🔥 PARTE 2 — «¡TU MARIDO TE CAMBIÓ POR MÍ!»

—Perfecto. Entonces llamemos a seguridad.

La mujer arrogante, Ji-ah, escondió rápidamente la mano.

—¡No se atreva!

La esposa, Seo-yeon, levantó el teléfono.

—¿Por qué? ¿Tienes miedo?

El esposo, Min-jun, miró el anillo.

—Seo-yeon… ese sí es tu anillo.

—Lo sé.

Ji-ah señaló a Min-jun.

—¡ÉL ME LO DIO!

—¡Estás mintiendo! —respondió Min-jun.

Ji-ah soltó una carcajada.

—¿Ahora vas a negarlo?

Seo-yeon marcó a seguridad.

—Quiero las cámaras del piso 18. Ahora.

Ji-ah palideció.

—¡No pueden grabar dentro de las habitaciones!

Seo-yeon la miró fijamente.

—Nunca dije que desapareció de una habitación.

Silencio.

Min-jun giró lentamente hacia Ji-ah.

—¿Cómo sabes dónde estaba?

—Yo… supuse.

Seo-yeon sonrió fríamente.

—Primer error.

Dos guardias llegaron.

—Presidenta Seo, ¿qué ocurrió?

Ji-ah quedó inmóvil.

—¿Presidenta?

Seo-yeon señaló el anillo.

—Esa mujer tiene una joya que desapareció ayer de mi caja fuerte.

Ji-ah se rio nerviosamente.

—¿Presidenta de qué?

El gerente del hotel apareció detrás de los guardias.

Hizo una reverencia.

—Del grupo propietario de este hotel.

Ji-ah perdió la sonrisa.

Min-jun miró sorprendido a su esposa.

—¿Este hotel es tuyo?

—Eso ahora mismo es lo menos importante.

Seo-yeon miró al gerente.

—Las cámaras.

El gerente mostró una tableta.

—Encontramos algo.

Todos se acercaron.

En la grabación aparecía una persona entrando al despacho privado de Seo-yeon.

Ji-ah sonrió.

—¡Miren! ¡No soy yo!

Seo-yeon observó detenidamente.

La persona llevaba gorra y mascarilla.

Min-jun señaló la pantalla.

—Es un hombre.

Ji-ah cruzó los brazos.

—¿Ven? ¡Yo no robé nada!

El gerente respondió:

—Espere.

La grabación continuó.

El desconocido salió del despacho.

Minutos después…

Ji-ah apareció esperándolo en el estacionamiento.

Min-jun quedó helado.

—¿Lo conoces?

—No.

Seo-yeon se acercó.

—Entonces ¿por qué te entregó una bolsa?

—¡No recuerdo!

El gerente amplió la imagen.

Dentro de la bolsa estaba la caja del anillo.

Silencio absoluto.

Min-jun miró a Ji-ah.

—Me dijiste que yo te había regalado ese anillo.

—¡Porque…!

—¿Porque qué?

Ji-ah retrocedió.

—Porque él me dijo que dijera eso.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Quién?

—No sé su verdadero nombre.

—Entonces seguridad puede averiguarlo.

Ji-ah se puso nerviosa.

—¡NO!

Todos la miraron.

—Puedo decirles algo.

Seo-yeon bajó el teléfono.

—Habla.

Ji-ah respiró profundamente.

—Ese hombre me pagó para acercarme a Min-jun.

Min-jun quedó paralizado.

—¿Qué?

—Debía hacer que tu esposa creyera que teníamos una relación.

Seo-yeon miró a su marido.

—¿Tuviste algo con ella?

Min-jun negó.

—Jamás.

Ji-ah bajó la mirada.

—Eso es verdad.

Silencio.

Seo-yeon preguntó:

—Entonces ¿para qué necesitaban separarnos?

Ji-ah respondió:

—No querían separarlos.

—¿Entonces?

—Querían que usted pidiera el divorcio.

Min-jun frunció el ceño.

—Es exactamente lo mismo.

—No.

Ji-ah miró a Seo-yeon.

—Necesitaban que ella fuera quien firmara.

Seo-yeon quedó seria.

—¿Por qué?

Ji-ah sacó un sobre de su bolso.

—Porque me ordenaron entregarle esto después de la pelea.

Seo-yeon lo abrió.

