🔥 PARTE 2 — «¡TU PADRE ME DEBE MILLONES!»

—De quién realmente debía el dinero.

La joven, Seo-yeon, miró al abogado.

—¿Qué quiere decir?

El empresario golpeó la mesa.

—¡NO LE CREAS! Tu padre era un estafador.

El abogado abrió lentamente su maletín.

—Entonces esto será muy fácil de explicar.

Sacó una carpeta antigua.

El empresario palideció.

—¿Dónde consiguió eso?

Seo-yeon lo miró.

—¿La reconoce?

—No.

El abogado sonrió.

—Acaba de cometer su primer error.

Puso los documentos sobre la mesa.

—Este es el contrato original firmado hace doce años.

Seo-yeon comenzó a leer.

—Mi padre prestó… ¿veinte millones?

Levantó la mirada.

—¿Él prestó el dinero?

—Exactamente.

El empresario gritó:

—¡MENTIRA!

El abogado señaló la firma.

—Aquí está la suya, señor Kang.

El hombre retrocedió.

Seo-yeon apretó el documento.

—Entonces usted no era acreedor de mi padre.

Silencio.

—Era su deudor.

—¡Tu padre manipuló esos documentos!

El abogado sacó una segunda carpeta.

—Por eso trajimos la certificación bancaria.

Seo-yeon leyó.

La transferencia había salido de una cuenta de su padre.

Destino:

KANG INDUSTRIES.

—Veinte millones…

El empresario intentó marcharse.

Seo-yeon bloqueó la puerta.

—¿Adónde va?

—¡Quítate!

—Me golpeó exigiéndome una deuda que usted mismo debía.

—¡Eso ocurrió hace diez años!

El abogado negó.

—Y jamás devolvió el préstamo.

El empresario soltó una carcajada.

—Entonces demándenme.

—Eso pensábamos hacer.

El abogado sacó otro documento.

—Hasta que encontramos esto.

La sonrisa desapareció.

—¿Qué es?

—Una garantía.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Qué dejó como garantía?

El abogado miró alrededor de la enorme oficina.

—Esta compañía.

Silencio absoluto.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—¿Kang Industries?

—El 40 % de las acciones.

El empresario golpeó la mesa.

—¡ESE ACUERDO FUE CANCELADO!

—¿Por quién?

Nada.

—Señor Kang…

—¡POR TU PADRE!

El abogado negó.

—Imposible.

—¿Por qué?

—Porque la supuesta cancelación está fechada tres días después de su muerte.

El empresario dejó de respirar.

Seo-yeon miró lentamente hacia él.

—¿Falsificó la firma de un muerto?

—¡NO!

El abogado puso ambos documentos juntos.

—Un perito ya confirmó que esta firma es falsa.

Seo-yeon sintió que la rabia aumentaba.

—Durante diez años mi familia creyó que mi padre murió endeudado.

Nada.

—Mi madre vendió nuestra casa.

El empresario bajó la mirada.

—Yo abandoné la universidad para trabajar.

Silencio.

—Y usted sabía que todo era mentira.

—Tu padre también tenía secretos.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Qué secretos?

El empresario sonrió.

—Pregúntale a tu abogado por qué tardó diez años en aparecer.

Seo-yeon giró.

—¿Qué quiere decir?

El abogado permaneció callado.

—Señor Park…

Nada.

—¿Usted tenía estos documentos desde hace años?

—No todos.

—¿Desde cuándo sabía que existía el préstamo?

Silencio.

—¡RESPONDA!

—Desde antes de que su padre muriera.

Seo-yeon retrocedió.

—¿Entonces por qué nunca nos dijo nada?

El abogado cerró los ojos.

—Porque su padre me lo prohibió.

—¿Por qué?

—Quería protegerla.

Seo-yeon soltó una risa amarga.

—¿De veinte millones?

—No.

El abogado miró al empresario.

—De lo que realmente compró con ese dinero.

El empresario golpeó la mesa.

—¡CÁLLESE!

Seo-yeon giró hacia él.

—¿Qué compró?

Nada.

El abogado respondió:

—Su padre no le prestó veinte millones para salvar Kang Industries.

Sacó una fotografía.

—Le dio el dinero para comprar otra compañía.

Seo-yeon tomó la foto.

Reconoció inmediatamente el edificio.

—Han Technologies…

—Sí.

—Pero Han Technologies pertenece a Kang Group.

El abogado negó.

—Actualmente.

Seo-yeon comenzó a comprender.

—¿Antes era de mi padre?

—El 70 %.

El empresario retrocedió.

—Eso no puede demostrarse.

El abogado abrió otra carpeta.

—Sí puede.

Seo-yeon vio certificados originales de acciones.

Nombre del propietario:

HAN JAE-SUNG.

