miembro de la junta.

—Pero uno de ustedes trabaja para mí.

Los ejecutivos comenzaron a desconfiar unos de otros.

Entonces todas las pantallas se apagaron.

Las luces parpadearon.

Soo-min miró su computadora.

—Alguien está entrando al sistema.

Apareció una alerta.

TRANSFERENCIA DE ACCIONES EN PROCESO.

Joon-seok se levantó.

—¿Qué significa eso?

El director financiero abrió rápidamente su computadora.

—Alguien está intentando transferir el paquete de acciones del presidente.

—¡Deténgalo!

—No puedo.

—¿Por qué?

El hombre levantó la mirada.

—La autorización viene de la cuenta personal de Kang Min-jae.

Todos quedaron congelados.

Tae-ho sonrió.

—Les dije que no entendían nada.

Joon-seok lo agarró por la chaqueta.

—¿Qué hiciste?

—Yo no hice nada.

—¡¿DÓNDE ESTÁ MIN-JAE?!

Tae-ho se acercó a su oído.

—Más cerca de lo que imaginas.

En ese instante se abrieron las puertas.

Todos giraron.

Entró una mujer desconocida.

Vestía un traje negro y llevaba un maletín.

—¿Quién es usted? —preguntó Soo-min.

La mujer colocó una credencial sobre la mesa.

—Soy Yoon Ha-rin, abogada personal de Kang Min-jae.

Tae-ho perdió la sonrisa.

—Tú…

Ha-rin lo miró.

—Veo que me recuerda.

Joon-seok se acercó.

—¿Sabe dónde está el presidente?

—Sí.

Todos se levantaron.

—¿Está vivo?

—Sí.

—¿Dónde?

Ha-rin abrió el maletín.

—Antes necesitan entender por qué desapareció.

Sacó varios contratos.

—Hace ocho meses, Min-jae descubrió que alguien estaba utilizando empresas fantasma para desviar dinero del Grupo Haneul.

El director financiero preguntó:

—¿Cuánto?

—Más de cuatrocientos millones de dólares.

Todos quedaron impactados.

Ha-rin señaló a Tae-ho.

—Al principio creyó que su hermano era el responsable.

Tae-ho gritó:

—¡Mentira!

—Pero estaba equivocado.

Ha-rin colocó una fotografía sobre la mesa.

—Tae-ho solamente era el intermediario.

Joon-seok tomó la fotografía.

Su rostro cambió.

—No puede ser.

Soo-min se acercó.

—¿Quién aparece?

Joon-seok levantó lentamente la mirada.

Era Chairman Kang Dae-sung.

El padre de Min-jae y Tae-ho.

Fundador del Grupo Haneul.

El hombre que supuestamente llevaba tres años retirado de los negocios.

—¿Su propio padre? —preguntó Soo-min.

Ha-rin asintió.

—Dae-sung necesitaba recuperar el control de la empresa.

Joon-seok comprendió.

—Pero Min-jae se negaba.

—Exactamente.

Tae-ho comenzó a retroceder.

—No saben lo que están haciendo.

Ha-rin lo miró.

—Entonces explíquenos.

Tae-ho guardó silencio.

—Su padre te prometió la presidencia si ayudabas a sacar a Min-jae del camino.

—¡Cállate!

—Falsificaste la firma.

—¡CÁLLATE!

—Y después hicieron creer a todos que estaba incapacitado.

Tae-ho intentó correr.

Los guardias lo sujetaron.

—¡Mi padre los destruirá a todos!

La sala quedó en silencio.

Tae-ho comprendió lo que acababa de admitir.

Joon-seok sonrió.

—Gracias.

Ha-rin levantó discretamente su teléfono.

—Todo quedó grabado.

Tae-ho palideció.

Pero entonces comenzó a reír.

—¿De verdad creen que ganaron?

Ha-rin frunció el ceño.

—Mi padre sabía que vendrías.

De repente sonó una alarma.

Soo-min miró las pantallas.

—¡Las acciones!

El director financiero comenzó a teclear desesperadamente.

—La transferencia terminó.

—¿A nombre de quién?

El hombre miró la pantalla.

Su expresión cambió.

—Eso… no tiene sentido.

—¡¿A NOMBRE DE QUIÉN?!

El director giró la computadora.

NUEVO ACCIONISTA MAYORITARIO: KANG MIN-JAE.

Todos quedaron inmóviles.

Tae-ho dejó de sonreír.

—Imposible.

Ha-rin cerró tranquilamente el maletín.

—No.

Caminó hacia la cabecera de la mesa.

Retiró la placa que decía:

PRESIDENTE — KANG TAE-HO.

—Min-jae nunca perdió el control de sus acciones.

Tae-ho comenzó a temblar.

—Entonces… ¿por qué permitió todo esto?

Ha-rin lo miró.

—Porque necesitaba que usted y su padre creyeran que habían ganado.

Joon-seok comprendió.

—Era una trampa.

—Exactamente.

En ese momento el ascensor privado emitió un sonido.

DING.

Todos giraron hacia las puertas.

Tae-ho quedó completamente pálido.

—No…

Las puertas se abrieron lentamente.

Un hombre apareció acompañado por dos agentes y varios abogados.

Era Kang Min-jae.

Vivo.

Vestido con un impecable traje negro.

El verdadero presidente caminó lentamente hacia la sala.

Nadie dijo una palabra.

Min-jae entró.

Miró la cabecera.

Después miró a su hermano.

Tae-ho apenas consiguió hablar.

—Hermano…

Min-jae se detuvo frente a él.

—Seis meses.

Tae-ho tragó saliva.

—Puedo explicarlo.

—Durante seis meses utilizaste mi nombre, mi oficina y mi empresa.

Tae-ho bajó la mirada.

Min-jae continuó:

—Pero cometiste un error.

—¿Cuál?

Min-jae retiró el reloj de su muñeca y lo colocó sobre la mesa.

—Creíste que yo estaba huyendo de ti.

Hizo una pausa.

—Cuando en realidad estaba reuniendo pruebas contra todos ustedes.

Tae-ho abrió los ojos.

—¿Todos?

Min-jae giró hacia los miembros de la junta.

Su expresión se endureció.

—Porque mi hermano no es el único traidor sentado en esta habitación.

El silencio se volvió absoluto.

Uno de los doce ejecutivos bajó lentamente la mirada.

Min-jae lo vio.

Y sonrió.

La investigación por encontrar al verdadero presidente había terminado.

Pero la cacería para descubrir quién había intentado destruirlo…

acababa de comenzar.

By yhq9q

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