Era un acuerdo de divorcio.

Min-jun lo tomó.

—¿Quién preparó esto?

—No lo sé.

Seo-yeon revisó las páginas.

Su expresión cambió.

—Aquí hay una cláusula añadida.

—¿Qué dice? —preguntó Min-jun.

Seo-yeon leyó:

—“En caso de divorcio voluntario, Seo-yeon renuncia a cualquier derecho derivado del fideicomiso matrimonial.”

Min-jun quedó confundido.

—¿Qué fideicomiso?

Seo-yeon levantó la mirada.

—Yo tampoco lo sé.

El gerente intervino.

—Presidenta…

—¿Sí?

—Hay un abogado abajo preguntando por usted.

—¿Nombre?

—Park Dong-hyun.

Seo-yeon se congeló.

Min-jun la miró.

—¿Lo conoces?

—Era el abogado de mi padre.

Silencio.

—Mi padre murió hace ocho años.

Min-jun frunció el ceño.

—Hazlo subir.

Minutos después, un anciano elegante entró.

Miró el acuerdo.

Su rostro cambió inmediatamente.

—¿Quién le dio esto?

Seo-yeon señaló a Ji-ah.

—¿Por qué?

El abogado tomó el documento.

—Porque esta cláusula no debería existir fuera de mi oficina.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—¿Qué fideicomiso es ese?

El abogado respiró profundamente.

—El que su padre creó antes de morir.

—Nunca me habló de él.

—Porque solo se activaría cuando usted se casara.

Min-jun preguntó:

—¿Qué contiene?

El abogado miró a Seo-yeon.

—El 51 % de las acciones del Grupo Seo.

Silencio absoluto.

Ji-ah abrió los ojos.

Min-jun miró a su esposa.

—¿Controlas la compañía?

—Parece que ni siquiera yo lo sabía.

El abogado negó.

—Todavía no.

—¿Por qué?

—Existe una condición.

—¿Cuál?

—Debe permanecer casada durante cinco años.

Min-jun quedó inmóvil.

Seo-yeon preguntó:

—¿Cuánto falta?

El abogado miró su reloj.

—Tres días.

Silencio.

Seo-yeon comprendió.

—Por eso querían que firmara el divorcio ahora.

—Exactamente.

Min-jun golpeó la mesa.

—¿Quién sabía del fideicomiso?

El abogado respondió:

—Solo cuatro personas.

—¿Quiénes?

—Su padre, yo…

Se detuvo.

—¿Y?

—La madre de Seo-yeon.

Seo-yeon palideció.

—Mi madre murió.

—Y una cuarta persona.

—¿Quién?

El abogado miró a Min-jun.

—Su madre.

Min-jun quedó congelado.

—¿MI MADRE?

Seo-yeon lo miró.

—¿Por qué tu madre conocería el testamento de mi padre?

El abogado no respondió.

De repente, el ascensor se abrió.

Una mujer elegante salió.

Min-jun quedó inmóvil.

—Mamá…

La madre caminó hacia ellos.

Vio a Ji-ah.

Después vio el anillo.

Su expresión cambió.

—¡Idiota! Te dije que no usaras esa joya aquí.

Silencio absoluto.

Ji-ah retrocedió.

—Usted dijo que nadie descubriría nada.

Min-jun miró a su madre horrorizado.

—¿Tú organizaste esto?

—Hijo, puedo explicarlo.

—¿PAGASTE A ESA MUJER PARA DESTRUIR MI MATRIMONIO?

—¡Era necesario!

Seo-yeon se acercó.

—¿Para quedarse con mis acciones?

La mujer sonrió fríamente.

—Esas acciones nunca debieron pertenecerte.

El abogado intervino.

—Cuidado con lo que dice.

—¡Usted cállese!

Seo-yeon preguntó:

—¿Por qué no deberían pertenecerme?

La madre de Min-jun miró el anillo.

—Porque tu padre construyó ese imperio con dinero que no era suyo.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—¿De quién?

La mujer miró a su hijo.

—De nuestra familia.

Min-jun negó.

—¿Qué estás diciendo?

—Tu abuelo financió al padre de Seo-yeon.

El abogado respondió:

—Eso es falso.

—¿Seguro?

La mujer sacó una fotografía antigua.

Seo-yeon la tomó.

