Faltaban menos de dos minutos para comenzar la ceremonia cuando Han Seo-jin comprendió que algo estaba mal.
El salón principal del Hotel Imperial de Seúl estaba lleno.
Más de cuatrocientos invitados esperaban.
Empresarios.
Políticos.
Familiares.
Periodistas.
En el centro del enorme salón, Seo-jin permanecía frente al altar con su vestido de novia.
Pero su prometido, Kang Min-jae, no aparecía.
Seo-jin miró discretamente el reloj.
—¿Dónde está Min-jae?
La organizadora de la boda intentó tranquilizarla.
—Probablemente está terminando de prepararse.
—La ceremonia debía comenzar hace cinco minutos.
Al otro lado del salón estaba Chairwoman Kang Mi-sook, madre de Min-jae y presidenta del poderoso Grupo Kang.
La mujer observaba la situación con evidente molestia.
Entonces las puertas se abrieron violentamente.
Park Joon-ho, mejor amigo y padrino de Min-jae, entró corriendo.
Estaba pálido.
—¡SEO-JIN!
Ella dio un paso hacia él.
—¿Dónde está Min-jae?
Joon-ho intentó recuperar el aliento.
—No está.
—¿Qué significa que no está?
—Fui a buscarlo a su habitación.
Miró a todos.
—¡EL NOVIO DESAPARECIÓ!
El salón quedó en absoluto silencio.
Seo-jin sintió que las piernas le temblaban.
—¿Desapareció?
De repente Mi-sook caminó hacia ella.
—¡TÚ!
Seo-jin apenas consiguió girar.
¡PLAF!
La bofetada resonó por todo el salón.
—¡TÚ HICISTE ALGO!
Seo-jin llevó una mano a su mejilla.
Durante un segundo permaneció inmóvil.
Después levantó la mirada.
¡PLAF!
Le devolvió la bofetada.
Los invitados quedaron paralizados.
—¡YO ESTABA AQUÍ!
Mi-sook abrió los ojos, incapaz de creer que alguien se hubiera atrevido a golpearla.
—¿Cómo te atreves?
—¡Su hijo desapareció y usted me acusa sin ninguna prueba!
—Min-jae quería cancelar esta boda.
Seo-jin quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Lo escuchaste perfectamente.
—Eso es mentira.
Joon-ho intervino.
—¡Basta!
Levantó su teléfono.
—Min-jae me envió algo.
Todos giraron.
—¿Cuándo? —preguntó Seo-jin.
—Hace tres minutos.
—¡Entonces está bien!
—No lo sé.
Joon-ho abrió un video.
En la pantalla apareció Min-jae.
Estaba dentro de una habitación oscura.
Parecía nervioso.
Miraba constantemente hacia la puerta.
—Joon-ho… si estás viendo esto, significa que no pude regresar a la boda.
Seo-jin se llevó una mano a la boca.
—Min-jae…
El video continuó.
—No confíes en nadie de mi familia.
Mi-sook palideció.
Min-jae respiró profundamente.
Y dijo:
—Si desaparezco…
Hizo una pausa.
—Investiguen a mi madre.
El video terminó.
Todas las miradas del salón cayeron sobre Mi-sook.
Seo-jin bajó lentamente el teléfono.
—¿Qué le hizo a su hijo?
—Nada.
—¡ÉL ACABA DE DECIR QUE LA INVESTIGUEMOS!
—¡Ese video está manipulado!
Joon-ho negó.
—Vino directamente desde su número.
Mi-sook retrocedió.
—No saben lo que están diciendo.
Seo-jin caminó hacia ella.
—Entonces dígame dónde está Min-jae.
—¡No lo sé!
—Míreme.
Seo-jin señaló la pantalla.
—¿Por qué su propio hijo tenía miedo de usted?
Mi-sook guardó silencio.
Y aquella reacción fue suficiente para que Seo-jin comprendiera algo.
La mujer sabía más de lo que estaba diciendo.
La policía llegó quince minutos después.
La boda fue suspendida.
Nadie podía abandonar el hotel hasta que revisaran las cámaras.
Los investigadores comenzaron reconstruyendo las últimas horas de Min-jae.
A las 3:41 p. m. había llegado al hotel.
A las 4:03 había entrado en su suite.
A las 4:27 recibió una visita.
El detective detuvo la grabación.
—¿Quién es esta mujer?
Seo-jin se acercó.
La imagen mostraba a Mi-sook entrando en la habitación de su hijo.
Todos giraron hacia ella.
—¿No dijo que no lo había visto?
Mi-sook mantuvo la calma.
—Fui a hablar con él.
—¿Sobre qué?
—Un asunto familiar.
Seo-jin perdió la paciencia.
—¡ÍBAMOS A CASARNOS! ¡También soy parte de ese asunto familiar!
Mi-sook la miró con desprecio.
—Todavía no.
El detective continuó.
—Usted salió diecisiete minutos después.
—Correcto.
—¿Dónde estaba Min-jae cuando salió?
—Dentro.
Avanzaron la grabación.
4:52.
5:03.
5:17.
Nadie salía.
Entonces, a las 5:22, ocurrió algo extraño.
La cámara del pasillo dejó de funcionar.
—¿Cuánto tiempo estuvo apagada? —preguntó Joon-ho.
—Once minutos.
Cuando regresó la imagen…
La puerta de Min-jae estaba abierta.
Pero él había desaparecido.
Seo-jin preguntó:
—¿Hay otra salida?
El gerente del hotel negó.
—No desde esa suite.
—Entonces alguien apagó la cámara.
El detective asintió.
—Eso parece.
Joon-ho miró a Mi-sook.
—¿Quién puede acceder al sistema?
El gerente respondió:
—Seguridad del hotel y algunos miembros de administración.
—Revísenlos.
El hombre tragó saliva.
—Existe una tercera persona.
—¿Quién?
—La presidenta Kang.
Seo-jin giró lentamente.
Mi-sook tenía acceso porque Grupo Kang era propietario del hotel.
—Esto es absurdo —respondió la mujer.
Seo-jin se acercó.
—Primero aparece en su habitación.
Después desaparece la cámara.
Después desaparece su hijo.
—¡Yo no le hice nada!
—Entonces ayúdenos.
Mi-sook guardó silencio.
—¿Qué hablaron durante esos diecisiete minutos?
La mujer cerró los ojos.
—Min-jae descubrió algo.
—¿Qué?
—Una irregularidad dentro de la empresa.
Joon-ho preguntó:
—¿Qué clase de irregularidad?
Mi-sook respondió:
—Dinero.
—¿Cuánto?
—Más de setecientos millones de dólares.
El salón quedó en silencio.
Seo-jin abrió los ojos.
—¿Desaparecieron setecientos millones?
—No desaparecieron.
—¿Entonces?
Mi-sook respiró profundamente.
—Fueron transferidos.
—¿A dónde?
—A varias empresas fantasma.
Joon-ho se acercó.
—¿Y Min-jae descubrió quién estaba detrás?
Mi-sook no respondió.
Seo-jin entendió.
—Usted.
—¡NO!
—¡Por eso dijo que la investigáramos!
Mi-sook golpeó la mesa.
—¡Porque quería protegerme!
Aquella respuesta cambió todo.
—¿Protegerla de quién?
La mujer permaneció en silencio.
—¡¿DE QUIÉN?!
Finalmente respondió:
—De su padre.
Seo-jin quedó confundida.
—El padre de Min-jae murió hace ocho años.
Mi-sook negó lentamente.
—Eso es lo que todos creen.
Nadie habló.
Joon-ho fue el primero en reaccionar.
—¿Está diciendo que Kang Dae-hyun sigue vivo?
Mi-sook se sentó.
Por primera vez parecía realmente asustada.
—Sí.
Seo-jin sintió un escalofrío.
