🔥 PARTE 2 — «¡ESTA BODA SE TERMINÓ!»

—Mamá… ¿qué hiciste?

Min-jun levantó el cheque.

UN MILLÓN DE DÓLARES.

Todo el salón quedó en silencio.

La señora Kang intentó arrebatárselo.

—¡Dámelo!

Min-jun apartó la mano.

—¿Le ofreciste un millón para dejarme?

—¡Lo hice por ti!

Seo-yeon soltó una risa amarga.

—No le cuentes solo la mitad.

Min-jun giró.

—¿Hay más?

Seo-yeon sacó su teléfono.

La suegra palideció.

—¡NO!

Seo-yeon pulsó reproducir.

La voz de la señora Kang llenó el salón:

“Toma el dinero, desaparece y dile a Min-jun que nunca lo amaste.”

Los invitados comenzaron a murmurar.

Min-jun miró a su madre.

—¿Cuándo hiciste esto?

—Hace tres días.

—¡MAMÁ!

—¡ESA MUJER NO TE CONVIENE!

Seo-yeon apretó los puños.

—Dígale la verdadera razón.

La suegra guardó silencio.

Min-jun preguntó:

—¿Qué razón?

Seo-yeon abrió otra grabación.

La mujer corrió hacia ella.

—¡BORRA ESO!

Min-jun se interpuso.

—No vuelvas a tocarla.

Su madre quedó paralizada.

Era la primera vez que su hijo se enfrentaba a ella.

—Reprodúcelo —dijo Min-jun.

Seo-yeon obedeció.

Otra voz salió del teléfono.

Esta vez era un hombre.

“Si Seo-yeon se casa con Min-jun, tarde o temprano descubrirá quién era realmente su padre.”

Seo-yeon detuvo el audio.

Min-jun frunció el ceño.

—¿Quién está hablando?

—Tu padre.

El novio quedó inmóvil.

Miró hacia la primera fila.

Su padre seguía sentado.

El señor Kang dejó lentamente su copa.

—Esto no debería estar ocurriendo aquí.

Min-jun caminó hacia él.

—¿Qué sabes del padre de Seo-yeon?

—Nada que te importe.

—¡ES MI ESPOSA!

—Todavía no —interrumpió la suegra.

Todos giraron.

La ceremonia no había terminado.

Seo-yeon la miró.

—Exactamente.

Se quitó lentamente el anillo de compromiso.

Min-jun palideció.

—Seo-yeon…

—Antes de casarme contigo quiero escuchar la verdad.

El señor Kang se levantó.

—No tienes derecho a interrogarnos.

Seo-yeon sonrió.

—Entonces quizá debería hacerlo mi abogado.

Silencio.

—¿Tu abogado? —preguntó Min-jun.

Las puertas del salón se abrieron.

Entró un hombre con una carpeta.

Se acercó directamente a Seo-yeon.

—Señorita Han.

Le entregó los documentos.

—Encontramos el contrato original.

El señor Kang perdió el color.

—¿Qué contrato?

El abogado lo miró.

—Usted sabe perfectamente cuál.

La suegra comenzó a retroceder.

Seo-yeon abrió la carpeta.

Había una fotografía antigua.

Su padre aparecía junto al señor Kang.

—¿Ustedes eran socios?

El señor Kang no respondió.

El abogado sí.

—No exactamente.

Seo-yeon levantó la mirada.

—¿Entonces?

—Su padre fundó la compañía que hoy conocemos como Kang Group.

Silencio absoluto.

Min-jun quedó congelado.

—Eso es imposible.

El abogado colocó otro documento sobre la mesa.

—Aquí está el acta original.

Seo-yeon comenzó a leer.

Su padre tenía el 60 % de las acciones.

—¿Qué pasó con su participación?

El abogado miró al señor Kang.

—Fue transferida.

—¿A quién?

—A él.

Seo-yeon levantó lentamente la mirada hacia su futuro suegro.

—¿Mi padre le vendió sus acciones?

—No.

—Entonces ¿cómo las obtuvo?

El abogado respondió:

—Con una firma falsificada.

El salón explotó en murmullos.

Min-jun miró a su padre.

—Dime que es mentira.

Nada.

—¡PAPÁ!

El señor Kang golpeó la mesa.

—¡YO SALVÉ ESA EMPRESA!

Seo-yeon se acercó.

—No le pregunté eso.

—Tu padre iba a destruirlo todo.

—¿Así que falsificó su firma?

Silencio.

La suegra intervino:

—¡Lo hicimos para proteger nuestra familia!

Seo-yeon giró.

—¿“Lo hicimos”?

La mujer comprendió su error.

Min-jun la miró horrorizado.

—¿Tú también participaste?

La señora Kang comenzó a llorar.

—Tu padre me obligó.

—¿Y por eso intentaste comprar a Seo-yeon?