Aparecían su padre y el padre de Min-jun juntos.

—¿Nuestros padres se conocían?

Min-jun preguntó:

—¿Desde cuándo?

La madre respondió:

—Desde antes de que ustedes nacieran.

Seo-yeon miró al abogado.

—¿Es verdad?

El anciano bajó la mirada.

—Sí.

—¿Por qué nunca me lo dijeron?

—Porque terminaron siendo enemigos.

—¿Por dinero?

—No.

—Entonces ¿por qué?

El abogado miró a la madre de Min-jun.

—Por una mujer.

Silencio.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Qué mujer?

La madre de Min-jun respondió:

—Tu madre.

Seo-yeon quedó paralizada.

—¿Mi mamá?

—Los dos estaban enamorados de ella.

Min-jun retrocedió.

—Espera…

Miró a su madre.

—¿Papá estaba enamorado de la madre de Seo-yeon?

—Sí.

—¿Y tú lo sabías?

La mujer apretó los dientes.

—Lo descubrí después de casarnos.

Seo-yeon preguntó:

—¿Qué tiene eso que ver con mis acciones?

La mujer respondió:

—Todo.

Sacó otro documento.

—Porque antes de morir, tu madre dejó una carta.

El abogado perdió el color.

—¿Cómo consiguió eso?

Seo-yeon giró hacia él.

—¿Usted conocía esa carta?

—Sí.

—¿Qué dice?

La madre de Min-jun sonrió.

—Que el hombre que todos creen que era tu padre…

Silencio.

—quizá no lo era.

Seo-yeon quedó congelada.

Min-jun dejó de respirar.

—Mamá, ¿qué estás insinuando?

—Que antes de casarse con el señor Seo, su madre estuvo con tu padre.

Seo-yeon retrocedió.

—No.

—Y quedó embarazada.

Min-jun palideció.

—¿Estás diciendo que Seo-yeon podría ser…?

—Tu hermana.

Silencio absoluto.

Seo-yeon miró a Min-jun horrorizada.

El abogado golpeó la mesa.

—¡ESO NO ES VERDAD!

Todos giraron.

Seo-yeon se acercó.

—¿Cómo puede estar tan seguro?

El abogado permaneció callado.

—¡RESPONDA!

Finalmente sacó un sobre sellado de su maletín.

—Porque su padre sospechó lo mismo.

Seo-yeon comenzó a temblar.

—¿Y?

—Ordenó una prueba genética antes de morir.

Min-jun preguntó:

—¿Cuál fue el resultado?

El abogado miró a Seo-yeon.

—Su esposo no es su hermano.

Ambos respiraron.

Pero el abogado no guardó el documento.

Seo-yeon lo notó.

—Todavía falta algo.

El anciano cerró los ojos.

—Sí.

—¿Qué?

—La prueba confirmó quién era realmente su padre biológico.

Silencio.

Seo-yeon preguntó:

—¿Quién?

Antes de responder, el ascensor volvió a abrirse.

Un hombre mayor salió acompañado por dos ejecutivos.

Min-jun quedó helado.

—Papá…

Seo-yeon miró al hombre.

Después al abogado.

—No…

El padre de Min-jun caminó directamente hacia ella.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Perdóname, Seo-yeon.

Min-jun se interpuso.

—¿Por qué le estás pidiendo perdón a mi esposa?

El hombre no respondió.

Seo-yeon apretó el resultado genético.

—¿Usted es mi padre?

Silencio absoluto.

El hombre negó lentamente.

—No.

Todos quedaron confundidos.

Entonces señaló el documento.

—Pero sé quién lo es.

Seo-yeon preguntó:

—¿Quién?

El hombre miró hacia el abogado.

—Él.

El abogado dejó caer su maletín.

Seo-yeon quedó completamente paralizada.

La noche había comenzado con una mujer presumiendo:

“¡TU MARIDO TE CAMBIÓ POR MÍ!”

Ahora habían descubierto que la supuesta amante había sido contratada, el anillo había sido robado y alguien quería provocar un divorcio apenas tres días antes de que Seo-yeon recibiera el control de una fortuna.

Pero la verdadera bomba acababa de explotar:

el abogado que había protegido durante años los secretos de su familia podía ser su verdadero padre.

CONTINUARÁ.

By yhq9q

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *