Soo-Min pensaba que aquella sería una noche como cualquier otra. Estaba en casa junto a su esposo, Tae-Hyun, cuando tres golpes violentos contra la puerta rompieron el silencio.
—¡PUM! ¡PUM! ¡PUM!
Soo-Min se levantó sobresaltada y caminó hacia la entrada. Pero antes de que pudiera tocar la cerradura, Tae-Hyun corrió hacia ella y la sujetó del brazo.
—¡No abras esa puerta! —le ordenó.
La reacción de su esposo la desconcertó. No parecía simplemente preocupado. Estaba aterrorizado.
Entonces una voz femenina llegó desde el otro lado.
—¡Soo-Min! ¡Soy tu madre! ¡Ábreme!
Soo-Min sintió que se le helaba la sangre.
Reconocería aquella voz en cualquier lugar.
—¿Mamá? —susurró.
Tae-Hyun se interpuso inmediatamente entre ella y la puerta.
—Eso es imposible —dijo—. Tu madre murió hace tres años.
Soo-Min lo sabía perfectamente. Había asistido al funeral. Había llorado frente al ataúd y pasado años intentando aceptar su muerte.
Pero la mujer volvió a golpear.
—¡Hija, por favor! ¡Déjame entrar!
De pronto, algo apareció por debajo de la puerta.
Era una fotografía.
Soo-Min se agachó y la recogió. Al verla, sus manos comenzaron a temblar.
En la imagen aparecían Tae-Hyun y su madre juntos.
Pero había algo todavía más inquietante: la fotografía tenía una fecha de apenas dos días atrás.
Soo-Min levantó lentamente la mirada.
—¿Por qué estabas con mi madre hace dos días?
Tae-Hyun intentó quitarle la fotografía.
—No entiendes lo que está pasando.
Desde afuera llegó un grito desesperado.
—¡Soo-Min, no confíes en tu esposo!
Soo-Min apartó a Tae-Hyun.
—Voy a abrir.
—Si la dejas entrar, nuestro matrimonio termina esta noche —respondió él.
Soo-Min lo miró fijamente.
—Entonces que termine.
Giró la cerradura.
Al abrir la puerta encontró a una mujer empapada por la lluvia.
Soo-Min quedó paralizada.
Era su madre.
—Mamá… yo te enterré.
La mujer comenzó a llorar y abrazó a su hija.
—No, Soo-Min. Enterraste un ataúd vacío.
Soo-Min se separó de ella y miró inmediatamente a Tae-Hyun.
—¿Qué significa esto?
Su madre respiró profundamente.
—Tae-Hyun me ayudó a fingir mi muerte.
Ahora Soo-Min estaba todavía más confundida.
Tae-Hyun finalmente decidió contarle la verdad.
Tres años antes, la señora Kim había descubierto que alguien cercano a la familia estaba intentando quedarse con una enorme fortuna que pertenecía al fallecido padre de Soo-Min.
El hombre nunca había sido pobre, como Soo-Min había creído durante toda su vida.
En realidad, había sido uno de los propietarios de Hanseong, una poderosa empresa familiar.
Antes de morir había dejado el 51 % de sus acciones a Soo-Min.
Pero ella jamás recibió los documentos.
Alguien los había escondido.
Y cuando la madre descubrió lo ocurrido, comenzaron las amenazas.
Temiendo por su vida y por la de su hija, decidió desaparecer. Tae-Hyun fue una de las pocas personas que conoció el plan.
—¿Quién quería hacerte daño? —preguntó Soo-Min.
Su madre sacó un sobre protegido dentro de su abrigo.
Allí estaban los documentos originales de la compañía.
—Tu tío —respondió.
Soo-Min sintió que el mundo se derrumbaba.
El hombre que durante años se había presentado como el hermano preocupado de su padre había controlado la empresa mientras ella ignoraba que era su verdadera heredera.
En ese instante sonó el teléfono de Soo-Min.
Era un número desconocido.
Respondió.
—Veo que tu madre finalmente regresó —dijo una voz masculina.
Soo-Min reconoció inmediatamente a su tío.
—¿Dónde estás?
—Mira por la ventana.
Soo-Min apartó la cortina.
Un automóvil negro estaba estacionado al otro lado de la calle.
Su madre retrocedió aterrorizada.
Pero Soo-Min ya no quería esconderse.
A la mañana siguiente entró en la sede principal de Hanseong acompañada por su madre, Tae-Hyun y dos abogados.
Su tío estaba sentado en la cabecera de la sala de juntas.
Cuando vio entrar a su hermana, su rostro cambió por completo.
—Esto es imposible.
Soo-Min colocó los documentos sobre la mesa.
Su tío intentó mantener la calma.
—Esos papeles no prueban nada.
Uno de los abogados examinó los documentos y se dirigió a todos los presentes.
—Han sido verificados. Son auténticos.
El silencio invadió la sala.
Entonces pronunció las palabras que el tío de Soo-Min nunca quiso escuchar:
—Soo-Min posee el 51 % de las acciones. Es la accionista mayoritaria de Hanseong.
El hombre quedó pálido.
Soo-Min caminó hasta la cabecera de la mesa.
Su tío seguía sentado allí.
Ella lo miró.
Él entendió el mensaje y lentamente abandonó la silla.
Soo-Min tomó su lugar.
Durante tres años había pensado que su madre estaba muerta. Durante toda su vida había ignorado la verdad sobre su padre.
Ahora ambas cosas habían cambiado.
Su madre se colocó a su lado mientras Tae-Hyun observaba desde el otro extremo de la sala.
Soo-Min miró por última vez a su tío.
—Durante tres años creí que había perdido a mi madre. Hoy recuperé a mi familia… y también todo lo que intentaste robarnos.
Aquella noche, unos golpes en una puerta habían comenzado como la peor pesadilla de Soo-Min.
Pero terminaron revelando el secreto que su propia familia había ocultado durante años.