🔥 PARTE 2 — «¡NO TOQUES A ESE NIÑO!»

—¡No la leas!

Min-jun abrió el documento.

Su rostro perdió completamente el color.

—¿Qué… significa esto?

Seo-yeon abrazó al pequeño.

—Significa exactamente lo que estás leyendo.

La mujer arrogante intentó arrebatarle el acta.

—¡Ese documento es falso!

Min-jun apartó su mano.

—¡NO LO TOQUES!

La mujer quedó inmóvil.

Min-jun volvió a mirar el documento.

MADRE: SEO-YEON HAN.

PADRE: MIN-JUN KANG.

Levantó lentamente la mirada.

—¿Yo soy el padre?

Seo-yeon respondió:

—Sí.

—Eso es imposible.

—¿Por qué?

Min-jun miró al niño.

—Porque me dijeron que nuestro bebé murió al nacer.

Silencio absoluto.

Seo-yeon quedó congelada.

—¿Qué acabas de decir?

—Después del parto me dijeron que nuestro hijo no sobrevivió.

Seo-yeon comenzó a temblar.

—A mí me dijeron otra cosa.

—¿Qué?

—Que tú habías renunciado a él.

Min-jun retrocedió.

—¡Yo jamás hice eso!

Ambos giraron lentamente hacia la mujer arrogante.

Ella comenzó a caminar hacia atrás.

—No me miren así.

Seo-yeon se acercó.

—Tú estabas en el hospital aquel día.

—Porque era amiga de la familia.

Min-jun apretó el acta.

—Y trabajabas en administración.

La mujer guardó silencio.

—¿Qué hiciste?

—Nada.

—¡¿QUÉ HICISTE?!

El niño comenzó a asustarse.

Seo-yeon lo abrazó.

—Tranquilo, cariño.

Min-jun bajó la voz.

—Quiero la verdad.

La mujer respiró profundamente.

—Yo solo entregué unos documentos.

—¿Qué documentos?

Nada.

Seo-yeon recordó algo.

—Los papeles que me hicieron firmar después del parto.

La mujer palideció.

—Estabas medicada.

—Me dijiste que eran documentos médicos.

Min-jun miró a la arrogante.

—¿Qué firmó?

—No recuerdo.

Seo-yeon soltó una risa amarga.

—Claro que recuerdas.

Sacó otra hoja.

—Por eso busqué el expediente original.

La mujer quedó helada.

—¿Tienes el expediente?

—Completo.

Min-jun extendió la mano.

—Dámelo.

Seo-yeon le entregó la carpeta.

Él comenzó a leer.

De repente se detuvo.

—“Solicitud de tutela temporal”.

Miró a Seo-yeon.

—Aquí aparece tu firma.

—Nunca supe qué estaba firmando.

Min-jun pasó otra página.

Su expresión cambió.

—Hay una segunda firma.

Seo-yeon se acercó.

—¿De quién?

Min-jun levantó la mirada hacia la mujer arrogante.

—De ella.

Silencio.

—¿Por qué apareces como testigo?

—¡Porque me lo pidieron!

—¿Quién?

Nada.

—¡¿QUIÉN?!

Una voz respondió desde las escaleras.

—Yo.

Todos giraron.

La madre de Min-jun descendía lentamente.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—Señora Kang…

Min-jun frunció el ceño.

—Mamá, ¿qué tienes que ver con esto?

Su madre miró al niño.

—Más de lo que imaginas.

—¿Tú sabías que estaba vivo?

Silencio.

—Mamá…

—Sí.

Min-jun retrocedió.

—Durante cuatro años…

Su voz se quebró.

—¿Sabías que mi hijo estaba vivo?

—Lo hice por ti.

—¡NO DIGAS ESO!

Golpeó la mesa con el acta.

—¡ME HICISTE LLORAR A MI PROPIO HIJO COMO SI ESTUVIERA MUERTO!

Seo-yeon miró a la mujer.

—¿Y a mí por qué me dijeron que Min-jun había renunciado a él?

La señora Kang respondió:

—Porque necesitaba separarlos.

—¿Por qué?

—Porque tú no eras adecuada para mi hijo.

Seo-yeon apretó los dientes.

—¿Así que nos quitó nuestro bebé?

—No.

