🔥 PARTE 2 — «¡LAS APROVECHADAS COMEN EN LA COCINA!»

—Mañana entenderás lo que acabas de perder.

Seo-yeon arrojó el anillo sobre la mesa.

Min-jun se tocó la mejilla, todavía sorprendido por la bofetada.

—¿Me acabas de golpear?

—Sí.

La señora Kang se levantó furiosa.

—¡LÁRGATE DE MI CASA!

Seo-yeon miró la comida que la mujer había tirado al suelo.

Luego sonrió.

—Con mucho gusto.

Min-jun soltó una carcajada.

—¿Y adónde vas a ir?

Seo-yeon se detuvo.

—Eso ya no debería preocuparte.

—¡No tienes nada sin mí!

Ella giró lentamente.

—¿Eso crees?

—Yo pago esta casa. Yo pago tus gastos. Yo te di esta vida.

Seo-yeon lo miró durante unos segundos.

—Mañana a las nueve recuerda esas palabras.

Min-jun volvió a reír.

—¿Es una amenaza?

—No.

Seo-yeon abrió la puerta.

—Es una cita.

Y se marchó.


A la mañana siguiente, Min-jun despertó con decenas de llamadas.

Su teléfono no paraba de sonar.

Finalmente contestó.

—¿Qué pasa?

Era el director financiero de Kang Group.

—¡Señor Kang, tenemos un problema!

—¿Qué problema?

—El banco suspendió nuestra línea de crédito.

Min-jun se incorporó.

—¿Qué?

—Y nuestro principal inversionista acaba de convocar una reunión extraordinaria.

La puerta de su habitación se abrió.

Su madre entró desesperada.

—¡MIN-JUN!

—¿Qué pasa?

—¡La cuenta de la empresa está bloqueada!

Min-jun recordó inmediatamente las palabras de Seo-yeon.

“Mañana entenderás lo que acabas de perder.”

Su expresión cambió.

—No puede ser…


A las nueve en punto llegaron a las oficinas de Kang Group.

La junta directiva ya estaba reunida.

Min-jun entró furioso.

—¡¿QUIÉN ORDENÓ ESTO?!

Nadie respondió.

Entonces escuchó unos tacones detrás de él.

Tac. Tac. Tac.

Min-jun giró.

Seo-yeon entró acompañada por dos abogados.

La señora Kang abrió los ojos.

—¿Tú?

Seo-yeon tomó asiento en la cabecera.

—Buenos días.

Min-jun se acercó.

—¿Qué haces aquí?

Uno de los abogados intervino.

—Señor Kang, tome asiento.

—¡NO ESTOY HABLANDO CONTIGO!

Seo-yeon levantó la mirada.

—Entonces habla conmigo.

Min-jun golpeó la mesa.

—¿Tú bloqueaste nuestro dinero?

—No exactamente.

—¿Entonces qué hiciste?

Seo-yeon deslizó una carpeta hacia él.

—Decidí no renovar el préstamo que vence hoy.

Min-jun abrió los documentos.

Su rostro cambió.

—Han Capital…

La señora Kang palideció.

—No.

Seo-yeon la miró.

—Veo que usted sí reconoce el nombre.

Min-jun giró hacia su madre.

—¿Qué es Han Capital?

Ella guardó silencio.

Seo-yeon respondió:

—La empresa que lleva tres años evitando que Kang Group quiebre.

Min-jun quedó inmóvil.

—¿Y qué tienes tú que ver con ella?

Seo-yeon sonrió.

—Todo.

Silencio.

—Han Capital pertenece a mi familia.

Min-jun negó.

—Mentira.

Seo-yeon colocó otro documento frente a él.

—Y desde hace seis meses…

Hizo una pausa.

—yo soy su presidenta.

La señora Kang tuvo que sentarse.

Min-jun miró los papeles.

Después a Seo-yeon.

—¿Por qué nunca me dijiste que eras rica?

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Eso es lo que te preocupa?

—¡RESPÓNDEME!

—Porque quería saber cómo me tratarías sin conocer mi apellido.

Silencio.

Seo-yeon se acercó.

—Y anoche obtuve la respuesta.

La señora Kang intervino.

—¡Todo esto por un plato de comida!

Seo-yeon la miró.

—No.

—¿Entonces?

—Por llamarme aprovechada mientras utilizaba mi dinero para mantener su empresa.

La mujer quedó muda.

Min-jun miró a su madre.

—¿Tú sabías que ella estaba financiándonos?

Nada.

—¡MAMÁ!

—Yo sabía que Han Capital nos prestaba dinero.

—¿Sabías que Seo-yeon estaba detrás?

La mujer bajó la cabeza.

—Lo descubrí hace una semana.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—¿Una semana?

La señora Kang comprendió que había hablado demasiado.

Seo-yeon se levantó.

—Entonces anoche sabía perfectamente quién era yo.

Silencio.

—Y aun así me llamó aprovechada.

—¡Porque quería que desaparecieras!

—¿Por qué?

La suegra no respondió.

—¿POR QUÉ?

Min-jun también la miró.

—Mamá, contesta.

