🔥 PARTE 2 — «¡NO TOQUES EL DINERO DE MI HIJO!»

La suegra giró lentamente hacia su hijo.

—¿Qué está diciendo?

Min-jun dejó de sonreír.

—Mamá, no le hagas caso.

Seo-yeon recuperó la tarjeta.

—Entonces enséñale tu cuenta.

—¡No tengo que demostrarte nada!

—Claro que sí.

Seo-yeon sacó su teléfono.

—Porque durante dos años has usado mi dinero para hacerle creer a todos que eres rico.

La suegra soltó una carcajada.

—¡Mi hijo dirige una empresa!

—Una empresa que lleva ocho meses sin pagarle un salario.

Silencio.

La suegra miró a Min-jun.

—¿Es verdad?

—La compañía está pasando por una situación temporal.

Seo-yeon respondió:

—¿Temporal?

Abrió la aplicación bancaria.

—Restaurantes, hoteles, relojes, viajes…

Miró a su esposo.

—Todo salió de mi cuenta.

La suegra le arrebató el teléfono.

—¡MENTIRA!

Seo-yeon señaló la pantalla.

—Mire el titular.

La mujer leyó.

Su expresión cambió.

SEO-YEON HAN.

—Pero…

Miró a su hijo.

—Tú me dijiste que esa tarjeta era tuya.

Min-jun bajó la cabeza.

—Mamá…

—¡RESPÓNDEME!

—Solo la usaba mientras recuperaba la empresa.

Seo-yeon soltó una risa amarga.

—¿Recuperabas?

Sacó una carpeta de su bolso.

—También deberías contarle quién compró tu deuda.

Min-jun palideció.

—No hagas esto.

—¿Qué deuda? —preguntó la suegra.

Seo-yeon colocó los documentos sobre la mesa.

—Tres millones.

La mujer quedó helada.

—¿Mi hijo debe tres millones?

—Debía.

—¿Qué significa “debía”?

Seo-yeon respondió:

—Yo la pagué.

Silencio absoluto.

La suegra miró a su nuera.

Después a su hijo.

—¿Ella salvó tu empresa?

Min-jun apretó los puños.

—Sí.

—¿Y por qué nunca me dijiste?

Seo-yeon respondió por él:

—Porque le gustaba que usted creyera que yo era la mantenida.

La suegra quedó callada.

Seo-yeon comenzó a caminar hacia la puerta.

Min-jun la siguió.

—Espera.

—No.

—Podemos hablar.

—Llevas dos años hablando.

Se quitó el anillo matrimonial.

Lo dejó sobre la mesa.

—Ahora vas a escuchar.

Min-jun palideció.

—Seo-yeon…

—Mañana cierro la cuenta.

—¡No puedes!

Ella se detuvo.

—¿Qué dijiste?

—La empresa necesita esa tarjeta unas semanas más.

La suegra miró horrorizada a su hijo.

—¿Todavía quieres su dinero después de esto?

Min-jun golpeó la mesa.

—¡NO ENTIENDEN! ¡SIN ESE DINERO PERDEREMOS TODO!

Seo-yeon lo miró fríamente.

—No.

Sacó otro documento.

—Tú perderás todo.

—¿Qué es eso?

—La garantía del préstamo.

Min-jun dejó de respirar.

La suegra tomó el papel.

—Esta mansión…

—Exactamente.

Seo-yeon continuó:

—Min-jun puso esta casa como garantía.

La suegra casi dejó caer el documento.

—¡ESTA ES MI CASA!

Seo-yeon negó.

—Eso también te lo dijo él.

Silencio.

La mujer miró a su hijo.

—¿Qué significa?

Min-jun permaneció callado.

—¡¿DE QUIÉN ES ESTA CASA?!

Seo-yeon respondió:

—Mía.

La suegra quedó congelada.

—No…

—La compré antes de casarnos.

—¡Mi hijo me dijo que la compró para la familia!

—Con mi dinero.

La suegra se acercó furiosa a Min-jun.

—¿Todo era mentira?

—¡Yo iba a devolvérselo!

Seo-yeon respondió:

—Entonces devuelve los doce millones.

Silencio absoluto.

Min-jun levantó la cabeza.

—¿Doce?

—Sí.

—Yo no gasté doce millones.

Seo-yeon lo miró seriamente.

—Eso es lo extraño.

La suegra frunció el ceño.

—¿Qué quiere decir?

Seo-yeon abrió otra página.

—Mi cuenta perdió doce millones en dos años.

Señaló a Min-jun.

—Pero sus gastos explican solamente cuatro.

Min-jun quedó confundido.

—¿Entonces dónde están los otros ocho?

—Eso quiero saber.

La suegra perdió el color.

Seo-yeon lo notó.

—¿Por qué está nerviosa?

—¡No estoy nerviosa!

Min-jun miró a su madre.

—Mamá…

Seo-yeon deslizó otro documento sobre la mesa.

—Encontré transferencias mensuales.

Min-jun leyó.

—KJ Holdings.

—¿Conoces esa empresa?

—No.

La suegra cerró los ojos.

Seo-yeon la observó.

—Pero ella sí.

Min-jun giró.

—¿La conoces?

—No.

Seo-yeon sacó su teléfono.

—Entonces llamemos al banco.

La suegra golpeó la mesa.

—¡NO!

Silencio.

Min-jun retrocedió.

—Mamá… ¿qué hiciste?

La mujer comenzó a llorar.

—Yo solamente intentaba protegerte.

—¿Robándole a mi esposa?

—¡ESE DINERO DEBÍA SER TUYO!

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Por qué?

La suegra la miró con rabia.

