🔥 PARTE 2 — «¡AQUÍ NO QUEREMOS POBRES!»

—Ese no era mi único regalo.

La suegra dejó de reír.

—¿Qué otro regalo podría comprar usted?

La madre humilde, señora Han, acomodó lentamente su ropa.

—Uno que su hijo lleva meses intentando conseguir.

El novio, Min-jun, frunció el ceño.

—¿Qué quiere decir?

La madre miró al organizador.

—Entréguele la carpeta.

El organizador colocó una elegante carpeta frente al novio.

Min-jun la abrió.

Su rostro cambió.

—¿Acciones?

La novia, Seo-yeon, se acercó.

—Mamá… ¿qué hiciste?

—Lo que debí hacer hace mucho.

La suegra arrebató los documentos.

—¡¿Treinta por ciento del Grupo Mirae?!

Miró a la mujer humilde de arriba abajo.

—¿De dónde sacó esto?

La madre sonrió.

—Eran mías.

Silencio absoluto.

Min-jun levantó la mirada.

—¿Usted era accionista de Mirae?

—Fundadora.

La suegra soltó una carcajada.

—¡MENTIRA! El fundador de Mirae fue mi esposo.

La madre la miró fijamente.

—Su esposo apareció cuando la empresa ya existía.

La sonrisa desapareció.

—¿Qué está insinuando?

La madre sacó una fotografía antigua.

En ella aparecía mucho más joven frente a una pequeña oficina.

Detrás podía leerse:

MIRAE — 1998.

Min-jun tomó la fotografía.

—Mamá…

Miró a su propia madre.

—Papá siempre dijo que fundó Mirae en 2002.

La señora Han respondió:

—Porque en 2002 me obligaron a desaparecer de los documentos.

La suegra palideció.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—¿Quién?

Su madre miró directamente a la suegra.

—Ella sabe perfectamente quién.

—¡NO SÉ DE QUÉ HABLA!

La señora Han abrió su bolso.

—Entonces quizá reconozca esto.

Sacó un contrato antiguo.

La suegra intentó arrebatárselo.

Seo-yeon le detuvo la mano.

—¡No vuelva a tocar a mi madre!

Min-jun tomó el contrato.

—¿Transferencia de acciones?

Continuó leyendo.

—Treinta por ciento…

Su expresión cambió.

—¿Por un dólar?

Seo-yeon miró a su madre.

—¿Vendiste tu empresa por un dólar?

—No.

La señora Han señaló la firma.

—Esa no es mi firma.

Silencio.

Min-jun miró a su madre.

—¿Papá falsificó esto?

—¡Tu padre jamás haría algo así!

La señora Han respondió:

—Tiene razón.

Todos giraron.

—Él no falsificó mi firma.

La suegra perdió completamente el color.

Min-jun comprendió.

—Mamá…

—¡No!

—¿Fuiste tú?

La suegra golpeó la mesa.

—¡ESA EMPRESA ESTABA QUEBRADA!

La madre sonrió amargamente.

—Así que sí recuerda.

Silencio absoluto.

Min-jun retrocedió.

—¿Le robaste sus acciones?

—¡Salvé a nuestra familia!

Seo-yeon explotó:

—¡Destruyendo la mía!

La suegra señaló a la madre.

—¡Ella desapareció! ¡Nunca reclamó nada!

La señora Han bajó la mirada.

—Porque estaba embarazada.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—¿De mí?

—Sí.

—¿Por eso te fuiste?

Su madre tardó en responder.

—En parte.

Min-jun preguntó:

—¿Qué significa “en parte”?

La madre miró a la suegra.

—Alguien me ofreció dinero para abandonar Seúl y no regresar.

Seo-yeon miró a la mujer.

—¿Usted?

—¡NO!

La señora Han sacó una carta.

—Todavía la tengo.

Min-jun la tomó.

—“Si quieres proteger a tu hija, desaparece.”

Seo-yeon palideció.

—¿Te amenazaron conmigo?

Su madre asintió.

—Por eso jamás te conté quién era.

La suegra comenzó a retroceder.

Min-jun la vio.

—¿Por qué intentas irte?

—¡Esta boda terminó!

—No.

Seo-yeon se quitó lentamente el velo.

—Ahora quiero escuchar todo.

La madre continuó:

—Durante veinticinco años viví lejos de esta familia.

—¿Y por qué regresaste ahora?

—Porque mi hija decidió casarse con su hijo.

Silencio.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Conocías a Min-jun?

—No personalmente.

—Entonces ¿qué problema había?

La madre miró al novio.

—Su apellido.

Min-jun quedó confundido.

—¿Mi apellido?

—Cuando Seo-yeon me dijo con quién iba a casarse, investigué.

La suegra gritó:

—¡BASTA!

La señora Han continuó:

—Y descubrí que la empresa que me robaron terminaría algún día en manos de mi propia hija.

Seo-yeon quedó helada.

—¿Por eso compraste este salón?

—No.

Su madre la miró con ternura.

—Compré este salón porque quería regalarte el lugar donde comenzaría tu nueva familia.

Seo-yeon comenzó a llorar.

—Mamá…

La suegra soltó una risa amarga.

—¡Qué conmovedor!

La señora Han la miró.

—Todavía falta su regalo.

