Durante tres años, Seo-yeon había intentado ganarse el cariño de su suegra. Desde que se casó con Min-jun, sabía que la señora Kang nunca estuvo de acuerdo con aquella relación. Para ella, su hijo merecía una mujer de una familia rica, con apellido reconocido y conexiones importantes.
Seo-yeon no tenía nada de eso.
Era una joven trabajadora que había crecido junto a su madre en un pequeño apartamento de Seúl. Había estudiado con becas, conseguido un buen empleo y construido su vida sin depender de nadie.
Pero para la señora Kang aquello nunca era suficiente.
Cada vez que visitaba el apartamento de la pareja encontraba alguna razón para criticarla.
Si Seo-yeon cocinaba, la comida estaba mal.