—¡Ella está diciendo la verdad!
La cuñada quedó paralizada.
Toda la mesa miró a la abuela.
Soo-jin apretó el anillo entre sus dedos.
—Abuela… ¿tú se lo diste?
—Sí.
—¡Pero este anillo pertenece a nuestra familia!
La anciana golpeó nuevamente el suelo con su bastón.
—Precisamente por eso se lo entregué.
Silencio.
Seo-yeon levantó la mirada.
—Abuela… yo tampoco entiendo.
La anciana señaló el anillo.
—Míralo bien.
Seo-yeon lo tomó.
Era antiguo, pesado y tenía una enorme piedra verde en el centro.
—Presiona el borde.
Seo-yeon obedeció.
Clic.
La piedra se levantó ligeramente.
Debajo apareció una diminuta llave.
Todos quedaron inmóviles.
Min-jun se acercó.
—¿Qué abre?
La abuela respondió:
—La caja que su abuelo dejó cerrada antes de morir.
El padre de Min-jun se levantó inmediatamente.
—¡Mamá, basta!
La anciana giró hacia él.
—¿Tienes miedo?
—No.
—Entonces siéntate.
El hombre permaneció de pie.
Seo-yeon lo observó.
Sus manos estaban temblando.
—¿Qué hay dentro de esa caja?
La abuela miró a Seo-yeon.
—Algo que te pertenece.
Soo-jin soltó una carcajada.
—¡Ella ni siquiera era parte de nuestra familia hasta que conoció a mi hermano!
La abuela respondió:
—Eso es lo que ustedes creen.
El comedor quedó en silencio.
Min-jun frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
La anciana respiró profundamente.
—Conocí a la madre de Seo-yeon mucho antes de que ustedes nacieran.
Seo-yeon quedó inmóvil.
—¿Conoció a mi madre?
—Sí.
—¿Cómo?
La abuela miró al padre de Min-jun.
Él bajó la cabeza.
—Tu madre fue socia de esta familia.
Seo-yeon dejó de respirar.
—¿Socia?
—Ella y mi esposo fundaron juntos la primera compañía.
Soo-jin golpeó la mesa.
—¡Eso es mentira!
—Pregúntale a tu padre.
Todos giraron.
Min-jun lo miró.
—Papá.
Nada.
—¿Es verdad?
El hombre respondió finalmente:
—Sí.
Seo-yeon sintió un escalofrío.
—Mi madre nunca me contó nada.
La abuela bajó la mirada.
—Porque cuando intentó reclamar lo que le pertenecía… alguien la obligó a marcharse.
Seo-yeon miró al padre de Min-jun.
—¿Quién?
El hombre respondió rápidamente:
—Yo no tuve nada que ver.
La abuela soltó una risa amarga.
—Entonces explícale la firma.
El hombre palideció.
—Mamá…
—¿Qué firma? —preguntó Seo-yeon.
La anciana señaló la llave.
—Abre la caja y descúbrelo.
Todos entraron al antiguo despacho del abuelo.
La habitación llevaba años cerrada.
Detrás de un cuadro había una pequeña caja fuerte.
Seo-yeon introdujo la llave.
Clic.
La puerta se abrió.
Dentro había una fotografía.
Una carpeta.
Y un testamento.
Seo-yeon tomó la fotografía primero.
Su madre aparecía junto al abuelo de Min-jun frente a un pequeño edificio.
Detrás estaba escrito:
“Primer día de Han-Kang Company.”
Seo-yeon comenzó a llorar.
—Mamá…
Min-jun abrió la carpeta.
De repente dejó de hablar.
Seo-yeon lo miró.
—¿Qué pasa?
—Estas son acciones.
—¿Cuántas?
Min-jun tragó saliva.
—Cincuenta y uno por ciento.
Silencio absoluto.
Soo-jin retrocedió.
—No.
Seo-yeon tomó los documentos.
—¿Mi madre tenía el 51%?
La abuela asintió.
—Era la accionista mayoritaria.
Seo-yeon miró al padre de Min-jun.