Min-jun frunció el ceño.

—¿Mi regalo?

La mujer sacó otro sobre.

—Sí.

Se lo entregó.

Min-jun lo abrió.

—¿Qué es esto?

—La escritura de una propiedad.

—¿Cuál?

El organizador respondió:

—La torre corporativa de Mirae.

La suegra golpeó la mesa.

—¡IMPOSIBLE! ¡ESE EDIFICIO ES NUESTRO!

La madre negó.

—Era de mi familia.

Min-jun revisó los documentos.

—Está a nombre de Seo-yeon.

La novia quedó inmóvil.

—¿Mío?

—Desde esta mañana.

La suegra se lanzó hacia la carpeta.

—¡DAME ESO!

Min-jun apartó los documentos.

—¡Mamá, basta!

—¡NO ENTIENDES! ¡ESA TORRE ES TODO LO QUE TENEMOS!

La madre la miró.

—No exactamente.

La suegra se congeló.

—¿Qué quiere decir?

—Esta mañana también compré la deuda de Mirae.

Min-jun palideció.

—¿Nuestra deuda bancaria?

—Toda.

Silencio absoluto.

La suegra se dejó caer en una silla.

Seo-yeon miró a su madre.

—¿Cuánto dinero tienes?

La señora Han sonrió.

—Esa nunca fue la pregunta correcta.

—¿Entonces cuál?

—Por qué pasé veinticinco años fingiendo no tenerlo.

La suegra levantó lentamente la mirada.

—No…

La madre sacó una última fotografía.

Seo-yeon la tomó.

Aparecía su madre junto a un anciano extremadamente elegante.

—¿Quién es él?

Min-jun reconoció el rostro.

—Espera…

Miró nuevamente.

—Ese es el presidente Han.

La suegra palideció.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Quién?

Min-jun respondió:

—El fundador del Grupo Haneul.

Una de las mayores corporaciones del país.

Seo-yeon miró a su madre.

—¿Por qué estás con él?

La señora Han permaneció en silencio.

—Mamá…

El organizador bajó respetuosamente la cabeza ante ella.

—Presidenta Han, ¿quiere que se lo explique?

Seo-yeon dejó de respirar.

—¿Presidenta?

Su madre suspiró.

—Haneul era la empresa de mi padre.

—¿Mi abuelo?

—Sí.

La suegra comenzó a temblar.

—Entonces tú eres…

—La hija mayor de Han Joon-ho.

Silencio absoluto.

Min-jun miró a su madre con incredulidad.

—Acabas de llamar pobre a la heredera de Haneul.

La suegra no pudo responder.

Seo-yeon miró a su madre.

—¿Por qué me ocultaste todo esto?

—Porque quería que crecieras lejos de esta guerra.

—¿Qué guerra?

La expresión de su madre cambió.

—La que comenzó cuando intentaron quitarme Mirae.

Min-jun frunció el ceño.

—¿Quiénes?

La señora Han miró a la suegra.

—Su familia.

La suegra golpeó la mesa.

—¡MI ESPOSO ESTÁ MUERTO! ¡NO PUEDES ACUSARLO!

La madre respondió:

—No estoy acusándolo a él.

Silencio.

Seo-yeon sintió un escalofrío.

—Entonces ¿a quién?

La señora Han sacó la carta con la amenaza.

—Esta carta no la escribió el padre de Min-jun.

Min-jun miró a su madre.

—¿Quién la escribió?

La señora Han colocó la carta frente a la suegra.

—Pregúntaselo a ella.

La mujer palideció.

—No puedes demostrarlo.

—Ahora sí.

La madre sacó su teléfono.

—Encontramos el archivo original esta mañana.

La suegra comenzó a caminar hacia la salida.

Min-jun bloqueó su camino.

—¿Amenazaste a la madre de mi prometida?

—¡Lo hice para protegerte!

—¡YO NI SIQUIERA HABÍA NACIDO!

Silencio absoluto.

Seo-yeon miró inmediatamente a su madre.

Min-jun también comprendió.

La señora Han cerró los ojos.

—Exactamente.

Min-jun retrocedió.

—Si yo todavía no había nacido…

Miró a su madre.

—¿De quién intentabas protegerme?

La suegra no respondió.

La señora Han habló:

—De nadie.

Miró a Seo-yeon.

—Ella no quería proteger a Min-jun.

—¿Entonces?

—Quería impedir que yo descubriera quién era realmente el hombre con el que estaba comprometida en aquel entonces.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Tú estabas comprometida?

—Sí.

—¿Con quién?

La madre miró a Min-jun.

Después a su madre.

—Con el hombre que años después ella presentó ante todos como su esposo.

Silencio absoluto.

Min-jun dejó caer los documentos.

—¿Mi padre?

La suegra cerró los ojos.

Seo-yeon quedó paralizada.

Su madre había llegado a aquella boda vestida humildemente y había sido expulsada por “pobre”.

Pero ahora todos acababan de descubrir que había fundado parte de la empresa familiar, controlaba su deuda y pertenecía a una de las familias empresariales más poderosas.

Y quedaba un secreto mucho más peligroso:

¿por qué el padre del novio había abandonado a la madre de la novia para terminar casándose con la mujer que acababa de humillarla?

By yhq9q

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