🔥 PARTE 2 — «¡TU MADRE COMERÁ EN LA COCINA!»

—Y esta noche sabrán por qué.

La suegra soltó una carcajada.

—¿Usted compró esta mansión?

Miró la ropa sencilla de la mujer.

—¡Ni vendiendo todo lo que lleva puesto podría pagar una habitación!

La madre humilde, señora Han, permaneció tranquila.

—Por eso nunca conviene juzgar a alguien por su ropa.

El esposo, Min-jun, tomó las escrituras.

—Mamá…

Miró a su propia madre.

—Esta propiedad realmente está a nombre de ella.

La suegra le arrebató los documentos.

—¡IMPOSIBLE!

La nuera, Seo-yeon, miró a su madre.

—Mamá… ¿de dónde salió esta casa?

—La compré hace seis años.

Seo-yeon quedó sorprendida.

—¿Seis años?

Min-jun palideció.

—Nosotros vivimos aquí desde hace cinco.

La señora Han asintió.

—Exactamente.

La suegra golpeó la mesa.

—¡MI HIJO PAGA LA HIPOTECA!

—No existe ninguna hipoteca.

Silencio.

—La propiedad fue pagada en efectivo.

Min-jun miró a su esposa.

—Seo-yeon… ¿tú sabías esto?

—¡No!

La madre tomó nuevamente las escrituras.

—Mi hija nunca supo que esta casa era mía.

La suegra se levantó.

—Entonces ¿por qué permitió que viviéramos aquí?

La señora Han miró directamente a Min-jun.

—Porque él me lo pidió.

Seo-yeon giró lentamente hacia su esposo.

—¿Qué?

Min-jun quedó inmóvil.

—Puedo explicarlo.

—¿TÚ CONOCÍAS A MI MADRE?

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde antes de nuestra boda.

Seo-yeon retrocedió.

—Me dijiste que la conociste el día de la ceremonia.

—Mentí.

¡PLAF!

Seo-yeon le dio una bofetada.

—¡¿QUÉ MÁS ME OCULTASTE?!

La suegra intervino.

—¡NO TOQUES A MI HIJO!

La señora Han golpeó la mesa.

—¡Siéntese!

Todos quedaron inmóviles.

La suegra la miró indignada.

—¿Quién se cree que es?

La madre respondió:

—La mujer que lleva cinco años pagando las deudas de su hijo.

Silencio absoluto.

Seo-yeon miró a Min-jun.

—¿Qué deudas?

Él bajó la cabeza.

—Min-jun…

—Perdóname.

—¿CUÁNTO?

La señora Han respondió:

—Dos millones.

Seo-yeon quedó paralizada.

—¿Dos millones de dólares?

—Sí.

La suegra negó.

—¡Mi hijo jamás necesitaría su dinero!

La señora Han sacó una carpeta.

—Transferencia número uno.

La dejó sobre la mesa.

—Cuatrocientos mil.

Otra.

—Seiscientos mil.

Otra.

—Un millón.

Seo-yeon miró a su esposo.

—¿Para qué necesitabas ese dinero?

Min-jun permaneció callado.

—¡RESPÓNDEME!

—Para salvar la empresa.

La suegra intervino.

—¡Nuestra empresa vale cientos de millones!

La señora Han negó.

—Valía.

La mujer quedó inmóvil.

—¿Qué quiere decir?

—Que hace seis años estaba prácticamente quebrada.

La suegra miró a su hijo.

—¿Es verdad?

Min-jun asintió.

—Sí.

—¿Y ella te prestó el dinero?

—No.

—¿Entonces?

La señora Han respondió:

—Compré la deuda.

Silencio.

La suegra frunció el ceño.

—¿Qué deuda?

—Toda la deuda de su compañía.

La copa de la suegra tembló entre sus dedos.

—Eso significa que…

—Que su familia lleva años viviendo gracias a la mujer que acaba de mandar a comer con el servicio.

Silencio absoluto.

Seo-yeon miró a su madre.

—¿Por qué nunca me contaste nada?

—Porque Min-jun me hizo una promesa.

