La boda de Kang Ji-hoon y Han Seo-yeon debía ser uno de los eventos más elegantes del año en Seúl.
Más de trescientos invitados llenaban el salón principal del Hotel Imperial. Empresarios, familiares y amigos brindaban mientras los recién casados recorrían las mesas recibiendo felicitaciones.
Seo-yeon no podía dejar de sonreír.
Después de cuatro años de relación, finalmente se había casado con el hombre que amaba.
O al menos con el hombre que creía conocer.
A las nueve y veinte de la noche, las puertas del salón se abrieron violentamente.
Una mujer entró corriendo.
Vestía ropa sencilla, tenía el cabello desordenado y sostenía un teléfono entre las manos.
—¡JI-HOON!
La música se detuvo.
El novio giró.
En cuanto reconoció a la mujer, su expresión cambió.
Era Yoon Mi-jin.
Ji-hoon palideció.
—¿Qué haces aquí?
Mi-jin caminó directamente hacia él.
¡PLAF!
Lo abofeteó delante de todos.
—¡MI HERMANA DESAPARECIÓ DESPUÉS DE TU DESPEDIDA DE SOLTERO!
Los invitados quedaron en silencio.
Seo-yeon miró a su esposo.
—¿De qué está hablando?
Ji-hoon reaccionó rápidamente.
—Está loca. Su hermana nunca estuvo en mi despedida.
Mi-jin levantó su teléfono.
—Entonces explica este video.
Seo-yeon tomó el dispositivo.
La grabación mostraba la entrada de un club privado.
Ji-hoon salía por una puerta lateral.
Segundos después aparecía una joven.
Yoon Ha-na, hermana menor de Mi-jin.
Ji-hoon miraba constantemente alrededor.
Después ambos subían al mismo automóvil.
Seo-yeon revisó la hora.
11:47 p. m. — la noche anterior.
Su rostro perdió completamente el color.
—Eso fue anoche.
Ji-hoon intentó quitarle el teléfono.
—¡Dame eso!
Seo-yeon retrocedió.
—¡No me toques!
—Puedo explicarlo.
Mi-jin se acercó.
—Perfecto. Empieza diciendo dónde está mi hermana.
—¡No lo sé!
—¡Tú fuiste la última persona que estuvo con ella!
Ji-hoon miró a todos los invitados.
Sabía que cientos de ojos estaban sobre él.
—Ha-na me pidió ayuda.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Qué clase de ayuda?
Ji-hoon guardó silencio.
Mi-jin perdió la paciencia.
—¡RESPONDE!
Finalmente habló.
—Ha-na estaba huyendo de alguien.
Aquella respuesta cambió todo.
Mi-jin quedó confundida.
—¿Huyendo de quién?
—No quiso decírmelo.
—¿Y por qué acudiría precisamente a ti?
Ji-hoon bajó la mirada.
Seo-yeon lo conocía suficientemente bien para saber que todavía escondía algo.
—Ji-hoon.
Él levantó la cabeza.
—¿Qué relación tenías con Ha-na?
Silencio.
Mi-jin también lo miró.
—Contesta.
Ji-hoon respiró profundamente.
—Trabajaba para mí.
Seo-yeon abrió los ojos.
—¿Qué?
—Hace seis meses la contraté como asistente temporal.
—Nunca me hablaste de ella.
—Porque dejó la empresa después de tres semanas.
Mi-jin negó.
—Eso es mentira. Mi hermana trabajaba en una agencia de publicidad.
Ji-hoon respondió:
—Eso era lo que ella quería que ustedes creyeran.
Seo-yeon sintió que cada respuesta creaba una pregunta todavía peor.
—¿Qué hacía realmente?
Ji-hoon miró hacia su padre, Kang Dae-hyun, presidente del Grupo Kang.
El hombre estaba sentado entre los invitados.
En cuanto sus miradas se encontraron, Dae-hyun bajó lentamente su copa.
Ji-hoon habló:
—Ha-na investigaba las cuentas de nuestra empresa.
Dae-hyun se levantó.
—¡Suficiente!
Todos giraron.
Seo-yeon observó a su suegro.
—¿Usted también la conocía?
—No.
Ji-hoon respondió inmediatamente:
—Sí la conocías.
El rostro de Dae-hyun cambió.
—Ten cuidado.
—Ya desapareció una persona. No pienso seguir protegiendo a nadie.
Seo-yeon miró horrorizada a su esposo.
—¿Protegiendo a quién?
Antes de que pudiera responder, el teléfono de Mi-jin vibró.
Un mensaje.
Número desconocido.
Mi-jin abrió inmediatamente.
Había una fotografía.