Su padre.

—¿Cómo terminaron sus acciones en manos de él?

El abogado miró al empresario.

—Tres días después de la muerte del señor Han apareció un documento transfiriéndolas.

Seo-yeon sintió un escalofrío.

—Otra firma posterior a su muerte.

—Exactamente.

El empresario gritó:

—¡YO NO HICE ESO!

Seo-yeon se acercó.

—Entonces ¿quién?

El hombre guardó silencio.

—¡¿QUIÉN?!

Finalmente respondió:

—Tu madre.

Seo-yeon quedó congelada.

—No meta a mi madre.

—Ella firmó como testigo.

El abogado intervino:

—Eso es cierto.

Seo-yeon giró.

—¿Mi madre sabía todo esto?

—Sí.

—¿Por qué nunca me lo contó?

El abogado sacó un sobre amarillento.

—Porque su padre dejó instrucciones específicas.

Seo-yeon reconoció la letra.

—Es suya…

Abrió la carta.

“Seo-yeon: si estás leyendo esto, significa que Kang finalmente intentó cobrarte una deuda que nunca existió.”

Seo-yeon dejó de respirar.

El empresario palideció.

Su padre había previsto aquel momento.

Continuó leyendo:

“No busques solamente el dinero. Pregunta qué ocurrió la noche antes de mi accidente.”

Seo-yeon levantó lentamente la mirada.

—¿Qué accidente?

El empresario respondió:

—Tu padre murió en un accidente de automóvil.

—Eso ya lo sé.

El abogado negó.

—No exactamente.

Seo-yeon lo miró.

—¿Qué significa eso?

—El vehículo fue inspeccionado después.

—¿Y?

—Los frenos habían sido manipulados.

Silencio absoluto.

Seo-yeon miró al empresario.

Él retrocedió.

—¡YO NO LO MATÉ!

Ella no había acusado a nadie.

—¿Por qué acaba de decir eso?

El hombre comprendió su error.

El abogado sacó una memoria USB.

—Porque sabe que existe esto.

—¿Qué contiene?

—La última grabación de su padre.

El empresario corrió hacia el abogado.

—¡DAME ESO!

Seo-yeon se interpuso.

—¡NO LO TOQUE!

El abogado conectó la memoria a la pantalla de la oficina.

Apareció el padre de Seo-yeon.

La joven se quedó inmóvil.

Hacía diez años que no escuchaba su voz.

“Hija, si algo me ocurre, no creas la historia de la deuda.”

Seo-yeon comenzó a llorar.

“El dinero era mío.”

El empresario cerró los ojos.

“Pero Kang tampoco es quien realmente me lo robó.”

Seo-yeon frunció el ceño.

El empresario levantó la cabeza.

—¿Qué?

La grabación continuó:

“Él solo obedecía órdenes.”

Seo-yeon miró al empresario.

—¿Órdenes de quién?

El video siguió.

“La persona que quiere quedarse con mi empresa está mucho más cerca de ti de lo que imaginas.”

De repente, la puerta se abrió.

Una mujer elegante entró.

Seo-yeon quedó sorprendida.

—Mamá…

Su madre miró la pantalla.

Después al empresario.

—Te dije que destruyeras esa grabación.

Silencio absoluto.

Seo-yeon dejó caer la carta.

—¿Qué acabas de decir?

Su madre cerró los ojos.

El empresario soltó una risa nerviosa.

—Ahora pregúntale a ella quién debía realmente esos millones.

Seo-yeon miró a la mujer que durante diez años había llorado junto a ella la muerte de su padre.

—Mamá…

La mujer no respondió.

—¿Tú sabías que papá no tenía deudas?

—Sí.

—¿Sabías que falsificaron sus documentos?

—Sí.

Seo-yeon comenzó a temblar.

—Entonces ¿por qué permitiste que creyera durante diez años que murió arruinado?

Su madre levantó lentamente la mirada.

—Porque si descubrías la verdad…

—¿Qué?

—Habrías descubierto que tu padre no murió intentando recuperar su empresa.

Silencio.

—¿Entonces por qué murió?

La mujer miró directamente al empresario.

—Porque descubrió quién era realmente el dueño oculto de Kang Industries.

Seo-yeon apretó los puños.

Había entrado en aquella oficina creyendo que su padre había muerto debiendo millones.

Ahora sabía que él había prestado el dinero, le habían robado sus acciones y alguien había falsificado documentos después de su muerte.

Pero todavía faltaba la pregunta más peligrosa:

—Mamá… ¿quién era ese dueño?

Su madre la miró.

Tu abuelo.

Seo-yeon quedó paralizada.

—Mi abuelo murió cuando yo era niña.

La mujer negó lentamente.

—Eso también fue parte de la mentira.

By yhq9q

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