Seo-yeon giró.

—¿Qué promesa?

Su esposo cerró los ojos.

La señora Han respondió:

—Que jamás permitiría que su familia te humillara por ser mi hija.

Seo-yeon soltó una risa amarga.

—Pues cumpliste perfectamente.

Min-jun bajó la mirada.

—Lo siento.

La suegra señaló a la madre.

—¡Ella hizo todo esto para controlar a mi hijo!

—No.

La señora Han sacó otro documento.

—Lo hice por mi hija.

—¡Mentira!

—Y porque esta compañía me debía algo desde hace veinte años.

Min-jun levantó la mirada.

—¿Qué?

La suegra perdió la sonrisa.

La señora Han lo notó.

—Su madre sabe de qué hablo.

Seo-yeon miró a su suegra.

—¿Qué pasó hace veinte años?

—¡Nada!

La madre humilde abrió su bolso.

Sacó una fotografía antigua.

En ella aparecía mucho más joven frente al primer edificio de la compañía.

Min-jun tomó la foto.

—¿Por qué estás frente a nuestra antigua sede?

La señora Han respondió:

—Porque antes de que esa compañía perteneciera a tu familia…

Se detuvo.

—era mía.

Silencio absoluto.

La suegra golpeó la mesa.

—¡MENTIROSA!

La señora Han colocó un contrato junto a las escrituras.

—Yo fundé esa empresa.

Min-jun comenzó a leer.

Su rostro cambió.

—Han Industries…

Miró a la mujer.

—¿Usted es Han Soo-jin?

La suegra palideció.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Quién es Han Soo-jin?

Min-jun respondió:

—La fundadora original de nuestra compañía.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—Mamá…

La señora Han asintió.

—Ese era mi nombre antes de desaparecer del mundo empresarial.

—¿Por qué desapareciste?

La madre miró a la suegra.

—Porque alguien falsificó mi firma y tomó el control de mi empresa.

Todos giraron hacia ella.

—¡NO ME MIRES!

Seo-yeon se levantó.

—¿Usted le robó la empresa a mi madre?

—¡Yo ni siquiera la conocía!

La señora Han sonrió fríamente.

—¿Segura?

Sacó otra fotografía.

En ella aparecían ambas mujeres veinte años atrás.

La suegra dejó caer su copa.

¡CRASH!

Min-jun miró a su madre.

—Dijiste que no la conocías.

—Hijo…

—¡ESTÁS EN LA FOTO CON ELLA!

La señora Han señaló a un hombre situado entre ambas.

Seo-yeon preguntó:

—¿Quién es él?

La suegra gritó:

—¡GUARDA ESA FOTO!

La madre no se movió.

—Pregúntele.

Min-jun tomó la fotografía.

Su expresión cambió.

—Es mi padre.

Seo-yeon miró a su madre.

—¿Tú conocías al padre de Min-jun?

La señora Han permaneció callada.

La suegra se levantó furiosa.

—¡NO DIGAS NADA!

La madre la miró fijamente.

—Después de lo que acabas de hacerle a mi hija, ya no protegeré tu secreto.

Silencio.

Min-jun preguntó:

—¿Qué secreto?

La señora Han respondió:

—Tu padre y yo fundamos la empresa juntos.

—¿Eran socios?

—Éramos algo más.

La suegra palideció.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—¿Qué significa eso?

La madre respiró profundamente.

—Íbamos a casarnos.

Silencio absoluto.

Min-jun miró a su madre.

—¿Papá estuvo comprometido con ella?

La suegra golpeó la mesa.

—¡ÉL ME ELIGIÓ A MÍ!

La señora Han respondió:

—Después de que desaparecí.

—¡Tú lo abandonaste!

—No.

La madre sacó una carta antigua.

—Alguien me obligó a marcharme.

Seo-yeon tomó la carta.

—“Si vuelves a acercarte a él, tu hija pagará las consecuencias”.

Sus manos comenzaron a temblar.

—¿Yo ya había nacido?

La señora Han asintió.

—Tenías seis meses.

Min-jun miró a su madre.

