—¡¿Qué hiciste?!
Min-jun agarró el contrato.
Seo-yeon recuperó tranquilamente su bolso.
—Lo que debí hacer hace meses.
La suegra le arrebató los documentos a su hijo.
—¡Tú eres director! ¡Ella no puede despedirte!
Seo-yeon sonrió.
—Directora soy yo.
Silencio.
Min-jun palideció.
—Seo-yeon…
—¿Nunca se lo contaste?
La suegra miró a su hijo.
—¿Contarme qué?
Seo-yeon sacó su identificación corporativa.
SEO-YEON HAN — DIRECTORA EJECUTIVA.
La suegra quedó congelada.
—¿Tú trabajas allí?
—No exactamente.
—¿Entonces?
—Mi padre fundó la empresa.
La suegra soltó una carcajada.
—¡Tu padre está jubilado!
—Sí.
Seo-yeon miró a Min-jun.
—Y hace seis meses me entregó el control.
La sonrisa de la suegra desapareció.
—Min-jun… ¿lo sabías?
Él guardó silencio.
—¡RESPÓNDEME!
—Sí.
¡PLAF!
La suegra abofeteó a su propio hijo.
—¡ME DIJISTE QUE ESA EMPRESA ERA TUYA!
Seo-yeon cruzó los brazos.
—También le mintió sobre el sueldo.
—¿Qué sueldo?
—Min-jun gana ocho mil al mes.
La suegra frunció el ceño.
—¡Mi hijo gana cincuenta mil!
Seo-yeon negó.
—Los otros cuarenta y dos mil salen de mi cuenta.
Silencio absoluto.
La suegra miró lentamente a su hijo.
—¿Ella completa tu sueldo?
Min-jun apretó los dientes.
—Era temporal.
Seo-yeon soltó una risa.
—Tres años no son temporales.
—¡YO IBA A DEVOLVERTE TODO!
—Perfecto.
Seo-yeon sacó otra carpeta.
—Empieza por devolverme los dos millones.
Min-jun quedó inmóvil.
—¿Dos millones?
—Sí.
—¡Yo nunca tomé tanto!
Seo-yeon lo miró seriamente.
—Eso pensé.
La suegra preguntó:
—¿Qué significa?
Seo-yeon abrió varios movimientos bancarios.
—Alguien lleva dos años retirando dinero utilizando las credenciales corporativas de Min-jun.
Él tomó los documentos.
—Yo no hice estas transferencias.
—¿Seguro?
—¡Completamente!
La suegra intervino:
—¡Entonces alguien está intentando incriminarlo!
Seo-yeon respondió:
—Por primera vez estamos de acuerdo.
Min-jun levantó la mirada.
—¿Ya sabes quién?
—Tengo una sospecha.
—¿Quién?
Seo-yeon miró directamente a su suegra.
La mujer dio un paso atrás.
—¿Por qué me miras?
—Porque todas las transferencias terminaron en una compañía.
Seo-yeon mostró el nombre.
MJK INVESTMENTS.
Min-jun frunció el ceño.
—Nunca escuché ese nombre.
La suegra se quedó completamente quieta.
Seo-yeon lo notó.
—Pero su madre sí.
—¡No!
—Entonces dígame qué significan las iniciales.
La suegra guardó silencio.
Seo-yeon respondió:
—Mi-ja Kang.
Min-jun giró hacia su madre.
—Ese es tu nombre.
—¡Cualquiera pudo utilizarlo!
Seo-yeon sacó su teléfono.
—Por eso revisé los registros.
Mostró una fotografía.
La suegra aparecía entrando al banco.
Min-jun perdió el color.
—Mamá…
—¡PUEDO EXPLICARLO!
—¿Robaste dinero usando mi nombre?
—¡NO LO ROBÉ!
—¿Entonces qué hiciste?
La mujer gritó:
—¡RECUPERÉ LO QUE NOS PERTENECÍA!
Silencio absoluto.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
La suegra respiró agitadamente.
—Tu padre construyó esa empresa con dinero de nuestra familia.
Seo-yeon quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Hace treinta años, tu padre y mi esposo eran socios.
Min-jun preguntó:
—¿Papá conocía al padre de Seo-yeon?
—Eran mejores amigos.
Seo-yeon negó.
—Mi padre jamás habló de él.
—Porque terminó traicionándolo.
Seo-yeon golpeó la mesa.
—¡Cuidado!
La suegra sacó una fotografía antigua.
Dos hombres jóvenes aparecían frente a una pequeña fábrica.
Min-jun reconoció a uno.
—Ese es papá.
Seo-yeon reconoció al otro.
—Y ese es mi padre.
La suegra dejó un viejo contrato sobre la mesa.
—La empresa originalmente pertenecía a ambos.
Seo-yeon comenzó a leer.
50 % — HAN JI-HO.
50 % — KANG DAE-HYUN.
Min-jun quedó helado.
—Entonces ¿qué ocurrió con la mitad de papá?
La suegra respondió:
—Desapareció cuando él murió.
Seo-yeon levantó la mirada.
—Su esposo murió en un accidente.
—Eso fue lo que dijeron.
Silencio.
Min-jun se acercó a su madre.
—¿Qué estás insinuando?
—Tu padre descubrió que alguien falsificaba documentos.
—¿Quién?
La suegra señaló el apellido Han.
—Su suegro.
