La suegra giró bruscamente hacia su hijo.
—Min-jun… ¿qué significa eso?
Él miró a la pequeña.
—No lo sé.
Seo-yeon abrió su bolso.
—Entonces quizá esto te ayude a recordarlo.
Sacó una fotografía.
Min-jun la tomó.
Su rostro cambió.
En la imagen aparecía él mismo sosteniendo a la niña cuando era apenas un bebé.
—¿Dónde conseguiste esto?
—Tú me la enviaste.
—Eso es imposible.
La suegra arrebató la fotografía.
—¡Esto puede estar manipulado!
Seo-yeon la miró.
—Mire la fecha.
La mujer observó la esquina.
Palideció.
—Hace seis años…
Min-jun miró a Seo-yeon.
—Nosotros terminamos hace siete.
—Eso creías tú.
Silencio.
—¿Qué significa eso?
Seo-yeon tomó la mano de su hija.
—Cuando descubrí que estaba embarazada intenté buscarte.
—¡Nunca me llamaste!
—Te llamé cuarenta y tres veces.
Min-jun quedó inmóvil.
—Nunca recibí esas llamadas.
Seo-yeon miró lentamente a la suegra.
La mujer retrocedió.
Min-jun siguió su mirada.
—Mamá…
—No me mires así.
—¿Tú hiciste algo?
—Solo intentaba protegerte.
Seo-yeon soltó una risa amarga.
—Ahí está.
Min-jun se acercó a su madre.
—¿Qué hiciste?
—Ella no era adecuada para ti.
—¡TE PREGUNTÉ QUÉ HICISTE!
La niña se asustó.
Seo-yeon la abrazó.
—Tranquila, cariño.
La suegra respiró profundamente.
—Bloqueé su número.
Min-jun quedó helado.
—¿Qué?
—También eliminé sus mensajes.
Seo-yeon negó.
—No solamente eso.
Sacó un sobre.
—Esta carta volvió a mi casa.
Min-jun reconoció inmediatamente la letra del frente.
—Está dirigida a mí.
—Sí.
—Nunca la vi.
—Porque tu madre la devolvió.
La suegra intentó agarrarla.
—¡Dame eso!
Min-jun le detuvo la mano.
—¡NO!
Abrió la carta.
Dentro había una ecografía.
Y una frase:
“Min-jun, vas a ser padre.”
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Miró a la pequeña.
—¿Ella… es mi hija?
Seo-yeon respondió:
—Biológicamente, sí.
La suegra gritó:
—¡NO LE CREAS!
Min-jun giró furioso.
—¡YA MENTISTE UNA VEZ!
—¡Esa niña podría ser de cualquiera!
Seo-yeon sacó otro documento.
—Por eso traje esto.
Min-jun lo tomó.
—¿Una prueba de ADN?
—99,99 %.
Silencio absoluto.
Min-jun miró a la niña.
La pequeña retrocedió detrás de su madre.
Él se agachó lentamente.
—¿Cómo te llamas?
—Ji-woo.
Min-jun comenzó a llorar.
—Ji-woo…
La niña lo observó.
—Mamá decía que algún día conocería a mi papá.
La suegra desvió la mirada.
Min-jun se levantó.
—Seis años.
Miró a su madre.
—Me robaste seis años con mi hija.
—¡Lo hice por tu futuro!
—¡ELLA ERA MI FUTURO!
La suegra quedó en silencio.
Seo-yeon tomó la mano de Ji-woo.
—Ya sabes la verdad. Nos vamos.
Min-jun se interpuso.
—Espera.
—¿Para qué?
—Quiero conocerla.
—Eso lo decidirás con tiempo.
—Soy su padre.
Seo-yeon lo miró fijamente.
—Ser padre es mucho más que aparecer en una prueba de ADN.
Min-jun bajó la cabeza.
—Lo sé.