Ha-na aparecía sentada dentro de una habitación desconocida.
Estaba viva.
—¡HA-NA!
Todos se acercaron.
Debajo de la imagen había un mensaje:
“Dejen de buscarla.”
Mi-jin comenzó a temblar.
—Tenemos que llamar a la policía.
Ji-hoon tomó el teléfono.
Amplió la fotografía.
—Espera.
Observó cuidadosamente el fondo.
Había una ventana.
A través del cristal podía distinguirse parcialmente un edificio.
Ji-hoon reconoció inmediatamente el lugar.
—Sé dónde está.
Dae-hyun palideció.
—No.
Ji-hoon miró a su padre.
—¿Por qué dijiste “no”?
Silencio.
—Papá…
Ji-hoon caminó hacia él.
—¿Reconoces esa habitación?
Dae-hyun retrocedió.
—Claro que no.
Ji-hoon mostró la fotografía a Seo-yeon.
—Es una propiedad de nuestra familia.
Mi-jin abrió los ojos.
—¿Dónde?
—Una casa en las afueras de Seúl.
Mi-jin corrió hacia la salida.
—Voy para allá.
—Espera.
Ji-hoon comenzó a seguirla.
Seo-yeon lo agarró del brazo.
—Tú no vas a ninguna parte hasta decirme qué ocurrió anoche.
Ji-hoon la miró.
Sabía que ya no podía seguir ocultándolo.
—Ha-na apareció en mi despedida alrededor de las once.
—¿Por qué?
—Me dijo que había encontrado pruebas contra alguien de mi familia.
Dae-hyun gritó desde el fondo:
—¡No le creas!
Ji-hoon ignoró a su padre.
—Me pidió que la llevara a un lugar seguro.
—¿Por eso subieron juntos al automóvil?
—Sí.
Mi-jin preguntó:
—¿Dónde la dejaste?
Ji-hoon guardó silencio.
—¡¿DÓNDE?!
—En la estación central.
—Entonces ¿por qué aparece ahora en una propiedad de tu familia?
—No lo sé.
Mi-jin se acercó furiosa.
—Si le pasó algo…
Seo-yeon intervino.
—Primero encontremos a tu hermana.
La recepción terminó inmediatamente.
La policía fue avisada.
Ji-hoon, Seo-yeon y Mi-jin entregaron el video y la fotografía.
Mientras esperaban, Seo-yeon observó algo extraño.
Dae-hyun había desaparecido del salón.
—¿Dónde está tu padre?
Ji-hoon miró alrededor.
No estaba.
Llamó.
Teléfono apagado.
Ji-hoon corrió al estacionamiento.
El automóvil de su padre tampoco estaba.
—Se fue.
Mi-jin lo miró.
—Entonces sabe dónde está Ha-na.
Cuarenta minutos después, varios vehículos llegaron a la propiedad de la familia Kang.
La puerta principal estaba abierta.
No había guardias.
Ji-hoon entró acompañado por los agentes.
—¡HA-NA!
Nada.
Subieron al segundo piso.
Encontraron la habitación de la fotografía.
La puerta estaba cerrada.
Los agentes la abrieron.
Vacía.
Mi-jin sintió que las piernas le fallaban.
—Llegamos tarde.
Sobre una silla encontraron la chaqueta de Ha-na.
Y sobre la cama había una computadora portátil.
Ji-hoon la abrió.
No tenía contraseña.
Solo había una carpeta en el escritorio.
“SI DESAPAREZCO.”
Mi-jin comenzó a llorar.
—Ella sabía que esto podía pasar.
Abrieron la carpeta.
Había cientos de documentos financieros.
Transferencias.
Empresas inexistentes.
Cuentas internacionales.
Seo-yeon preguntó:
—¿Qué significa todo esto?
Ji-hoon comenzó a revisar.
Su rostro cambió.
—Alguien lleva años sacando dinero del Grupo Kang.
—¿Cuánto?
—Más de doscientos millones.
Mi-jin encontró un archivo de audio.
Lo reprodujo.
Era la voz de Ha-na.
—Si alguien encuentra esto, significa que descubrieron que estaba investigando.
Todos guardaron silencio.
Ha-na continuó:
—Ji-hoon no está involucrado.
Seo-yeon miró a su esposo.
—Él fue quien me pidió revisar las cuentas después de encontrar irregularidades.
Ji-hoon cerró los ojos.
Era verdad.
—Pero encontré algo mucho peor que dinero desaparecido.
La grabación continuó.
—Las empresas utilizadas para las transferencias pertenecen a alguien muy cercano a la familia Kang.
Mi-jin se acercó a la computadora.
