—¡Dame ese teléfono!
Min-jun intentó arrebatárselo.
Seo-yeon retrocedió.
—¡Ni se te ocurra!
La suegra miró a su hijo.
—¿Qué otra mujer?
—¡Mamá, está inventando!
Seo-yeon abrió los movimientos bancarios.
—¿Inventando?
Le mostró la pantalla.
—Hotel, joyería, restaurante… todo pagado con mi tarjeta.
La suegra palideció.
—Min-jun… ¿es verdad?
—Son gastos de trabajo.
Seo-yeon soltó una risa amarga.
—¿También trabajas comprando lencería?
Silencio absoluto.
La suegra giró furiosa.
—¡RESPÓNDELE!
Min-jun golpeó la mesa.
—¡COMETÍ UN ERROR!
Seo-yeon quedó inmóvil.
—¿Un error?
—Solo ocurrió una vez.
—Entonces tienes otro problema.
—¿Cuál?
Seo-yeon deslizó la pantalla.
—Llevas dieciocho meses comprándole cosas.
La suegra se llevó una mano al pecho.
—¡¿DIECIOCHO MESES?!
Min-jun bajó la cabeza.
—Puedo explicarlo.
Seo-yeon se quitó el anillo matrimonial.
¡CLAC!
Lo dejó sobre la mesa.
—Explícaselo a tu madre.
La suegra agarró a su hijo del brazo.
—¿Quién es esa mujer?
—¡No importa!
—¡CLARO QUE IMPORTA!
Seo-yeon respondió:
—Tengo su nombre.
Min-jun levantó la cabeza de golpe.
—No.
Seo-yeon mostró una transferencia.
—Yoon Ji-ah.
La suegra se congeló.
Seo-yeon lo notó inmediatamente.
—Usted la conoce.
—No.
—Acaba de cambiarle la cara.
Min-jun miró a su madre.
—Mamá… ¿conoces a Ji-ah?
—¡Claro que no!
Seo-yeon marcó un número.
—Perfecto. Llamémosla.
Min-jun intentó detenerla.
—¡NO LA LLAMES!
La llamada conectó.
Una mujer respondió:
—¿Min-jun?
Silencio absoluto.
Seo-yeon activó el altavoz.
—No. Su esposa.
La mujer dejó de hablar.
Seo-yeon continuó:
—Quiero saber por qué mi marido lleva dieciocho meses pagando tus gastos.
La voz respondió:
—Pregúntale por qué me prometió matrimonio.
La suegra casi dejó caer el bolso.
—¡¿MATRIMONIO?!
Seo-yeon miró a Min-jun.
—¿Algo que explicar?
—¡Está mintiendo!
Desde el teléfono:
—Entonces pregúntale dónde estuvo anoche.
Seo-yeon apretó el teléfono.
—¿Dónde estuviste?
—En la oficina.
La mujer respondió:
—Estuvo conmigo.
¡PLAF!
La suegra abofeteó a su propio hijo.
—¡DESGRACIADO!
Min-jun quedó paralizado.
—¡Mamá!
—¡Yo humillé a tu esposa creyendo que ella gastaba tu dinero!
Seo-yeon recuperó su bolso.
—Y todavía no sabe lo peor.
Todos quedaron callados.
La suegra preguntó:
—¿Qué puede ser peor?
Seo-yeon mostró otra transferencia.
—No solamente usó mi tarjeta.
—¿Qué hizo?
—Pidió un préstamo a mi nombre.
Min-jun perdió el color.
La suegra lo miró.
—¿Cuánto?
—Cinco millones.
—¡¿CINCO MILLONES?!
Min-jun gritó:
—¡ERA PARA LA EMPRESA!
Seo-yeon respondió:
—Mentira.
—¡PUEDO DEMOSTRARLO!
—Yo también.
Abrió un documento.
—El dinero nunca llegó a tu empresa.
Silencio.
—Fue transferido a una compañía llamada JH Capital.