—Porque tu familia se lo robó primero a la nuestra.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—¿Qué?

Min-jun preguntó:

—¿De qué estás hablando?

La suegra abrió una caja antigua.

Sacó una fotografía.

Dos hombres jóvenes aparecían frente a un pequeño edificio.

Seo-yeon reconoció a uno.

—Ese es mi padre.

Min-jun señaló al otro.

—Y ese es mi abuelo.

La suegra respondió:

—Hace treinta años eran socios.

Seo-yeon negó.

—Mi padre fundó su empresa solo.

—Eso fue lo que te contó.

Sacó un contrato antiguo.

—La empresa comenzó con dinero de ambas familias.

Seo-yeon leyó.

Su expresión cambió.

—¿Cincuenta por ciento?

—Exactamente.

—¿Qué pasó con la parte de su familia?

La suegra respondió:

—Desapareció.

—¿Cómo?

—Después de la muerte de mi padre.

Min-jun frunció el ceño.

—Abuelo murió en un accidente.

La mujer negó.

—Eso te dijeron.

Silencio absoluto.

Min-jun quedó helado.

—¿Qué significa?

—Tu abuelo descubrió que alguien había falsificado su firma.

Seo-yeon miró el contrato.

—¿Quién?

La suegra señaló el apellido del padre de Seo-yeon.

—Él.

Seo-yeon golpeó la mesa.

—¡NO HABLE ASÍ DE MI PADRE!

—Tengo pruebas.

—¡Entonces muéstrelas!

La suegra sacó un sobre.

Seo-yeon lo abrió.

Dentro había documentos bancarios antiguos.

Pero algo llamó su atención.

—Esta firma…

La observó detenidamente.

—No es de mi padre.

La suegra quedó inmóvil.

—Claro que sí.

—Trabajé diez años con él. Conozco su firma.

Min-jun tomó el documento.

—Entonces alguien la falsificó.

Seo-yeon miró a su suegra.

—¿De dónde consiguió esto?

Nada.

—¡RESPONDA!

La suegra finalmente susurró:

—De tu madre.

Seo-yeon quedó congelada.

—Mi madre murió hace quince años.

—No.

Silencio absoluto.

—¿Qué dijo?

La suegra abrió un cajón.

Sacó una fotografía reciente.

Seo-yeon dejó de respirar.

En ella aparecía su madre.

Más vieja.

Pero viva.

—No…

Min-jun miró la foto.

—¿Es ella?

Seo-yeon comenzó a temblar.

—Sí.

—¿Cuándo tomaron esta fotografía?

La suegra respondió:

—Hace tres meses.

Seo-yeon se acercó lentamente.

—¿Dónde está mi madre?

—No puedo decírtelo.

—¡¿DÓNDE ESTÁ?!

La suegra negó.

—Primero tienes que entender por qué desapareció.

—¡YO LA ENTERRÉ!

—Enterraste un ataúd cerrado.

Seo-yeon quedó paralizada.

Min-jun preguntó:

—¿Qué está diciendo?

La suegra miró a Seo-yeon.

—Tu madre fingió su muerte.

—¿Por qué?

—Porque descubrió quién había robado realmente el dinero de ambas familias.

Silencio.

Seo-yeon apretó la fotografía.

—¿Quién fue?

La suegra miró hacia las escaleras.

Una voz masculina respondió desde arriba:

—Yo puedo contestar eso.

Todos giraron.

Un anciano elegante comenzó a bajar.

Min-jun quedó inmóvil.

—Abuelo…

La suegra perdió completamente el color.

—Tú estás muerto.

El anciano sonrió.

—Eso fue exactamente lo que necesitabas que todos creyeran.

Min-jun retrocedió.

—¿Abuelo?

Seo-yeon miró al hombre de la fotografía antigua.

Era él.

—Entonces usted era el socio de mi padre.

—Sí.

—¿Quién robó el dinero?

El anciano miró directamente a la suegra.

—Antes de responder…

Sacó una tarjeta bancaria idéntica a la de Seo-yeon.

—Pregúntenle por qué lleva veinte años usando cuentas a nombre de personas de esta familia.

La suegra comenzó a temblar.

Min-jun la miró horrorizado.

—¿Mamá?

El anciano dejó una carpeta sobre la mesa.

—Los doce millones de Seo-yeon son solo una pequeña parte.

Seo-yeon preguntó:

—¿De cuánto estamos hablando?

El anciano respondió:

—Ciento cuarenta millones.

Silencio absoluto.

Min-jun se dejó caer en una silla.

—¿Dónde está ese dinero?

El abuelo señaló la fotografía de la madre de Seo-yeon.

—Ella lo encontró.

Seo-yeon apretó la foto.

—Entonces lléveme con mi madre.

El anciano negó lentamente.

—No puedo.

—¿Por qué?

Su expresión cambió.

—Porque desapareció otra vez hace tres días.

Seo-yeon quedó helada.

—¿Después de encontrar el dinero?

—Sí.

—¿Y quién fue la última persona que estuvo con ella?

El anciano miró hacia la suegra.

La mujer comenzó a retroceder.

Seo-yeon comprendió.

—Usted.

La cena había comenzado con su suegra llamándola “mantenida” por utilizar su propia tarjeta.

Ahora Seo-yeon sabía que su esposo llevaba años viviendo de su dinero, que millones habían desaparecido de sus cuentas y que su madre, a quien llevaba quince años creyendo muerta, podía seguir viva.

Pero la pregunta más peligrosa acababa de surgir:

¿por qué su suegra había sido la última persona en verla antes de que desapareciera nuevamente?

CONTINUARÁ.

By yhq9q

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