La suegra explotó:
—¡Pues yo no aceptaré a esa niña en esta casa!
Min-jun giró.
—Entonces tendrás un problema.
—¿Me estás amenazando?
—No.
Miró a Ji-woo.
—Estoy eligiendo a mi hija.
La mujer soltó una carcajada.
—¡Esta mansión pertenece a nuestra familia! ¡Yo decido quién entra!
Una voz masculina apareció desde dentro.
—Eso tampoco es cierto.
Todos giraron.
Un anciano elegante caminó hacia la entrada.
Min-jun quedó sorprendido.
—Abuelo…
El hombre miró a Ji-woo.
—Así que finalmente la trajeron.
Seo-yeon quedó inmóvil.
—¿Usted sabía de ella?
El anciano asintió.
Min-jun frunció el ceño.
—¿Desde cuándo?
—Desde que nació.
La expresión de Min-jun se transformó.
—¿TÚ TAMBIÉN?
—Escúchame.
—¡SEIS AÑOS Y NADIE ME DIJO QUE TENÍA UNA HIJA!
El abuelo miró a la suegra.
—Porque tu madre me hizo prometer silencio.
Min-jun golpeó la puerta con la mano.
—¿Por qué todos la obedecieron?
El anciano respondió:
—Porque nos mostró una prueba.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Qué prueba?
El abuelo sacó una fotografía antigua.
En ella aparecía Seo-yeon entrando en un hospital acompañada por otro hombre.
La suegra sonrió.
—Ahora dile quién es él.
Min-jun miró la fotografía.
—Seo-yeon…
—Ese es mi hermano.
La sonrisa de la suegra desapareció.
—¿Qué?
—Mi hermano mayor.
Min-jun miró a su madre.
—¿Me dijiste que ese hombre era su amante?
La suegra guardó silencio.
—¡MAMÁ!
Seo-yeon negó con incredulidad.
—¿Todo esto empezó por esa fotografía?
El abuelo intervino:
—No.
Todos lo miraron.
—Esa fotografía fue solamente la excusa.
La suegra palideció.
—Papá, no.
—Ya es suficiente.
Min-jun frunció el ceño.
—¿Excusa para qué?
El anciano miró a Ji-woo.
—Tu madre sabía perfectamente que era tu hija.
—Entonces ¿por qué quería mantenerla lejos?
Silencio.
—Abuelo…
El hombre respondió:
—Por la herencia.
La suegra cerró los ojos.
Seo-yeon apretó la mano de su hija.
—¿Qué herencia?
El abuelo miró a la pequeña.
—La mía.
Min-jun quedó inmóvil.
—¿Qué tiene que ver Ji-woo con tu herencia?
—Hace ocho años redacté mi testamento.
La suegra intentó interrumpirlo.
—¡No tienes que explicar esto!
—Sí tengo.
Miró a su nieto.
—Mi primer bisnieto recibiría el 30 % de las acciones familiares.
Seo-yeon quedó helada.
—Ji-woo es su primera bisnieta.
—Exactamente.
Min-jun comprendió.
Miró lentamente a su madre.
—Querías ocultarla para que no heredara.
—¡No!
—Entonces ¿por qué?
La mujer comenzó a llorar.
—Porque tu hermana estaba embarazada.
Silencio.
—¿Mi hermana?
—Su bebé debía ser el primero.
Min-jun retrocedió horrorizado.
—¿Me quitaste a mi hija para darle sus acciones al hijo de mi hermana?
—¡Quería proteger el patrimonio!
Seo-yeon explotó:
—¡Era una bebé!
La niña comenzó a llorar.
Seo-yeon se agachó inmediatamente.
—No pasa nada, cariño.
El abuelo se acercó.
—Ji-woo no perderá nada.
La suegra levantó la cabeza.
—¿Qué quieres decir?
El anciano sacó una carpeta.
—Modifiqué el testamento esta mañana.
La mujer palideció.