—Di el nombre…
Ha-na respiró desde la grabación.
—Kang Dae-hyun.
El padre de Ji-hoon.
Nadie habló.
Seo-yeon miró a su esposo.
—Tu padre.
Ji-hoon permaneció inmóvil.
Pero el audio todavía no había terminado.
—Dae-hyun tampoco trabaja solo.
Todos volvieron a mirar la computadora.
—Hay una segunda persona.
De repente la grabación se detuvo.
Archivo dañado.
—¡No! —gritó Mi-jin.
Intentaron reproducirlo nuevamente.
Nada.
Entonces uno de los agentes llamó desde el pasillo.
—¡Encontramos algo!
Todos salieron.
En el garaje había un automóvil.
Ji-hoon lo reconoció.
Era el vehículo en el que había llevado a Ha-na la noche anterior.
—Esto es imposible.
Mi-jin lo miró.
—¿Por qué?
—Lo dejé en mi casa anoche.
Abrieron el maletero.
Dentro encontraron el bolso de Ha-na.
Su teléfono.
Y una corbata.
Seo-yeon la reconoció.
Era la que Ji-hoon había utilizado durante su despedida de soltero.
Mi-jin retrocedió.
—Dijiste que la dejaste en la estación.
—¡Y es verdad!
Uno de los agentes miró a Ji-hoon.
—Señor Kang, tendremos que hacerle algunas preguntas.
—¡Alguien está intentando culparme!
Seo-yeon no sabía qué creer.
Entonces el teléfono encontrado dentro del maletero comenzó a sonar.
Todos quedaron inmóviles.
Mi-jin respondió.
—¿Ha-na?
Silencio.
Después se escuchó la voz de su hermana.
—Mi-jin…
—¡HA-NA! ¿DÓNDE ESTÁS?
—Escúchame. No tengo mucho tiempo.
Mi-jin comenzó a llorar.
—Estamos buscándote.
—No confíes en la policía.
Los agentes se miraron.
—¿Por qué?
—Porque alguien les está pagando.
La llamada comenzó a fallar.
Mi-jin gritó:
—¡DIME DÓNDE ESTÁS!
—No puedo.
—¡Ha-na!
Entonces Ha-na dijo algo inesperado:
—Ji-hoon dice la verdad.
Seo-yeon miró a su esposo.
—Él me ayudó a escapar anoche.
Ji-hoon respiró aliviado.
—¿Quién te tiene?
Silencio.
Finalmente Ha-na respondió:
—Nadie.
Todos quedaron confundidos.
—¿Qué?
—Yo desaparecí voluntariamente.
Mi-jin abrió los ojos.
—¿Por qué?
—Porque necesitaba que Dae-hyun creyera que tenía las pruebas.
Ji-hoon comprendió.
—¿Era una trampa?
—Sí.
Ha-na continuó:
—Pero salió mal.
—¿Qué ocurrió?
—La segunda persona descubrió mi plan.
Mi-jin recordó inmediatamente el archivo.
—¿Quién es el segundo implicado?
Ha-na guardó silencio.
Después pronunció:
—Está con ustedes.
Todos quedaron inmóviles.
Ji-hoon miró lentamente a los agentes.
Seo-yeon miró a Mi-jin.
Mi-jin miró a Ji-hoon.
Nadie sabía de quién hablaba.
—Ha-na, ¿quién?
La llamada comenzó a cortarse.
—La persona que ayudó a Dae-hyun durante todos estos años…
Silencio.
—…estuvo en la boda.
La llamada terminó.
Nadie se movió.
Entonces Seo-yeon recordó algo.
La fotografía recibida durante la recepción.
La abrió nuevamente.
Amplió la imagen de Ha-na.
En el reflejo de una ventana aparecía parcialmente la persona que había tomado la fotografía.
Seo-yeon aumentó todavía más el brillo.
Un rostro comenzó a distinguirse.
—No puede ser…
Ji-hoon se acercó.
—¿Quién es?
Seo-yeon levantó lentamente el teléfono.
Había reconocido a la persona.
Era alguien que había estado sentado en primera fila durante su ceremonia.
Alguien que conocía todos los movimientos de Ji-hoon.
Alguien que había sonreído mientras ellos intercambiaban los anillos.
Y alguien que había abandonado la recepción minutos después de la llegada de Mi-jin.
Seo-yeon miró a su esposo.
—Tu padre no es la única persona de tu familia involucrada.
La boda había terminado.
Ha-na seguía desaparecida.
Y ahora Ji-hoon comprendía que mientras él pronunciaba sus votos frente a cientos de invitados…
uno de los responsables estaba observándolo desde la primera fila.