Seo-yeon rompió el documento contra la mesa.
—¡MENTIRA!
—Tengo pruebas.
—¡Muéstrelas!
La suegra sacó un sobre.
Dentro había transferencias, firmas y cartas.
Seo-yeon revisó una.
Su expresión cambió.
—Esta firma no es de mi padre.
Min-jun observó el papel.
—Entonces alguien la falsificó.
Seo-yeon giró hacia la suegra.
—¿Quién le entregó estos documentos?
La mujer no respondió.
—¿QUIÉN?
Finalmente habló:
—Tu madre.
Seo-yeon quedó paralizada.
—Mi madre murió cuando yo tenía nueve años.
La suegra negó.
—Eso crees tú.
Silencio absoluto.
Min-jun frunció el ceño.
—¿Qué significa?
La suegra abrió su teléfono.
Mostró una fotografía reciente.
Seo-yeon dejó de respirar.
Una mujer mayor bajaba de un automóvil.
—No…
—La fotografía fue tomada hace cuatro meses.
Seo-yeon comenzó a temblar.
—Esa mujer…
Min-jun preguntó:
—¿Es tu madre?
—Sí.
Seo-yeon arrebató el teléfono.
—¿DÓNDE ESTÁ?
—No lo sé.
—¡USTED TIENE ESTA FOTO!
—Porque ella vino a buscarme.
Seo-yeon quedó inmóvil.
—¿Para qué?
La suegra miró el contrato.
—Para advertirme que alguien había vuelto a mover el dinero robado hace treinta años.
Min-jun preguntó:
—¿Quién?
—No quiso decírmelo.
Seo-yeon respondió:
—Entonces ¿por qué desapareció otra vez?
La suegra bajó la mirada.
—Porque encontró algo.
—¿Qué?
—El documento original de propiedad de la empresa.
Silencio.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Qué demostraría?
—Que ni tu padre ni el padre de Min-jun eran los verdaderos propietarios.
Ambos quedaron congelados.
Min-jun preguntó:
—Entonces ¿quién fundó realmente la empresa?
Una voz respondió desde la puerta:
—Yo.
Todos giraron.
Un anciano elegantemente vestido entró acompañado por un abogado.
Seo-yeon quedó inmóvil.
Min-jun preguntó:
—¿Quién es usted?
El hombre colocó un documento amarillento sobre la mesa.
CERTIFICADO ORIGINAL DE CONSTITUCIÓN.
Seo-yeon leyó el nombre.
PARK SEONG-HO.
La suegra retrocedió.
—Usted murió hace treinta años.
El anciano sonrió fríamente.
—Eso fue exactamente lo que alguien necesitaba que todos creyeran.
Min-jun miró a su madre.
—¿Lo conoces?
Ella comenzó a temblar.
—Sí.
Seo-yeon preguntó:
—¿Qué relación tiene con mi padre?
El anciano respondió:
—Han Ji-ho y Kang Dae-hyun trabajaban para mí.
Silencio absoluto.
—Yo fundé la compañía.
Seo-yeon señaló el documento.
—Entonces ¿por qué terminó en manos de nuestras familias?
El anciano miró a la suegra.
—Porque alguien falsificó mi muerte y dividió mis acciones.
Min-jun palideció.
—¿Quién?
El anciano sacó una fotografía.
En ella aparecía él junto a una mujer joven.
Seo-yeon reconoció inmediatamente el rostro.
—Mamá…
El anciano asintió.
—Tu madre descubrió todo.
Seo-yeon se acercó.
—¿Está viva?
—Sí.
—¿Dónde?
El hombre guardó silencio.
—¡DÍGAME DÓNDE ESTÁ MI MADRE!
—Desapareció hace cinco días.
Seo-yeon quedó helada.
—¿Quién fue la última persona que la vio?
El anciano miró lentamente a Min-jun.
Todos giraron hacia él.
Min-jun retrocedió.
—¿Yo?
El anciano negó.
—No tú.
Señaló detrás de él.
Min-jun giró.
La suegra estaba intentando salir silenciosamente del vestidor.
—Ella.
La mujer se detuvo.
Seo-yeon apretó los puños.
—¿Qué le hizo a mi madre?
—¡NADA!
El anciano respondió:
—Entonces muéstrales el mensaje que recibiste anoche.
La suegra quedó blanca.
Min-jun preguntó:
—¿Qué mensaje?
Ella permaneció callada.
Seo-yeon le quitó el teléfono.
Había un mensaje sin borrar:
“TENGO EL DOCUMENTO ORIGINAL. MAÑANA SEO-YEON SABRÁ TODO.”
Seo-yeon levantó lentamente la mirada.
—¿Quién lo envió?
La suegra susurró:
—Tu madre.
—¿Y qué respondiste?
Seo-yeon abrió la conversación.
Solo había cuatro palabras:
“NO LLEGARÁS A MAÑANA.”
Silencio absoluto.
Min-jun miró horrorizado a su madre.
—¿Qué hiciste?
La historia había comenzado con la suegra humillando a Seo-yeon:
“¡MI HIJO TE COMPRÓ TODO!”
Pero ahora habían descubierto que Min-jun vivía de su dinero, alguien había desviado millones usando su identidad y la madre que Seo-yeon creía muerta podía seguir viva.
Y el último mensaje de la suegra acababa de convertir una pelea familiar en algo mucho más oscuro.
CONTINUARÁ.