Dae-hyun había sido fundador del Grupo Kang.
Su supuesta muerte en un accidente aéreo había provocado una enorme disputa por la compañía.
Mi-sook terminó tomando el control.
—¿Por qué fingió su muerte?
—Porque estaba siendo investigado.
—¿Por qué?
—Fraude. Sobornos. Transferencias ilegales.
Joon-ho comprendió.
—Las mismas empresas fantasma.
Mi-sook asintió.
—Hace tres meses Min-jae encontró una cuenta que todavía recibía dinero.
Seo-jin preguntó:
—¿A nombre de quién?
—Dae-hyun.
—¿Min-jae descubrió que su padre estaba vivo?
—Sí.
—¿Y qué hizo?
—Intentó encontrarlo.
Mi-sook comenzó a llorar.
—Le pedí que se detuviera.
Seo-jin recordó el video.
—Por eso dijo que debíamos investigarla.
—Sí.
—¿Por qué?
Mi-sook levantó la mirada.
—Porque yo sabía dónde estaba su padre.
El detective ordenó registrar la suite de Min-jae nuevamente.
Esta vez encontraron algo detrás del espejo.
Un pequeño dispositivo de almacenamiento.
Joon-ho lo reconoció.
—Min-jae utilizaba memorias así para documentos confidenciales.
Conectaron el dispositivo.
Solo contenía tres archivos.
El primero era una fotografía.
Dae-hyun.
Mucho más viejo.
Pero vivo.
El segundo era un documento bancario.
El tercero era un audio.
Lo reprodujeron.
La voz de Min-jae llenó la habitación.
—Hoy descubrí por qué mi padre desapareció.
Seo-jin cerró los ojos al escuchar a su prometido.
—Mi madre lleva años enviándole dinero.
Todos miraron a Mi-sook.
—No es lo que parece.
La grabación continuó.
—Pero encontré algo todavía peor.
Silencio.
—Mi padre regresó a Corea hace seis meses.
Joon-ho frunció el ceño.
—¿Seis meses?
Min-jae continuó:
—Y alguien muy cercano a Seo-jin se ha reunido con él.
Seo-jin abrió los ojos.
—¿Qué?
La grabación terminó.
—¡NO!
Intentaron recuperar más información.
Nada.
Seo-jin miró a Mi-sook.
—¿Quién?
—No lo sé.
—¡Mi prometido dijo que usted sabía dónde estaba Dae-hyun!
—Eso no significa que conozca a todas las personas con las que se reunió.
Seo-jin tomó su teléfono.
—Necesito encontrar a Min-jae.
Entonces recibió un mensaje.
Número desconocido.
Una fotografía.
Min-jae estaba sentado en una habitación.
Vivo.
Seo-jin gritó.
—¡ES ÉL!
Todos corrieron.
Debajo había un mensaje:
“QUIERES AL NOVIO. NOSOTROS QUEREMOS LA MEMORIA.”
Joon-ho miró el dispositivo conectado a la computadora.
—Están hablando de esto.
Llegó otro mensaje.
“UNA HORA.”
Y una ubicación.
La policía quería organizar un operativo.
Seo-jin se negó.
—Si ven agentes, pueden hacerle daño.
Mi-sook la sujetó.
—No irás.
Seo-jin apartó su mano.
—Es mi prometido.
—Precisamente por eso no estás pensando.
—¿Y usted sí?
Mi-sook guardó silencio.
Seo-jin tomó la memoria.
—Voy.
Joon-ho intervino.
—Voy contigo.
La ubicación los llevó hasta un estacionamiento abandonado en las afueras de Seúl.
Seo-jin entró acompañada por Joon-ho.
—¡MIN-JAE!
Nada.
Entonces una pantalla se encendió.
Apareció Min-jae.
—Seo-jin…
Ella corrió hacia la pantalla.
—¡¿Dónde estás?!
—Escúchame.
—¡Tenemos la memoria!
Min-jae cambió de expresión.
—¿Qué memoria?
Joon-ho la levantó.
—La que escondiste detrás del espejo.
Min-jae gritó:
—¡NO SE LA ENTREGUEN A NADIE!
Seo-jin quedó confundida.
—Pero nos dijeron…
—¡YO NO ENVIÉ ESOS MENSAJES!
Las luces se apagaron.
Seo-jin gritó.
Un automóvil arrancó al fondo.
Joon-ho tomó su mano.
—¡Corre!
Cuando salieron nuevamente a la calle, alguien había robado su vehículo.
Y la memoria ya no estaba en el bolsillo de Joon-ho.
—No…
Seo-jin lo miró.
—¿Dónde está?
—Alguien me la quitó.
Su teléfono vibró.
Otro mensaje.
“GRACIAS.”
Regresaron al hotel.
Mi-sook estaba furiosa.
—¡Les advertí!
Seo-jin golpeó la mesa.
—¡SU HIJO SIGUE DESAPARECIDO!
—Y ahora entregaste la única prueba que podía mantenerlo vivo.
Seo-jin quedó inmóvil.
—¿Qué contenía realmente?
Mi-sook miró al detective.
—No eran solamente cuentas bancarias.
—¿Entonces?
—Min-jae encontró una grabación.
—¿De qué?
Mi-sook respondió:
—De la noche en que supuestamente murió su padre.
Seo-jin frunció el ceño.
—¿Qué mostraba?
—A Dae-hyun saliendo del aeropuerto antes del accidente.
Joon-ho comprendió.
—Entonces nunca subió al avión.
—Exacto.
—¿Quién ocupó su lugar?
Mi-sook no respondió.
Seo-jin sintió miedo.
—¿Quién murió en aquel accidente?
Finalmente Mi-sook habló:
—Su hermano.
Todos quedaron inmóviles.
Dae-hyun había intercambiado su identidad con su propio hermano antes del vuelo.
Después utilizó el accidente para desaparecer.
Pero quedaba una pregunta.
—¿Por qué Min-jae tenía que desaparecer precisamente el día de nuestra boda?
Mi-sook miró a Seo-jin.
—Porque hoy recibiría algo.
—¿Qué?
—La herencia de su abuelo.
Joon-ho abrió los ojos.
—¿Cuánto?
—El control absoluto del Grupo Kang.
—¿Por casarse?
—Sí.
El abuelo había dejado una cláusula.
Cuando Min-jae contrajera matrimonio, recibiría las acciones restantes de un fideicomiso familiar.
Seo-jin comenzó a comprender.
—Si Min-jae desaparece antes de casarse…
—Las acciones no pasan a él.
—¿Entonces a quién?
Mi-sook guardó silencio.
Seo-jin se acercó.
—¿A quién?
—A su familiar masculino más cercano.
—Su padre.
Mi-sook asintió.
Dae-hyun necesitaba impedir la boda.
Entonces las puertas volvieron a abrirse.
Un hombre entró escoltado por dos policías.
Era Min-jae.
Seo-jin corrió hacia él.
—¡MIN-JAE!
Lo abrazó.
—Pensé que…
—Estoy bien.
Mi-sook se acercó.
—Hijo…
Min-jae retrocedió.
—No me toques.
La mujer quedó destruida.
—Min-jae…
—Tú sabías que papá estaba vivo.
—Intentaba protegerte.
—¡Durante ocho años!
Seo-jin preguntó:
—¿Quién te llevó?
Min-jae la miró.
—Nadie.
Silencio.
—¿Qué?
—Yo desaparecí voluntariamente.
Joon-ho abrió los ojos.
—Entonces ¿el video?
—Lo grabé yo.
Seo-jin retrocedió.
—¿Hiciste todo esto?
—Necesitaba obligar a mi padre a moverse.
—¡ME DEJASTE FRENTE AL ALTAR!
—Porque si te decía la verdad también estarías en peligro.
Seo-jin levantó la mano.