—¿Qué pasó con sus acciones?
—Las vendió.
La abuela golpeó su bastón.
—¡MENTIRA!
Todos quedaron inmóviles.
—Ella nunca vendió nada.
Seo-yeon frunció el ceño.
—Entonces ¿por qué dejaron de pertenecerle?
La abuela respondió:
—Porque alguien falsificó su firma.
Silencio.
Min-jun miró inmediatamente a su padre.
—¿Fuiste tú?
—¡NO!
—Entonces ¿quién?
El hombre no respondió.
Seo-yeon abrió el testamento.
Comenzó a leer.
Sus manos empezaron a temblar.
—“En caso de que Han Mi-ra no pueda recuperar personalmente sus acciones…”
Hizo una pausa.
—“…estas pasarán a su única hija, Seo-yeon Han.”
Soo-jin palideció.
—¡Eso no puede ser válido!
La abuela la miró.
—Lo es.
—¡Entonces ella podría quedarse con nuestra empresa!
La anciana negó.
—No.
Miró a Seo-yeon.
—Puede recuperar su empresa.
Silencio absoluto.
Seo-yeon levantó la cabeza.
—¿Qué?
—Tu madre tenía el 51%.
La abuela sonrió.
—Eso significa que ahora tú eres la accionista mayoritaria.
Soo-jin perdió completamente la arrogancia.
—Seo-yeon…
Minutos antes la había abofeteado por tocar un anillo.
Ahora estaba frente a la mujer que podía controlar la empresa de toda su familia.
Seo-yeon guardó silencio.
Soo-jin se acercó.
—Yo no sabía nada.
Seo-yeon miró su mejilla todavía enrojecida.
—Hace diez minutos tampoco te importaba saberlo.
Soo-jin bajó la cabeza.
El padre intervino.
—Podemos llegar a un acuerdo.
Seo-yeon giró.
—¿Un acuerdo?
—Te pagaremos por las acciones.
—No están en venta.
El hombre palideció.
—Piénsalo bien.
—Ya lo hice.
Seo-yeon dejó los documentos sobre la mesa.
—Mañana quiero una auditoría completa de la empresa.
El padre cambió inmediatamente de expresión.
—No.
Todos lo miraron.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Por qué no?
—No es necesario.
—Acabo de descubrir que alguien falsificó la firma de mi madre.
Se acercó.
—Es completamente necesario.
—No sabes lo que puedes encontrar.
Seo-yeon quedó inmóvil.
—Entonces sí hay algo.
El hombre comprendió su error.
—No quise decir eso.
La abuela abrió otro compartimento de la caja.
—Ya es demasiado tarde.
Sacó una memoria USB.
El padre perdió el color.
—Mamá…
Seo-yeon la miró.
—¿Qué contiene?
—Tu abuelo político me pidió que la guardara.
—¿Por qué?
La anciana miró a su hijo.
—Porque sospechaba quién había falsificado la firma.
Seo-yeon tomó la memoria.
—Vamos a verla.
El padre se interpuso.
—¡NO!
Min-jun lo apartó.
—Papá.
—No entiendes.
—Entonces explícalo.
Silencio.
Seo-yeon conectó la memoria a la computadora.
Apareció una grabación antigua.
En pantalla estaba su madre.
Discutía con alguien.
Seo-yeon subió el volumen.
La voz de Mi-ra se escuchó:
—“Encontré las transferencias.”
Todos quedaron atentos.
—“Mañana voy a mostrarle al consejo lo que hiciste.”
Después apareció una voz masculina.
—“Si haces eso, destruirás esta familia.”
Min-jun quedó inmóvil.
Miró a su padre.
—Esa voz…
Seo-yeon también lo reconoció.
—Es usted.
El hombre retrocedió.
—Escuchen la grabación completa.
La imagen continuó.
El padre de Min-jun aparecía frente a Mi-ra.
Pero entonces…
la puerta se abrió.
Entró una tercera persona.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Quién es?
La abuela se acercó a la pantalla.
Y dejó caer su bastón.
—No puede ser.
