🔥 PARTE 2 — «¡NO TOQUES EL VESTIDO DE MI MADRE!»

La mujer arrogante miró a la hija de arriba abajo.

—¿Tú compraste esta boutique?

La joven, Seo-yeon, se colocó junto a su madre.

—Sí.

La arrogante soltó una carcajada.

—¡No te creo!

La gerente intervino:

—La transferencia se completó esta mañana.

La mujer dejó de reír.

—¿Cuánto pagó?

Seo-yeon respondió:

—Lo suficiente para decidir quién puede seguir comprando aquí.

La arrogante entendió la amenaza.

—¡No puedes echarme! ¡Llevo quince años siendo clienta!

Seo-yeon recogió el vestido del suelo.

—Y mi madre llevaba treinta segundos aquí cuando usted decidió golpearla.

La mujer señaló a la señora.

—¡Mírala! ¡Ni siquiera puede pagar ese vestido!

La madre bajó la mirada, avergonzada.

Seo-yeon se acercó a la arrogante.

—Tiene razón.

Todos quedaron callados.

Su madre la miró sorprendida.

—Hija…

Seo-yeon sonrió.

—Ella no va a pagarlo.

Miró a la gerente.

—Envuelva el vestido.

—Sí, presidenta.

—Es un regalo para mi madre.

La mujer arrogante apretó los dientes.

—¡Ese vestido estaba reservado para mí!

La gerente negó.

—No, señora.

—¡Claro que sí!

—Su reserva fue cancelada esta mañana.

—¿POR QUIÉN?

La gerente miró a Seo-yeon.

La arrogante quedó helada.

Seo-yeon respondió:

—Por mí.

La mujer agarró su bolso.

—¡Esta tienda se va a arrepentir de perderme como clienta!

La madre tocó suavemente el brazo de su hija.

—Déjala ir.

Seo-yeon respiró profundamente.

—Está bien.

La arrogante sonrió victoriosa.

—Eso pensé.

Se giró para marcharse.

Pero la madre habló:

—Espera.

La mujer se detuvo.

—¿Qué?

La señora miró fijamente el vestido.

Su expresión había cambiado.

—Ese vestido…

Seo-yeon se acercó.

—¿Qué ocurre, mamá?

La madre tocó delicadamente una costura de la manga.

—¿Quién lo diseñó?

La gerente respondió:

—Es una pieza de archivo.

—¿De quién?

—De la fundadora original.

La madre palideció.

—¿Cómo se llamaba?

La gerente miró una etiqueta interior.

—Kang Mi-sook.

La señora dejó caer el vestido.

Seo-yeon la sostuvo.

—¡Mamá!

La mujer arrogante, que ya estaba cerca de la puerta, se congeló.

La madre susurró:

—Mi-sook…

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿La conocías?

Nada.

—Mamá.

La señora comenzó a temblar.

—Ella era mi hermana.

Silencio absoluto.

Seo-yeon miró a la gerente.

—¿Mi tía fundó esta boutique?

—Eso parece.

La mujer arrogante giró lentamente.

—No.

Todos la miraron.

—Esa mujer no tenía ninguna hermana.

La madre levantó la mirada.

—¿Cómo sabe eso?

La arrogante comprendió que había hablado demasiado.

—Lo leí en una entrevista.

La gerente negó.

—La fundadora nunca concedió entrevistas personales.

Silencio.

Seo-yeon caminó hacia la arrogante.

—¿Usted conocía a mi tía?

—No.

—Entonces ¿por qué sabe tanto de ella?

La mujer intentó salir.

Seo-yeon bloqueó su camino.

—Conteste.

—¡Quítate!

La madre se acercó.

—Déjala, hija.

Pero entonces vio algo.

Un broche antiguo en el bolso de la arrogante.

Su rostro cambió.

—¿Dónde consiguió eso?

La mujer cubrió rápidamente el broche.

—Es mío.

—No.

La madre se acercó.

—Ese broche pertenecía a Mi-sook.

Seo-yeon miró a la mujer.

—¿Por qué tiene una joya de mi tía?

—¡La compré!

La madre negó.

—Imposible.

—¿Por qué?

—Porque yo se la regalé cuando cumplió veinte años.

Silencio.

La gerente intervino:

—Presidenta Han…

—¿Qué?

—Creo que deberían ver algo.

Sacó una vieja caja del archivo de la boutique.

—Encontramos esto durante la compra de esta mañana.

La abrió.

Había fotografías, documentos y una llave.

La madre tomó una fotografía.

En ella aparecía junto a su hermana cuando ambas eran jóvenes.

Seo-yeon sonrió sorprendida.

—Eras tú.

Su madre comenzó a llorar.

—Pensé que estas fotos habían desaparecido.

La arrogante miró desesperadamente hacia la salida.

La gerente sacó otro documento.

—También encontramos esto.

Seo-yeon lo leyó.

TRANSFERENCIA DE PROPIEDAD.

—¿Qué significa?

La gerente señaló una firma.

—La fundadora transfirió la boutique antes de morir.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿A quién?

La gerente miró a su madre.

—A ella.

Silencio absoluto.

La madre retrocedió.

—¿A mí?

—Sí.

Seo-yeon quedó confundida.

—Entonces ¿cómo terminó en manos del propietario que me la vendió esta mañana?

La gerente guardó silencio.

La arrogante comenzó a caminar hacia la puerta.

La madre gritó:

—¡DETENTE!

Todos giraron.

La señora sostenía el documento.

—Yo conozco esta firma.

Señaló la supuesta firma con la que había vendido la boutique años atrás.

—No es mía.

Seo-yeon quedó helada.

—¿Falsificaron tu firma?

La arrogante respondió:

—¡Eso no demuestra nada!

Seo-yeon giró lentamente.

—¿Cómo sabe qué estamos leyendo desde ahí?

La mujer quedó paralizada.

La gerente la miró fijamente.

—Señora Kang…

La arrogante palideció.

—¿Qué?

—El antiguo propietario también se apellidaba Kang.

Seo-yeon comenzó a comprender.

—¿Qué relación tiene usted con él?

—Ninguna.

Una voz masculina respondió desde la entrada:

—Soy su esposo.

Todos giraron.

Un hombre elegante acababa de entrar.

La arrogante perdió completamente el color.

—¿Qué haces aquí?

El hombre levantó una carpeta.

—Intentando arreglar lo que hiciste.

Seo-yeon preguntó:

—¿Qué hizo?

El hombre miró a su esposa.

—Hace veinte años falsificó la firma de esta señora.

La madre se llevó una mano al pecho.

—¿Usted me robó la boutique de mi hermana?

La arrogante negó desesperadamente.

—¡Era necesario!

—¿Necesario para qué?

—¡Mi-sook me lo prometió!

La madre gritó:

—¡MI HERMANA JAMÁS HARÍA ESO!

El hombre abrió la carpeta.

—No lo hizo.

Sacó una carta.

—La encontré después de que ustedes compraron la boutique.

La madre reconoció la letra.

—Es de Mi-sook.

Comenzó a leer.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

Seo-yeon la sostuvo.

—¿Qué dice?

La madre levantó lentamente la mirada.

—Mi hermana sabía que estaba enferma.

—¿Y?

—Quería dejarme la boutique…

Miró a Seo-yeon.

—para que algún día fuera tuya.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—¿Mía?

—Sí.

La arrogante soltó una risa nerviosa.

—¡Qué historia tan conmovedora!

Su esposo la miró.

—Todavía no hemos llegado a la parte que te preocupa.

La mujer dejó de sonreír.

—¿Qué parte?

El hombre sacó una segunda carta.

—Mi-sook también explicó por qué quería mantenerte lejos de esta familia.

La madre frunció el ceño.

—¿Ella la conocía?

—Demasiado bien.

La arrogante gritó:

—¡NO LEAS ESO!

Seo-yeon tomó la carta primero.

—Ahora sí quiero saber.

Leyó las primeras líneas.

Su expresión cambió.

—Mamá…

—¿Qué?

Seo-yeon miró a la mujer arrogante.

—Mi tía escribió que esta mujer trabajaba aquí.

La gerente quedó sorprendida.

—¿En esta boutique?

—Sí.

El esposo de la arrogante asintió.

—Antes de casarnos.

Seo-yeon continuó leyendo.

De repente se detuvo.

—No puede ser.

—¿Qué dice? —preguntó su madre.

Seo-yeon levantó la mirada.

—Dice que Mi-sook descubrió que alguien estaba robando dinero de la empresa.

Todos miraron a la arrogante.

Ella retrocedió.

—¡MENTIRA!

Seo-yeon continuó:

—Y que antes de denunciarla…

Su voz se detuvo.

—¿Qué pasó? —preguntó la madre.

Seo-yeon miró a su madre.

—Mi tía desapareció durante tres días.

Silencio.

La madre palideció.

—Eso fue justo antes de que muriera.

El esposo de la arrogante bajó la cabeza.

—Hay algo que nunca te contaron sobre esos tres días.

Seo-yeon preguntó:

—¿Qué ocurrió?

El hombre sacó una fotografía.

En ella aparecía Mi-sook sosteniendo a un bebé.

La madre quedó confundida.

—Mi hermana nunca tuvo hijos.

El hombre respondió:

—Eso era lo que todos creían.

Seo-yeon miró la fotografía.

—¿Quién es ese bebé?

Nadie respondió.

La arrogante comenzó a llorar.

La madre se acercó.

—¿Quién es?

El esposo miró directamente a Seo-yeon.

—Mira la fecha.

Seo-yeon lo hizo.

Era exactamente el día de su nacimiento.

Su expresión desapareció.

—No…

Miró a su madre.

—Mamá…

La señora también había comprendido.

—Eso es imposible.

Seo-yeon levantó la fotografía.

—¿Por qué mi tía estaba sosteniendo un bebé el día que yo nací?

La arrogante gritó:

—¡PORQUE NO ERA TU TÍA!

Silencio absoluto.

Todos la miraron.

La madre dejó caer la carta.

—¿Qué acabas de decir?

La arrogante comprendió que ya no podía retroceder.

Miró a Seo-yeon.

—Mi-sook no dejó esta boutique para su sobrina.

Seo-yeon apenas pudo hablar.

—Entonces ¿para quién?

La mujer señaló la fotografía.

—Para su hija.

Silencio.

Seo-yeon miró nuevamente al bebé.

Después a su madre.

—Mamá… ¿yo soy esa niña?

La señora comenzó a llorar.

No respondió.

Seo-yeon retrocedió.

La mujer arrogante que minutos antes había golpeado a la señora porque consideraba que no podía pagar un vestido acababa de revelar algo mucho mayor.

Quizás aquella humilde mujer no era la madre biológica de Seo-yeon.

Quizás Mi-sook no era su tía.

Y quizá Seo-yeon no había comprado aquella boutique por casualidad.

Tal vez acababa de comprar, sin saberlo, la empresa que su verdadera madre había dejado para ella.

By yhq9q

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