Por un instante pareció que iba a abofetearlo.
Pero se detuvo.
—No vuelvas a decir que hiciste esto para protegerme.
Min-jae bajó la mirada.
—Tienes razón.
—¿Dónde estuviste?
—Siguiendo a mi padre.
—¿Lo encontraste?
Min-jae asintió.
—Sí.
Todos se acercaron.
—¿Dónde?
—Aquí.
Mi-sook palideció.
—¿Qué?
Min-jae señaló el hotel.
—Mi padre nunca se fue.
Joon-ho miró alrededor.
—¿Está dentro del edificio?
—Estuvo aquí durante toda la boda.
Seo-jin sintió un escalofrío.
—¿Como invitado?
—No.
Min-jae sacó su teléfono.
Mostró una fotografía.
Dae-hyun llevaba uniforme del personal de seguridad.
Había estado caminando entre los invitados sin ser reconocido.
—Dios mío…
Min-jae continuó:
—Pero hay algo que todavía no entiendo.
—¿Qué?
—Mi padre sabía exactamente dónde encontrar la memoria.
Joon-ho respondió:
—Quizás te vigilaba.
—No.
Min-jae negó.
—Solamente cuatro personas sabían que estaba detrás del espejo.
Seo-jin preguntó:
—¿Quiénes?
—Yo.
Señaló a Joon-ho.
—Él.
Después miró a su madre.
—Mi madre.
Finalmente miró a Seo-jin.
—Y tú.
Seo-jin quedó helada.
—¿Me estás acusando?
—No.
Min-jae miró a Joon-ho.
—Porque Seo-jin nunca supo dónde estaba.
Silencio.
Joon-ho retrocedió.
—Espera…
Min-jae avanzó.
—Cuando fueron al estacionamiento dijiste que alguien te robó la memoria.
—¡Eso ocurrió!
—No.
Min-jae sacó otro teléfono.
—Había una cámara dentro del estacionamiento.
Reprodujo la grabación.
Seo-jin se llevó una mano a la boca.
Joon-ho aparecía sacando discretamente la memoria de su bolsillo.
Después la entregaba a un hombre dentro de un automóvil.
—Joon-ho…
El padrino retrocedió.
—Puedo explicarlo.
Min-jae cerró los puños.
—Eras mi mejor amigo.
—No entiendes.
—Entonces explícame.
Joon-ho miró hacia la puerta.
Los policías bloquearon la salida.
—Tu padre me obligó.
—¿Por qué?
—Porque tiene a alguien.
—¿A quién?
Joon-ho comenzó a llorar.
—A mi hermana.
Min-jae quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Desapareció hace tres meses.
Seo-jin recordó algo.
—Nunca dijiste que tu hermana estaba desaparecida.
—Porque recibí instrucciones.
Joon-ho sacó su teléfono.
Mostró decenas de mensajes.
Dae-hyun llevaba meses amenazándolo.
Min-jae comprendió que su amigo también había sido utilizado.
Pero entonces llegó un mensaje nuevo.
Al teléfono de Seo-jin.
Una fotografía.
Todos se acercaron.
Mostraba una habitación.
Dentro estaban dos personas.
La hermana de Joon-ho.
Y un hombre amarrado a una silla.
Min-jae amplió la imagen.
—Papá…
Dae-hyun estaba prisionero.
Mi-sook dejó de respirar.
—Eso es imposible.
Llegó otro mensaje.
“DEJEN DE BUSCAR A DAE-HYUN.”
Después otro:
“ÉL TAMPOCO ESTÁ DETRÁS DE ESTO.”
Min-jae miró a su madre.
Seo-jin miró a Joon-ho.
Todos habían pasado horas creyendo que Dae-hyun controlaba el plan.
Pero ahora el supuesto responsable también estaba secuestrado.
Llegó una última fotografía.
Esta vez mostraba la boda.
Había sido tomada desde una mesa cercana al altar.
Seo-jin amplió la imagen.
