—No. Pero usted tampoco manda sobre mi esposa.
La señora Kang se quedó inmóvil.
—¿Vas a desafiarme delante de todos por ella?
Min-jun tomó la mano de Seo-yeon.
—La humilló delante de todos. Así que sí.
Soo-jin, su hermana, soltó una risa.
—Hermano, no exageres. Ella siempre ha sido una aprovechada.
Seo-yeon levantó la mirada.
—¿Aprovechada?
La suegra señaló la mansión.
—Comes en nuestra mesa, vives bajo nuestro techo y disfrutas del dinero de esta familia.
Seo-yeon sonrió.
—Entonces hoy es un buen día para contarles algo.
Sacó una carpeta de su bolso.
La dejó sobre la mesa.
—¿Qué es eso? —preguntó Min-jun.
—La deuda de esta casa.
La señora Kang palideció.
—¡Guarda eso!
Demasiado tarde.
Min-jun abrió la carpeta.
—¿Tres millones de dólares?
Miró a su madre.
—¿Hipotecaste la mansión?
Ella no respondió.
—¡MAMÁ!
—La empresa necesitaba dinero.
Seo-yeon intervino:
—Y el banco estaba a punto de ejecutar la deuda.
Soo-jin frunció el ceño.
—¿Cómo sabes eso?
Seo-yeon sacó otro documento.
—Porque yo la compré.
Silencio absoluto.
La suegra retrocedió.
—¿Qué?
—La deuda ahora pertenece a mi compañía.
Soo-jin comenzó a reír.
—¿Tu compañía? Tú ni siquiera trabajas.
Seo-yeon la miró.
—Eso es lo que tu madre les hizo creer.
Min-jun giró hacia ella.
—¿Mamá sabía?
La señora Kang cerró los ojos.
—Sí.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace un año.
Min-jun quedó helado.
—¿Y me mentiste?
La madre golpeó la mesa.
—¡Porque esa mujer no debía tener poder dentro de esta familia!
Seo-yeon respondió:
—Hasta que necesitó mi dinero.
La habitación quedó en silencio.
Min-jun miró a su esposa.
—¿Tú también ayudaste a la empresa?
Seo-yeon asintió.
—Los últimos cuatro meses de nómina salieron de mi cuenta.
Soo-jin dejó caer el tenedor.
—Eso es mentira.
—Pregúntale a tu madre.
Todos la miraron.
La señora Kang susurró:
—Es verdad.
Min-jun retrocedió.
—Entonces Seo-yeon estuvo salvándonos mientras tú la tratabas así.
—¡NO SABES QUIÉN ES ELLA!
Seo-yeon se quedó inmóvil.
—¿Qué significa eso?
La suegra respiró agitadamente.
—Pregúntale por su padre.
Seo-yeon frunció el ceño.
—Mi padre murió hace diecisiete años.
La señora Kang soltó una pequeña carcajada.
—Eso fue lo que te dijeron.
Silencio.
Seo-yeon dejó de respirar.
—¿Qué sabe de mi padre?
La mujer guardó silencio.
Min-jun golpeó la mesa.
—¡Habla!
La suegra sacó una fotografía antigua.
En ella aparecían el padre de Seo-yeon y el fallecido señor Kang.
Juntos.
Frente a la empresa familiar.
—Fueron socios —dijo.
Seo-yeon tomó la fotografía.
—Mi padre nunca mencionó esto.
—Porque tu padre perdió todo por culpa de esta familia.
Min-jun miró a su madre.
—¿Qué hizo papá?
Ella bajó la cabeza.
Seo-yeon sacó otro documento.
—Yo ya lo descubrí.
Todos giraron.
—Mi padre tenía el 40% de Kang Group.
Soo-jin palideció.
—¿Qué?
—Pero alguien falsificó su firma y le quitó sus acciones.
La suegra comenzó a temblar.
Min-jun preguntó:
—¿Fue papá?
Silencio.
—¡CONTESTA!
—Sí.
Seo-yeon cerró los ojos.
Soo-jin se levantó.
—Entonces si ella demuestra eso…
Miró a Seo-yeon.
—¿Puede reclamar parte de la empresa?
—Sí —respondió un hombre desde la puerta.
Todos giraron.
Era el abogado de la familia.
La señora Kang palideció.
—¿Quién lo llamó?
Seo-yeon levantó la mano.
—Yo.
El abogado dejó una carpeta sobre la mesa.
—Y encontramos algo más.
—¿Qué?
—El testamento original del señor Kang.
Min-jun lo abrió.
Leyó.
Su rostro cambió.
—Papá dejó instrucciones para devolver las acciones.
Soo-jin se acercó.
—¿A quién?
Min-jun levantó la mirada.
—Al padre de Seo-yeon.
Ella negó.
—Pero está muerto.
El abogado respondió:
—No.
Silencio absoluto.
Seo-yeon lo miró.
—¿Qué acaba de decir?
—Su padre sigue vivo.
La suegra cerró los ojos.
Seo-yeon casi dejó caer la carpeta.
—¿Dónde está?
Antes de que alguien respondiera…
sonó el timbre.
La señora Kang se puso de pie de golpe.
—No abran.
Min-jun la miró.
—¿Por qué?
—¡HE DICHO QUE NO ABRAN!
Seo-yeon caminó hacia la puerta.
La abrió.
Un hombre mayor estaba allí.
Ella reconoció sus ojos inmediatamente.
—Papá…
El hombre comenzó a llorar.
—Hola, hija.
Seo-yeon quedó paralizada.
—Te enterré hace diecisiete años.
—Lo sé.
—¿Por qué fingiste tu muerte?
El hombre miró hacia el comedor.
Su expresión cambió.
—Porque alguien de esta familia intentó matarme cuando reclamé mis acciones.
Todos quedaron inmóviles.
Seo-yeon miró a su suegra.
—¿Fue usted?
El hombre negó.
—No.
Entonces señaló lentamente hacia la mesa.
Todos siguieron su dedo.
Apuntaba a Soo-jin.
Ella palideció.
—Yo era una niña.
El hombre respondió:
—No te estoy señalando a ti.
Miró detrás de ella.
Su esposo acababa de entrar.
—Estoy señalándolo a él.
Soo-jin giró lentamente.
—¿Mi esposo?
El hombre asintió.
—Su familia fue la que se quedó con mi dinero.
El comedor quedó congelado.
Seo-yeon miró el plato roto que todavía estaba en el suelo.
Minutos antes la habían humillado porque, según su suegra, “la hija de la familia debía comer primero”.
Ahora acababan de descubrir que el hombre casado con esa hija podía ser la razón por la que su propio padre había tenido que desaparecer durante diecisiete años.
Y aquella cena…
apenas acababa de comenzar.