—Dígale también lo que me pidió a cambio.
Soo-jin giró lentamente hacia su madre.
—Mamá… ¿qué te pidió?
La señora Kang permaneció en silencio.
—¡MAMÁ!
Seo-yeon sostuvo el collar con fuerza.
—¿No quiere decírselo?
Soo-jin señaló la joya.
—¡Ese collar lleva treinta años en nuestra familia!
Seo-yeon negó.
—Llevaba.
—¡Devuélvelo!
—Tu madre me lo entregó voluntariamente.
La señora Kang finalmente habló.
—Es verdad.
Soo-jin quedó helada.
—¿Qué?
—Yo se lo di.
—¿A ella?
—Sí.
Soo-jin soltó una risa nerviosa.
—Perfecto. Entonces recuperémoslo.
Intentó agarrar el collar.
Su madre le detuvo la mano.
—No puedes.
—¿Por qué?
Seo-yeon respondió:
—Porque no fue un regalo.
Silencio.
Soo-jin frunció el ceño.
—¿Entonces qué fue?
Seo-yeon miró a su suegra.
—Un pago.
La mujer perdió el color.
—¡CÁLLATE!
Soo-jin retrocedió.
—¿Pago por qué?
Nada.
—¡MAMÁ, RESPONDE!
Seo-yeon abrió su bolso.
Sacó un pequeño sobre.
La señora Kang corrió hacia ella.
—¡DAME ESO!
Seo-yeon lo apartó.
—¿Ahora sí tiene miedo?
Min-jun, su esposo, apareció entre los invitados.
—¿Qué está pasando?
Soo-jin señaló a Seo-yeon.
—¡Mamá le regaló el collar de la abuela y nadie quiere decirme por qué!
Min-jun miró a su madre.
—¿Es cierto?
La señora Kang cerró los ojos.
—Sí.
Seo-yeon puso el sobre sobre la mesa.
—Me lo entregó hace tres meses.
Min-jun preguntó:
—¿A cambio de qué?
Seo-yeon respondió:
—De que desapareciera de tu vida.
Silencio absoluto.
—¿Qué?
—Tu madre me ofreció dinero, este collar y un apartamento si te abandonaba.
Min-jun giró hacia su madre.
—¿Hiciste eso?
—¡Lo hice para protegerte!
—¿DE MI ESPOSA?
—¡Ella no era adecuada para ti!
Seo-yeon soltó una risa amarga.
—Eso mismo dijo.
Min-jun tomó el sobre.
Dentro había un cheque.
500.000.000 DE WONES.
Soo-jin abrió los ojos.
—¿Le ofreciste quinientos millones?
—¡No los aceptó!
Seo-yeon respondió:
—Correcto.
Min-jun levantó el collar.
—Pero aceptaste esto.
Seo-yeon lo miró.
—Porque tu madre me pidió algo diferente después.
La señora Kang palideció.
—No.
Seo-yeon continuó:
—Cuando rechacé el dinero, me dijo que necesitaba mi ayuda.
Soo-jin preguntó:
—¿Para qué?
La suegra golpeó la mesa.
—¡ESTO ES UN ASUNTO PRIVADO!
Seo-yeon negó.
—Dejó de serlo cuando su hija me llamó ladrona delante de doscientas personas.
La gala quedó completamente callada.
Seo-yeon sacó una memoria USB.
—Su madre me pidió guardar esto.
Min-jun frunció el ceño.
—¿Qué contiene?
—Una grabación.
La señora Kang intentó arrebatársela.
—¡NO LA REPRODUZCAS!
Soo-jin la detuvo.
—Mamá…
Su expresión cambió.
—¿Qué hiciste?
Seo-yeon conectó la memoria a una pantalla.
Apareció el despacho familiar.
La señora Kang estaba hablando con un hombre.
Su voz llenó el salón:
—“Nadie puede descubrir que Soo-jin no es hija de mi esposo.”
Soo-jin dejó de respirar.
—¿Qué…?
La señora Kang cerró los ojos.
—Hija…
—¿QUÉ ACABO DE ESCUCHAR?
Min-jun quedó paralizado.
Seo-yeon detuvo el video.
Soo-jin comenzó a llorar.
—Mamá, dime que está manipulado.
Nada.
—¡DÍMELO!
—No puedo.
Soo-jin retrocedió.
—Entonces… ¿papá no era mi padre?
—No biológicamente.
¡CRASH!
Soo-jin golpeó accidentalmente una copa.
—¿Quién es mi padre?
La señora Kang no respondió.
—¡¿QUIÉN?!
Seo-yeon miró el collar.
—Por eso me lo entregó.
Soo-jin giró.
—¿Qué tiene que ver ese collar conmigo?
Seo-yeon abrió el broche.
Había una diminuta inscripción en la parte posterior.
Soo-jin se acercó.
—¿Qué dice?
Seo-yeon leyó:
“Para Eun-hee. Siempre tuyo, J.H.”
Min-jun frunció el ceño.
—Mamá se llama Eun-hee.
Seo-yeon asintió.
—Y esas iniciales pertenecen al hombre que le regaló el collar.
Soo-jin comenzó a comprender.
—Mi verdadero padre.
La señora Kang lloraba.
—Sí.
—¿Dónde está?
Nada.
—¡MAMÁ!
Seo-yeon respondió:
—Está aquí.
Todos quedaron inmóviles.
La señora Kang levantó la cabeza de golpe.
—¿Qué dijiste?
Seo-yeon miró hacia una de las mesas de la gala.
Un empresario anciano dejó lentamente su copa.
La señora Kang palideció.
—No…
Soo-jin siguió su mirada.
—¿Quién es ese hombre?
El anciano se levantó.
Caminó hacia ellas.
—Mi nombre es Jae-hoon Lee.
Soo-jin miró nuevamente la inscripción.
J.H.
Sus manos comenzaron a temblar.
—¿Usted…?
El hombre miró a la señora Kang.
—Prometiste decírselo cuando cumpliera dieciocho.
Soo-jin giró furiosa.
—¡TENGO TREINTA Y DOS!
Su madre comenzó a llorar.
—Tenía miedo.
—¿De qué?
El anciano respondió:
—De perder todo.
Min-jun frunció el ceño.
—¿Todo qué?
Jae-hoon sacó una carpeta.
—Soo-jin no solamente es mi hija.
Miró directamente a ella.
—Es mi única heredera.
La señora Kang se apoyó en la mesa.
Soo-jin apenas podía hablar.
—¿Heredera de qué?
—Lee Industries.
Los invitados comenzaron a murmurar.
Min-jun quedó sorprendido.
—¿La empresa de tecnología?
—Sí.
Soo-jin miró a su madre.
—¿Sabías que mi padre era multimillonario?
—Sí.
—Entonces ¿por qué me lo ocultaste?
La señora Kang respondió:
—Porque si tu padre te reconocía oficialmente…
Se detuvo.
—¿Qué?
—Tu abuelo Kang habría descubierto que yo le fui infiel a su hijo.
Soo-jin soltó una risa amarga.
—Así que me robaste a mi padre para proteger tu matrimonio.
—¡Quería proteger nuestra familia!
—¿Nuestra familia?
Soo-jin señaló a Seo-yeon.
—Hace diez minutos la golpeé por un collar que ni siquiera pertenecía originalmente a nuestra familia.
Silencio.
Seo-yeon se acercó.
—Todavía falta explicar algo.
Todos la miraron.
—Su madre no me entregó esta grabación solo para proteger el secreto de Soo-jin.
La señora Kang perdió el color.
Jae-hoon frunció el ceño.
—¿Qué otro secreto?
Seo-yeon volvió a reproducir el video.
La conversación continuó.
El hombre desconocido del video preguntaba:
—“¿Y qué harás si Jae-hoon descubre que la niña nació con una hermana gemela?”
Soo-jin quedó completamente inmóvil.
—¿Gemela?
Jae-hoon miró a la señora Kang.
—¿Qué acaba de decir?
Ella retrocedió.
—No significa nada.
—Eun-hee…
—¡Fue hace treinta y dos años!
Soo-jin se acercó.
—¿Tengo una hermana?
Su madre comenzó a llorar.
—Sí.
—¿Dónde está?
Silencio.
—¡¿DÓNDE ESTÁ?!
Seo-yeon detuvo la grabación.
—Eso fue lo que su madre me pidió investigar.
Soo-jin la miró.
—¿La encontraste?
Seo-yeon sostuvo el collar.
—Sí.
La señora Kang cerró los ojos.
—No lo hagas.
Soo-jin se acercó desesperadamente.
—¿Quién es?
Seo-yeon miró alrededor de la gala.
Después señaló hacia la entrada.
Una joven acababa de entrar.
Llevaba en el cuello un collar prácticamente idéntico.
Soo-jin dejó de respirar.
Jae-hoon quedó paralizado.
La desconocida miró a la señora Kang.
—Hola, mamá.
La copa de la mujer cayó al suelo.
Aquella pelea había comenzado porque Soo-jin creyó que Seo-yeon había robado la joya de su madre.
Pero el collar no ocultaba solamente una infidelidad.
Ocultaba una hija.
Una herencia.
Y una hermana que Soo-jin jamás supo que existía.