La suegra quedó inmóvil.
Min-jun miró el documento.
—Yo no conozco esa empresa.
Seo-yeon respondió:
—Curioso.
—¿Qué?
—Está registrada a nombre de Ji-ah.
Min-jun palideció.
—Eso es imposible.
La suegra señaló el teléfono.
—¡Pregúntale!
Seo-yeon habló:
—Ji-ah, ¿JH Capital es tuya?
Silencio.
La llamada se cortó.
Min-jun quedó helado.
—¡Llámala otra vez!
Seo-yeon negó.
—Ahora sí te interesa encontrarla.
De repente sonó el timbre de la mansión.
Un empleado abrió.
Dos hombres de traje entraron.
—¿Señor Min-jun Kang?
—Sí.
Uno mostró una carpeta.
—Venimos del departamento legal del banco.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Qué ocurre?
El hombre respondió:
—El préstamo de cinco millones está en mora.
Min-jun quedó paralizado.
—Eso no puede ser.
—Y existe una garantía.
La suegra preguntó:
—¿Qué garantía?
El abogado miró alrededor de la mansión.
—Esta propiedad.
Silencio absoluto.
La suegra gritó:
—¡ESTA CASA ES MÍA!
El abogado revisó los documentos.
—Legalmente no.
—¿Qué?
—Pertenece a Seo-yeon Han.
La suegra miró a su nuera.
—¿La mansión es tuya?
Seo-yeon asintió.
—Desde antes de casarme.
La mujer giró lentamente hacia su hijo.
—¿También mentiste sobre la casa?
Min-jun no respondió.
—¡RESPÓNDEME!
—Sí.
La suegra se dejó caer en una silla.
Seo-yeon preguntó al abogado:
—¿Quién autorizó usar mi propiedad como garantía?
El hombre abrió la carpeta.
—Aquí está su firma.
Seo-yeon la observó.
—Esa no es mi firma.
Silencio absoluto.
Min-jun retrocedió.
—Seo-yeon…
Ella lo miró.
—¿Falsificaste mi firma?
—¡NO!
El abogado intervino.
—Tenemos grabación de quien presentó los documentos.
—Enséñela.
Abrió una tableta.
En la grabación aparecía una mujer entrando al banco.
Seo-yeon la reconoció por las fotografías.
—Ji-ah.
Min-jun quedó inmóvil.
—¿Ella falsificó tu firma?
El abogado respondió:
—Hay algo más.
—¿Qué?
—Ji-ah no actuó sola.
Reprodujo otro fragmento.
Un automóvil esperaba fuera del banco.
Una mujer bajó del vehículo.
La suegra dejó de respirar.
Min-jun miró la pantalla.
—Mamá…
Seo-yeon giró lentamente.
—¿Qué hacía usted allí?
—¡NO ERA YO!
El abogado amplió la imagen.
Era claramente la suegra.
Silencio absoluto.
Min-jun retrocedió.
—¿Tú conoces a Ji-ah?
La mujer comenzó a temblar.
—Hijo…
—¡¿LA CONOCES?!
Finalmente respondió:
—Sí.
Seo-yeon apretó los puños.
—¿Desde cuándo?
—Desde antes que tú.
Min-jun frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
La suegra cerró los ojos.
—Yo fui quien te la presentó.
Silencio.
Seo-yeon quedó helada.
—¿Usted presentó la amante a su propio hijo?
—¡No era para eso!
—¿Entonces para qué?
La suegra miró a Seo-yeon.
—Para separarlos.
Min-jun golpeó la mesa.
—¡¿POR QUÉ?!
—Porque necesitábamos que Seo-yeon pidiera el divorcio.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿“Necesitábamos”?
—Yo y Ji-ah.
—¿Por qué?
La mujer miró hacia el abogado.
—Porque después del divorcio las acciones regresarían a nuestra familia.
Min-jun quedó confundido.
—¿Qué acciones?