Min-jun la sostuvo.
—Abuela, ¿quién es?
La anciana comenzó a llorar.
—Tu abuelo.
Silencio absoluto.
Seo-yeon miró la pantalla.
El antiguo patriarca colocó una carpeta frente a su madre.
—“Mi-ra, si haces pública esta información, Kang Group desaparecerá.”
Mi-ra respondió:
—“Entonces que desaparezca.”
El padre de Min-jun gritó:
—“¡NO PUEDES HACERNOS ESTO!”
Mi-ra lo miró.
—“Ustedes se lo hicieron solos.”
La grabación terminó.
Seo-yeon quedó inmóvil.
—¿Qué había descubierto mi madre?
Nadie respondió.
—¿QUÉ HABÍA EN ESAS TRANSFERENCIAS?
El padre bajó la cabeza.
—Dinero.
—Eso ya lo sé.
—Mucho dinero.
—¿Robado?
Silencio.
La abuela cerró los ojos.
—Sí.
Seo-yeon miró al hombre.
—¿Usted robaba de la empresa?
—No fui yo.
—Entonces ¿quién?
El hombre miró a su madre.
La anciana comenzó a temblar.
—No…
Seo-yeon sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Finalmente, el padre respondió:
—Mi padre.
Min-jun quedó helado.
—¿El abuelo?
—Durante años sacó dinero de la empresa.
Seo-yeon señaló la pantalla.
—Mi madre lo descubrió.
—Sí.
—¿Y después desapareció?
El hombre no respondió.
Seo-yeon se acercó.
—¿QUÉ LE PASÓ A MI MADRE?
—No lo sé.
—¡MENTIRA!
—¡ES VERDAD!
La abuela comenzó a llorar.
—Él no sabe dónde está.
Seo-yeon giró.
—¿Dónde está?
La anciana negó.
—No puedo decírtelo.
—¿Por qué?
—Porque prometí protegerla.
Seo-yeon dejó de respirar.
—¿Protegerla?
Silencio.
—Abuela…
La anciana levantó lentamente la mirada.
—Tu madre no murió.
Todo quedó congelado.
Seo-yeon retrocedió.
—No.
—Está viva.
—Yo fui a su funeral.
—El ataúd estaba vacío.
Min-jun miró a su abuela.
—¿Tú sabías esto?
—Sí.
Seo-yeon comenzó a llorar.
—¿Dónde está mi madre?
La anciana miró el anillo.
—Por eso te lo entregué.
—¿Qué tiene que ver el anillo?
—Mira dentro otra vez.
Seo-yeon abrió el pequeño compartimento.
Había algo que no había visto.
Un diminuto papel doblado.
Lo sacó.
Solo tenía una dirección.
Seo-yeon la leyó.
—¿Qué hay aquí?
La abuela respondió:
—La última dirección que me dio tu madre.
Soo-jin observaba completamente en silencio.
Seo-yeon guardó el papel.
Min-jun tomó su mano.
—Vamos juntos.
Pero antes de salir…
el padre habló.
—Seo-yeon.
Ella se detuvo.
—Hay algo más que debes saber.
—¿Qué?
El hombre respiró profundamente.
—Tu madre no desapareció solamente porque descubrió el robo.
Seo-yeon lo miró.
—Entonces ¿por qué?
—Porque descubrió quién era realmente tu padre.
Silencio absoluto.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Qué está diciendo?
El hombre señaló la fotografía de los fundadores.
—El hombre que te crió…
Hizo una pausa.
—no era tu padre biológico.
Seo-yeon quedó congelada.
Min-jun apretó su mano.
—¿Quién era?
El padre miró hacia la fotografía.
—La única persona que puede responderte sigue viva.
Seo-yeon entendió inmediatamente.
—Mi madre.
Guardó el anillo.
Aquella noche había comenzado con una bofetada por una simple joya.
Pero el anillo resultó ser una llave.
La llave abrió una caja.
La caja reveló una empresa robada.
Y ahora…
la misma joya podía llevarla hasta una madre que llevaba veinte años creyendo muerta.