—Déjalo… yo te contaré todo.
Seo-yeon quedó inmóvil.
Miró el vientre de la mujer.
Después miró a Min-jun.
—¿Ese bebé es tuyo?
Silencio.
—¡RESPÓNDEME!
Min-jun bajó la cabeza.
La señora Kang sonrió.
—Ahora entiendes por qué debes largarte.
Seo-yeon sintió que el mundo se detenía.
—Cinco años…
Miró a su esposo.
—Cinco años casada contigo.
La embarazada bajó lentamente las escaleras.
—Seo-yeon, escucha primero.
—¿Desde cuándo estás con mi esposo?
La joven guardó silencio.
—¡DÍMELO!
—No estoy con él.
Todos quedaron inmóviles.
La sonrisa de la suegra desapareció.
—¡Cállate, Ji-won!
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Ji-won llegó al último escalón.
—Este bebé no es de Min-jun.
Seo-yeon miró a su esposo.
—Entonces ¿por qué tu madre dijo que elegiste a otra?
Min-jun cerró los ojos.
—Porque mamá quería que lo creyeras.
—¿QUÉ?
La señora Kang intervino.
—¡No tienes que explicarle nada!
Ji-won sacó su teléfono.
—Sí tiene.
Mostró varios mensajes.
Seo-yeon comenzó a leer.
“Cuando Seo-yeon se vaya, recibirás el dinero.”
Levantó lentamente la mirada.
—¿Usted le pagó?
La suegra palideció.
—Esos mensajes están manipulados.
Ji-won negó.
—Me ofreció quinientos mil dólares para fingir que esperaba un hijo de Min-jun.
Silencio absoluto.
Seo-yeon miró a su esposo.
—¿Tú lo sabías?
Min-jun no respondió.
Eso fue suficiente.
—Tú lo sabías.
—Me enteré hace dos días.
—¿Y no me dijiste nada?
—Mamá me amenazó.
Seo-yeon soltó una risa amarga.
—¿Con qué?
La señora Kang gritó:
—¡CON QUITARLE TODO!
Seo-yeon giró hacia ella.
—¿Todo qué?
—La empresa. La casa. Su herencia.
Seo-yeon miró nuevamente a Min-jun.
—Así que elegiste el dinero.
—No fue así.
—Cuando te pregunté si había otra mujer…
Hizo una pausa.
—guardaste silencio.
Min-jun intentó acercarse.
—Dame una oportunidad.
Seo-yeon retrocedió.
—Ya te la di.
Se quitó el anillo.
Lo dejó caer frente a él.
CLIC.
—Se acabó.
La señora Kang sonrió.
—Perfecto. Ahora recoge tu maleta y desaparece.
Seo-yeon miró hacia las escaleras.
Su ropa estaba esparcida por el suelo.
Caminó hacia su maleta.
Pero Ji-won habló.
—Todavía falta lo peor.
La señora Kang palideció.
—¡NO DIGAS NADA MÁS!
Seo-yeon se detuvo.
—Continúa.
Ji-won sacó un sobre.
—La señora Kang no quería sacarte de esta familia por otra mujer.
—¿Entonces por qué?
Ji-won le entregó los documentos.
Seo-yeon comenzó a leer.
Su expresión cambió.
—¿Qué es esto?
—Una prueba de ADN.
Min-jun frunció el ceño.
—¿De quién?
Ji-won señaló a Seo-yeon.
—De ella.
Silencio.
Seo-yeon levantó la mirada.
—¿Por qué tiene usted mi ADN?
La suegra retrocedió.
—No sé de qué habla.
—Su nombre está aquí.
Seo-yeon pasó otra página.
Y dejó de respirar.
Coincidencia familiar: 99,8 %.
—No entiendo.
Ji-won señaló el segundo nombre.
—Mira con quién coincide.
Seo-yeon leyó.
Kang Dae-hyun.
Miró a Min-jun.
—¿Quién es Kang Dae-hyun?
Él palideció.
—Mi padre.
Silencio absoluto.
Seo-yeon dejó caer los documentos.
—Eso es imposible.
La señora Kang cerró los ojos.
Min-jun miró horrorizado a su madre.
—¿Seo-yeon es hija de papá?
—No exactamente.
Todos giraron.
—¿Qué significa “no exactamente”?
La mujer comenzó a llorar.
—Dae-hyun tenía un hermano mayor.
Min-jun frunció el ceño.
—El tío que murió antes de que yo naciera.
La señora Kang negó.
—No murió.
Seo-yeon sintió un escalofrío.
—¿Está diciendo que él es mi padre?
La mujer asintió.
—Sí.
Seo-yeon tuvo que apoyarse en la pared.
—Entonces…
Miró a Min-jun.
—¿Somos familia?
—No de sangre directa —respondió Ji-won—. Pero eso tampoco es lo que ella intentaba ocultar.
Seo-yeon la miró.
—¿Hay más?
Ji-won sacó otro documento.
—Tu padre era el verdadero heredero de Kang Group.
La señora Kang explotó.
—¡CÁLLATE!
Demasiado tarde.
Min-jun tomó los documentos.
—¿Qué?
—El abuelo dejó el 60 % de la compañía al hijo mayor.
—Mi tío.
—Exactamente.
Seo-yeon comprendió.
—Y si mi padre sigue vivo…
Ji-won negó.
—No necesita estar vivo.
Todos quedaron inmóviles.
—¿Por qué?
Ji-won señaló a Seo-yeon.
—Porque su participación pasó legalmente a su única hija.
Silencio.
Min-jun miró a su esposa.
—¿Seo-yeon?
Ji-won asintió.
—Ella.
La señora Kang comenzó a temblar.
Seo-yeon miró a la mujer que acababa de arrojar su maleta por las escaleras.
—Por eso quería echarme.
Nada.
—No era porque su hijo hubiera elegido a otra.
Se acercó.
—Era porque descubrió quién soy.
La señora Kang bajó la mirada.
Seo-yeon continuó:
—¿Cuánto me pertenece?
Ji-won respondió:
—Si estos documentos son auténticos…
Hizo una pausa.
—tú controlas Kang Group.
Min-jun dejó caer el papel.
La señora Kang perdió toda arrogancia.
—Seo-yeon…
—No.
La joven levantó una mano.
—Hace cinco minutos me dijo que me largara de su familia.
Recogió su maleta.
—Y pienso obedecerla.
La suegra respiró aliviada.
Hasta que Seo-yeon añadió:
—Pero mañana regresaré.
—¿Para qué?
Seo-yeon miró los documentos.
—Para una reunión de accionistas.
La señora Kang palideció.
—No puedes.
—Si esto demuestra que soy la accionista mayoritaria…
Seo-yeon miró directamente a su suegra.
—la pregunta ya no será si yo estoy fuera de esta familia.
Se acercó a la puerta.
—Será quién queda fuera de mi empresa.
Min-jun corrió detrás de ella.
—¡Seo-yeon!
Ella se detuvo.
—¿Qué?
—¿Y nosotros?
Seo-yeon miró el anillo que había quedado en el suelo.
—Cuando necesité un esposo, elegiste guardar silencio.
Abrió la puerta.
—Mañana necesitarás una accionista.
Y salió.
La señora Kang miró los documentos con las manos temblando.
Su plan había comenzado con una maleta arrojada por las escaleras y una amante embarazada falsa.
Pero acababa de expulsar de su casa a la mujer que podía ser la verdadera dueña de todo lo que la familia Kang llevaba décadas llamando suyo.