—¡SI ELLA SE CASABA CONTIGO PODÍA DESCUBRIRLO TODO!

Silencio absoluto.

Seo-yeon sintió que las piezas finalmente encajaban.

—Nunca me odió porque fuera pobre.

La mujer bajó la mirada.

—Me tenía miedo.

Nada.

—Porque sabía quién era mi padre.

Seo-yeon miró el cheque tirado en el suelo.

—Me ofreció un millón para alejarme de una fortuna que pertenecía a mi propia familia.

El abogado intervino:

—Hay algo más.

Todos giraron.

—La transferencia de las acciones tiene un problema.

El señor Kang palideció.

—Cállese.

—¿Qué problema? —preguntó Seo-yeon.

El abogado respondió:

—Su padre detectó la falsificación antes de desaparecer.

—¿Desaparecer?

Seo-yeon frunció el ceño.

—Mi padre murió.

El abogado negó.

—Nunca encontramos un certificado de defunción auténtico.

Seo-yeon dejó de respirar.

—¿Qué está diciendo?

La señora Kang cerró los ojos.

Min-jun miró a su madre.

—Mamá…

—No.

—¿El padre de Seo-yeon está vivo?

La mujer comenzó a llorar.

—Sí.

Seo-yeon retrocedió.

—No…

—Sí.

—¡YO LO ENTERRÉ!

El señor Kang respondió:

—Enterraste un ataúd que nunca viste abierto.

Seo-yeon se quedó paralizada.

—¿Dónde está mi padre?

Nadie respondió.

—¡¿DÓNDE ESTÁ?!

De repente…

CLAP. CLAP. CLAP.

Alguien comenzó a aplaudir desde el fondo del salón.

Todos giraron.

Un hombre mayor vestido elegantemente caminaba entre los invitados.

Seo-yeon dejó caer la carpeta.

—Papá…

El hombre se detuvo frente a ella.

—Perdóname, hija.

Seo-yeon comenzó a llorar.

—¿Por qué?

—Porque necesitaba que los Kang creyeran que había muerto.

El señor Kang retrocedió.

—No deberías haber venido.

El padre de Seo-yeon sonrió.

—¿Y perderme la boda de mi hija?

Miró el altar.

—Aunque parece que llegué justo a tiempo.

Min-jun se acercó.

—Señor Han, yo no sabía nada.

—Lo sé.

Luego miró a la señora Kang.

—Pero ella sí.

La mujer comenzó a temblar.

—Han Jae-sung…

—Hace veinte años me quitaron mi empresa.

Sacó unos documentos.

—Hoy vine a recuperarla.

El señor Kang palideció.

—No puedes.

—Ya lo hice.

Silencio.

—Esta mañana un tribunal anuló la transferencia fraudulenta.

Seo-yeon lo miró.

—¿Qué significa eso?

Su padre sonrió.

—Que las acciones volvieron a su legítima propietaria.

—¿A ti?

—No.

Sacó un certificado.

Se lo entregó.

—A ti.

Seo-yeon leyó su nombre.

Sus manos comenzaron a temblar.

Min-jun miró por encima de su hombro.

—¿Sesenta por ciento?

El padre asintió.

—Seo-yeon controla Kang Group.

La señora Kang tuvo que sentarse.

Minutos antes había arrancado el velo de aquella mujer y había intentado expulsarla de la boda.

Ahora Seo-yeon era la accionista mayoritaria de la empresa que sostenía toda su fortuna.

La novia recogió lentamente su velo del suelo.

Min-jun se acercó.

—Seo-yeon…

—No.

—Yo no participé en esto.

—Lo sé.

—Entonces podemos casarnos.

Seo-yeon miró el altar.

Después miró a sus futuros suegros.

Finalmente, miró a Min-jun.

—Antes necesito saber algo.

—Lo que quieras.

—Cuando tu madre me golpeó…

Silencio.

—¿corriste hacia mí porque me amas o porque viste ese cheque?

Min-jun quedó sin palabras.

Seo-yeon asintió lentamente.

—Eso pensé.

Tomó el micrófono.

Todos los invitados guardaron silencio.

—La señora Kang tenía razón en una cosa.

Miró directamente a su suegra.

—Esta boda se terminó.

Min-jun palideció.

Seo-yeon dejó el ramo sobre el altar.

—Pero no porque usted lo ordenara.

Se quitó el anillo.

—Porque hoy descubrí que antes de convertirme en esposa de alguien…

Miró a toda la familia Kang.

—tenía que recuperar quién era yo.

Y mientras Seo-yeon abandonaba el salón junto a su padre, nadie intentó detenerla.

Porque la mujer a la que habían querido comprar con un millón de dólares acababa de recuperar una compañía valorada en cientos de millones.

Y para la familia Kang…

la verdadera caída apenas comenzaba.

By yhq9q

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