—¿Tú escribiste esto?

—¡NO!

La señora Han respondió:

—No fue ella.

La suegra respiró aliviada.

Pero la madre continuó:

—Fue su esposo.

Silencio.

Min-jun quedó paralizado.

—¿Mi padre te amenazó?

—Sí.

—¿Por qué amenazaría a la mujer con quien quería casarse?

La señora Han cerró los ojos.

—Porque descubrió quién era realmente el padre de Seo-yeon.

La nuera dejó caer la carta.

—¿Qué?

Min-jun miró a su esposa.

—¿Qué está diciendo?

Seo-yeon se acercó a su madre.

—Papá murió cuando yo era pequeña.

La señora Han negó lentamente.

—El hombre que tú llamabas papá te crió y te amó.

—Pero…

—No era tu padre biológico.

Silencio absoluto.

Seo-yeon retrocedió.

—Entonces ¿quién lo era?

La suegra gritó:

—¡NO SE LO DIGAS!

Todos giraron hacia ella.

Seo-yeon palideció.

—Usted lo sabe.

La mujer no respondió.

—¿QUIÉN ES MI PADRE?

La señora Han miró hacia la fotografía.

Seo-yeon siguió su mirada.

Allí estaba el padre fallecido de Min-jun.

Min-jun comprendió inmediatamente.

—No…

Seo-yeon negó desesperadamente.

—Mamá… no.

La señora Han habló:

—Él era tu padre biológico.

Silencio absoluto.

Min-jun dejó caer la fotografía.

—Entonces Seo-yeon y yo…

—¡NO! —gritó la señora Han.

Todos quedaron inmóviles.

—Min-jun no es hijo biológico de ese hombre.

La suegra perdió completamente el color.

Min-jun giró lentamente hacia su madre.

—¿Qué acaba de decir?

—Hijo…

—¿Papá no era mi padre?

La señora Han señaló a la suegra.

—Ahora le toca a ella contar su secreto.

Min-jun se acercó.

—Mamá…

La mujer comenzó a llorar.

—Perdóname.

—¿QUIÉN ES MI PADRE?

Antes de que respondiera, alguien golpeó la puerta principal.

Un empleado entró.

—Señora Han, llegó el invitado que esperaba.

Seo-yeon miró a su madre.

—¿Invitado?

—Sí.

Las puertas se abrieron.

Un hombre elegante de unos sesenta años entró.

La suegra se quedó completamente blanca.

Min-jun lo reconoció.

—¿Presidente Kang?

El hombre miró directamente a la suegra.

—Han pasado treinta años.

Min-jun frunció el ceño.

—¿Ustedes se conocen?

El hombre respondió:

—Demasiado bien.

La suegra retrocedió.

Min-jun lo miró fijamente.

—¿Por qué está aquí?

El presidente Kang sacó una fotografía de su cartera.

Era una fotografía de él cargando a un bebé.

Min-jun tomó la imagen.

En la parte trasera estaba escrito su nombre.

MIN-JUN.

Sus manos comenzaron a temblar.

—¿Por qué tiene una foto mía de bebé?

El hombre levantó lentamente la mirada.

—Porque tu madre me dijo que habías muerto al nacer.

Silencio absoluto.

Min-jun miró a su madre.

—¿Qué?

Ella comenzó a llorar.

El presidente Kang dio un paso hacia él.

—Y hace dos semanas descubrí que sigues vivo.

Min-jun apenas pudo hablar.

—¿Quién es usted?

El hombre respondió:

—La persona que lleva treinta años esperando hacerte esa misma pregunta.

La cena había comenzado con la madre de Seo-yeon siendo enviada a comer a la cocina por “pobre”.

Ahora todos sabían que ella había comprado la mansión, había salvado la empresa y era su fundadora original.

Pero acababa de abrirse un secreto todavía mayor:

Seo-yeon y Min-jun habían crecido con padres que no eran sus padres biológicos, y el hombre que acababa de entrar podía ser la pieza que explicara por qué ambas familias llevaban treinta años viviendo una mentira.

CONTINUARÁ.

By yhq9q

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