—Quien tomó esto estaba sentado con nosotros.
Min-jae observó cuidadosamente.
Entonces vio un reflejo en una copa.
Un rostro.
Su expresión cambió.
—No…
Mi-sook se acercó.
—¿Quién es?
Min-jae levantó lentamente la mirada hacia su madre.
—La persona que papá sustituyó en aquel avión hace ocho años.
Mi-sook dejó caer su bolso.
—Eso es imposible.
—¿Quién? —preguntó Seo-jin.
Mi-sook apenas consiguió pronunciar el nombre.
—Su hermano.
Seo-jin quedó helada.
El hombre que todos creían muerto desde hacía ocho años…
podía seguir vivo.
Y si realmente estaba vivo, significaba que Dae-hyun había mentido incluso sobre quién murió en aquel accidente.
Min-jae miró nuevamente la fotografía.
Pero descubrió un detalle todavía peor.
En la mesa donde supuestamente estaba sentado aquel hombre había una tarjeta con un nombre.
Min-jae la tomó de la lista de invitados.
—Este invitado no fue agregado por mi familia.
Seo-jin preguntó:
—Entonces ¿quién lo invitó?
Min-jae revisó el registro digital.
La invitación había sido autorizada desde la cuenta de la novia.
Todos miraron a Seo-jin.
—¡Yo jamás invité a ese hombre!
Min-jae permaneció en silencio.
Seo-jin tomó la computadora.
—¡Alguien utilizó mi cuenta!
Entonces vio la fecha en que se había autorizado la invitación.
Su rostro cambió.
—No puede ser…
—¿Qué ocurre?
Seo-jin giró la pantalla.
La invitación había sido enviada seis meses antes.
Exactamente el día en que Min-jae le había pedido matrimonio.
Pero había algo todavía más extraño.
La autorización se había realizado a las 7:42 de la noche.
Seo-jin recordó perfectamente aquella hora.
Estaba cenando con Min-jae.
Su computadora estaba en casa.
Y la única persona que se encontraba allí aquella noche…
era su propia madre.
Seo-jin dejó de respirar.
Min-jae la miró.
—¿Quién tenía acceso a tu computadora?
Seo-jin respondió casi en un susurro:
—Mi madre.
La boda había comenzado con la desaparición del novio.
Después descubrieron que su padre supuestamente muerto seguía vivo.
Luego descubrieron que el padrino había entregado las pruebas.
Y ahora todo apuntaba hacia la única familia que nadie había investigado.
La familia de la novia.
Seo-jin tomó inmediatamente su teléfono.
Llamó a su madre.
Una vez.
Nada.
Dos veces.
Nada.
Tercera vez.
Alguien respondió.
Pero no habló.
Seo-jin escuchó una respiración.
—¿Mamá?
Silencio.
—¡MAMÁ, RESPONDE!
Finalmente una voz masculina contestó:
—Tu madre no puede hablar ahora.
Seo-jin palideció.
—¿Quién eres?
El hombre soltó una pequeña risa.
—Pregúntale a tu prometido quién pagó realmente su boda.
Min-jae quedó inmóvil.
La llamada terminó.
Y segundos después, la enorme pantalla del salón volvió a encenderse.
Apareció la madre de Seo-jin sentada frente a una cámara.
Pero no estaba secuestrada.
Estaba tranquila.
Mirando directamente hacia ellos.
Y dijo:
—Seo-jin… si Min-jae regresó, no permitas que termine la ceremonia.
La joven comenzó a temblar.
—¿Por qué?
Su madre respondió:
—Porque si firmas ese matrimonio…
Hizo una pausa.
—Todo lo que hemos hecho durante veinticinco años habrá sido inútil.
La transmisión se cortó.
Seo-jin miró a Min-jae.
Min-jae miró el altar que todavía esperaba por ellos.
La desaparición del novio nunca había sido el verdadero misterio.
El verdadero misterio era por qué dos familias llevaban décadas intentando impedir que ellos se casaran.