—No puedes hacer eso.
—Ya lo hice.
Min-jun preguntó:
—¿Qué cambiaste?
El anciano miró a Seo-yeon.
—La madre de mi primera bisnieta administrará sus acciones hasta que cumpla veintiún años.
La suegra quedó helada.
—¿Ella controlará el 30 %?
—Sí.
Seo-yeon negó.
—Yo no vine buscando dinero.
—Lo sé.
El abuelo sonrió.
—Precisamente por eso confío en usted.
La suegra avanzó furiosa.
—¡ESA MUJER NO CONTROLARÁ NUESTRA EMPRESA!
El anciano golpeó su bastón contra el suelo.
—¡Ya basta!
Silencio.
—Después de lo que hiciste, deberías preocuparte por otra cosa.
La mujer retrocedió.
—¿Qué cosa?
El anciano abrió la carpeta.
—La investigación.
Min-jun frunció el ceño.
—¿Qué investigación?
—Al revisar el testamento encontramos transferencias desde el fondo familiar.
La suegra perdió completamente el color.
—Eso no tiene nada que ver con esto.
El abuelo la miró.
—Faltan cinco millones.
Seo-yeon observó a la mujer.
—¿Cinco millones?
Min-jun preguntó:
—Mamá… ¿dónde está ese dinero?
—Yo no lo tomé.
El anciano sacó varios movimientos bancarios.
—Terminó en una cuenta a nombre de alguien que todos conocemos.
—¿Quién?
El anciano miró hacia Ji-woo.
Después a Seo-yeon.
—Tu hermano.
Seo-yeon quedó paralizada.
—¿Mi hermano?
Min-jun la miró.
—El mismo hombre de la fotografía.
—Sí.
La suegra comenzó a retroceder hacia la puerta.
Seo-yeon la vio.
—¿Por qué le transfirió dinero a mi hermano?
—No lo hice.
El abuelo respondió:
—Entonces seguramente tampoco sabrás por qué recibió el primer pago exactamente una semana después del nacimiento de Ji-woo.
Silencio absoluto.
Seo-yeon sintió un escalofrío.
—¿Le pagó para mantenernos alejadas?
La suegra no respondió.
—¡¿LE PAGÓ A MI PROPIO HERMANO?!
Una voz apareció detrás de ellos.
—No fue para mantenerlas alejadas.
Seo-yeon se congeló.
Reconocía esa voz.
Su hermano estaba junto a la entrada.
—¿Entonces para qué te pagó?
El hombre miró a Ji-woo.
Luego a Min-jun.
—Para que nunca descubrieran lo que ocurrió realmente el día que nació.
Seo-yeon abrazó a su hija.
—¿Qué ocurrió?
Su hermano sacó un sobre del bolsillo.
—Ji-woo no fue la única bebé que nació aquel día.
La suegra gritó:
—¡CÁLLATE!
Demasiado tarde.
Min-jun quedó pálido.
—¿Qué estás diciendo?
El hermano de Seo-yeon miró directamente a él.
—Que ustedes tuvieron dos hijas.
Silencio absoluto.
Seo-yeon dejó de respirar.
—¿Dos?
La suegra cerró los ojos.
—No…
Seo-yeon se acercó temblando.
—¿Dónde está mi otra hija?
Nadie respondió.
—¡¿DÓNDE ESTÁ?!
Su hermano miró hacia el interior de la mansión.
—Nunca estuvo lejos.
Desde las escaleras se escuchó la voz de otra niña:
—Abuela… ¿quiénes son ellos?
Todos giraron.
La suegra quedó completamente paralizada.
Seo-yeon miró a la niña que bajaba las escaleras.
Y comprendió que había llegado a aquella mansión para demostrar que Ji-woo pertenecía a esa familia.
Pero ahora debía descubrir por qué su suegra llevaba seis años criando en secreto…
a la hermana gemela de su propia hija.