El abogado respondió:
—Creo que se refiere al fideicomiso Kang.
La suegra palideció.
Seo-yeon preguntó:
—¿Qué fideicomiso?
El abogado la miró sorprendido.
—¿Usted no lo sabe?
—No.
—Su suegro dejó el 51 % de las acciones familiares en un fideicomiso.
Min-jun preguntó:
—¿Para mí?
—No.
Silencio.
El abogado señaló a Seo-yeon.
—Para ella.
Todos quedaron congelados.
Seo-yeon retrocedió.
—¿Por qué mi suegro me dejaría el control de su empresa?
La suegra gritó:
—¡PORQUE ESTABA LOCO!
El abogado negó.
—No.
Sacó una carta sellada.
—Dejó una explicación.
Seo-yeon tomó la carta.
Min-jun se acercó.
—Ábrela.
Ella rompió el sello.
Leyó las primeras líneas.
Su rostro cambió.
—¿Qué dice? —preguntó Min-jun.
Seo-yeon levantó lentamente la mirada.
—“Seo-yeon debe recibir mis acciones porque es la única persona a quien puedo confiarle la verdad sobre mi hijo.”
Min-jun quedó inmóvil.
—¿Qué verdad sobre mí?
La suegra se lanzó hacia la carta.
—¡DÁMELA!
Seo-yeon retrocedió.
—¡No!
El abogado continuó leyendo desde una copia.
—“Min-jun lleva toda su vida creyendo una mentira sobre su nacimiento.”
Silencio absoluto.
Min-jun miró a su madre.
—¿Qué mentira?
—¡No escuches esto!
—¡MAMÁ!
El abogado sacó un segundo sobre.
—Su padre también dejó una prueba genética.
La suegra perdió completamente el color.
Min-jun comenzó a temblar.
—¿Prueba de quién?
El abogado lo miró.
—Suya.
—¿Con quién?
El hombre respondió:
—Con el señor Kang.
Silencio.
Seo-yeon preguntó:
—¿Cuál fue el resultado?
El abogado respiró profundamente.
—El hombre que Min-jun enterró creyendo que era su padre…
La suegra cerró los ojos.
—no era su padre biológico.
Min-jun retrocedió.
—No…
Seo-yeon lo sostuvo.
—Entonces ¿quién es?
El abogado miró a la suegra.
—Eso también está en la carta.
Min-jun se acercó a su madre.
—Dímelo tú.
Nada.
—¿QUIÉN ES MI PADRE?
La mujer comenzó a llorar.
Antes de responder, se abrió la puerta.
Una voz masculina habló:
—Yo.
Todos giraron.
Un hombre elegante de unos sesenta años entró.
Seo-yeon lo reconoció inmediatamente.
—Señor Yoon…
Min-jun frunció el ceño.
—¿Yoon?
Miró hacia el teléfono donde todavía aparecía el nombre:
YOON JI-AH.
Su expresión cambió.
—Espera…
El hombre miró a la suegra.
—Ya es hora de que dejes de mentirle.
Min-jun preguntó:
—¿Quién es usted?
El hombre respondió:
—El padre de Ji-ah.
Silencio absoluto.
Min-jun retrocedió horrorizado.
—Entonces si usted también es mi padre…
Miró el teléfono.
—Ji-ah es…
El hombre asintió lentamente.
—Mi hija.
La suegra cerró los ojos.
Min-jun dejó caer el teléfono.
La noche había comenzado porque su madre le arrancó un bolso a Seo-yeon gritando:
“¡DEVUELVE EL REGALO DE MI HIJO!”
Ahora habían descubierto que Min-jun llevaba años usando el dinero de su esposa, que alguien falsificó su firma y que su propia madre participó en un plan para provocar el divorcio.
Pero el último secreto era todavía peor:
si el señor Yoon decía la verdad, la mujer que Min-jun había presentado como su amante podía ser su propia hermana.
CONTINUARÁ.