La mujer apretó los puños.

—Porque encontré esto.

Sacó un documento de su bolso.

Lo arrojó sobre la mesa.

Seo-yeon lo tomó.

Era una antigua acta de accionistas.

Comenzó a leer.

Su expresión cambió.

—¿Qué es esto?

Uno de los abogados se acercó.

—¿Dónde consiguió este documento?

—Estaba entre las cosas de mi esposo.

Min-jun frunció el ceño.

—¿De papá?

Seo-yeon leyó un nombre.

Han Jae-sung.

Sus manos comenzaron a temblar.

—Ese es mi padre.

La sala quedó en silencio.

Min-jun la miró.

—¿Qué tiene que ver tu padre con Kang Group?

El abogado examinó el documento.

—Mucho.

Todos giraron hacia él.

—Según esto, Han Jae-sung fue uno de los fundadores originales.

Seo-yeon dejó de respirar.

—Mi padre nunca me dijo eso.

El abogado continuó leyendo.

—Y poseía el 55 % de las acciones.

Min-jun palideció.

—¿Cincuenta y cinco?

La señora Kang comenzó a retroceder.

Seo-yeon la miró.

—Ahora entiendo.

—¿Qué?

—Usted no quería echarme porque creyera que era una aprovechada.

Se acercó lentamente.

—Quería echarme antes de que descubriera que mi familia era dueña de la mayoría de esta empresa.

—¡NO SABES TODA LA HISTORIA!

—Entonces cuéntela.

Silencio.

Min-jun golpeó la mesa.

—¡MAMÁ, HABLA!

La señora Kang comenzó a llorar.

—Después de que su padre murió, las acciones fueron transferidas.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿A quién?

La mujer miró hacia Min-jun.

—A tu padre.

Seo-yeon abrió otra página.

—Aquí no aparece ninguna venta.

El abogado examinó la firma.

Se quedó serio.

—Porque probablemente nunca existió.

Min-jun preguntó:

—¿Qué quieres decir?

El abogado levantó el documento.

—Esta firma parece falsificada.

Silencio absoluto.

Seo-yeon miró a su suegra.

—¿Quién falsificó la firma de mi padre?

La mujer no respondió.

—¡DÍGAME!

Entonces una voz masculina habló desde la puerta.

—Yo puedo responder eso.

Todos giraron.

Un anciano elegante entró acompañado por varios hombres.

Min-jun quedó paralizado.

—Abuelo…

El fundador retirado de Kang Group caminó hacia la mesa.

Miró a Seo-yeon.

—Te pareces muchísimo a tu padre.

Seo-yeon se levantó.

—¿Usted lo conoció?

—Era mi socio.

—Entonces dígame qué ocurrió con sus acciones.

El anciano miró a la señora Kang.

—Fueron robadas.

Min-jun retrocedió.

—¿Robadas?

—Sí.

Seo-yeon apretó los documentos.

—¿Por quién?

El anciano respondió:

—Por mi propio hijo.

Min-jun palideció.

—¿Mi padre?

El abuelo asintió.

La señora Kang comenzó a llorar.

—Yo intenté detenerlo.

Seo-yeon la miró.

—¿Y por eso quería expulsarme?

—Tu presencia podía destapar todo.

Seo-yeon negó lentamente.

—No.

Guardó los documentos.

—Mi presencia acaba de destaparlo.

Min-jun se acercó.

—Seo-yeon, yo no sabía nada.

Ella lo miró.

—Quizá.

—Entonces no me castigues por lo que hizo mi padre.

Seo-yeon guardó silencio.

Min-jun intentó tomarle la mano.

Ella la retiró.

—Esto no tiene que ver con tu padre.

—¿Entonces?

—Anoche tu madre arrojó mi comida al suelo.

Min-jun bajó la mirada.

—Y tú te reíste.

—Cometí un error.

—No.

Seo-yeon negó.

—Me enseñaste quién eres cuando pensabas que yo no tenía poder.

Silencio.

El abuelo colocó otra carpeta frente a Seo-yeon.

—Hay algo que debes saber.

—¿Qué?

—Si conseguimos demostrar la falsificación…

Abrió el documento.

—las acciones regresarán al heredero legítimo de Han Jae-sung.

Min-jun miró a Seo-yeon.

—Ella.

El anciano asintió.

—Ella.

La señora Kang quedó completamente blanca.

Seo-yeon observó la cifra.

55 %.

La noche anterior le habían dicho que las aprovechadas debían comer en la cocina.

Ahora podía convertirse en la accionista mayoritaria de Kang Group.

Min-jun susurró:

—Seo-yeon…

Ella tomó su bolso.

—Ayer me dijiste que hiciera caso a tu madre.

Caminó hacia la puerta.

—Hoy voy a hacerlo.

—¿Qué quieres decir?

Seo-yeon se detuvo.

—Ella quería que saliera de su familia.

Miró por última vez a su esposo.

—Así que saldré de la familia…

Después miró la sala de juntas.

—pero quizá me quede con la empresa.

Y por primera vez desde aquella cena…

nadie se rio.

By yhq9q

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