—¿Entonces qué hizo con él?

La señora Kang miró a la arrogante.

—Ella debía encontrarle una familia.

Min-jun quedó horrorizado.

—¿Iban a entregar a mi hijo?

La mujer arrogante intervino:

—¡Yo no pude hacerlo!

Todos la miraron.

—¿Qué?

Comenzó a llorar.

—Lo saqué del hospital, pero no pude entregarlo.

Seo-yeon abrazó al niño con más fuerza.

—Entonces ¿dónde estuvo?

—Con una familia que conocía.

—¿Durante cuatro años?

—Sí.

Min-jun se acercó.

—¿Y por qué está aquí ahora?

La mujer guardó silencio.

—¡RESPONDE!

—Porque esa familia descubrió quién era realmente.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Quién era realmente?

La señora Kang gritó:

—¡CÁLLATE!

Demasiado tarde.

La arrogante miró al niño.

—No era un niño cualquiera.

Seo-yeon explotó:

—¡ES MI HIJO! Eso debería haber sido suficiente.

—No hablo de eso.

—¿Entonces?

La mujer señaló el acta.

—Falta una página.

Min-jun revisó la carpeta.

—¿Qué página?

—El anexo del registro.

La señora Kang intentó marcharse.

Min-jun bloqueó las escaleras.

—No vas a ninguna parte.

Seo-yeon preguntó:

—¿Qué dice ese anexo?

La arrogante respondió:

—Quién registró realmente al niño después de sacarlo del hospital.

Min-jun quedó confundido.

—¿No fuiste tú?

—No.

—¿Entonces quién?

La puerta principal se abrió.

Entró un abogado acompañado por un hombre mayor.

La señora Kang perdió completamente el color.

—No…

El anciano miró al pequeño.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Finalmente.

Seo-yeon se puso delante del niño.

—¿Quién es usted?

El hombre la miró.

—Han Dae-sung.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—Ese era el nombre de mi abuelo.

El anciano asintió.

—Lo sé.

—Mi abuelo murió antes de que yo naciera.

—Eso fue lo que te dijeron.

Silencio absoluto.

Seo-yeon apenas pudo hablar.

—¿Usted es…?

—Tu abuelo.

La señora Kang gritó:

—¡NO LE CREAS!

El abogado sacó documentos.

—Tenemos pruebas de identidad.

Min-jun miró a su madre.

—¿Tú también sabías esto?

Ella cerró los ojos.

Seo-yeon preguntó al anciano:

—¿Qué tiene usted que ver con mi hijo?

El hombre señaló al pequeño.

—Yo fui quien impidió que desapareciera para siempre.

La mujer arrogante comenzó a llorar.

—Fue él.

Seo-yeon giró.

—¿Qué?

—Cuando intenté entregar al niño, él apareció.

El anciano continuó:

—Sabía que alguien estaba intentando borrar al último heredero directo de nuestra familia.

Min-jun frunció el ceño.

—¿Heredero de qué?

El abogado abrió su carpeta.

—Del Grupo Han.

La señora Kang se sentó lentamente.

Min-jun miró a Seo-yeon.

—¿Tu familia es dueña de Han Group?

Ella negó.

—Mi madre siempre dijo que lo habíamos perdido todo.

El anciano respondió:

—Porque alguien se encargó de que ella lo creyera.

Miró directamente a la señora Kang.

Seo-yeon siguió su mirada.

—¿Usted?

—¡No!

El anciano sacó una fotografía antigua.

—Esta mujer llevaba años intentando conseguir el control de nuestra compañía.

Min-jun tomó la fotografía.

Aparecía su madre…

junto al padre de Seo-yeon.

Seo-yeon quedó helada.

—¿Por qué estaba usted con mi padre?

La señora Kang no respondió.

—¡¿POR QUÉ?!

El anciano respondió:

—Porque antes de que tú nacieras…

Se detuvo.

—¿Qué?

—Tu padre estuvo comprometido con ella.

Silencio absoluto.

Min-jun retrocedió.

—¿Mi madre iba a casarse con el padre de mi esposa?

—Sí.

Seo-yeon miró a la señora Kang.

—Entonces esto nunca fue porque yo “no era adecuada” para su hijo.

Nada.

—Usted me odiaba desde antes.

La mujer comenzó a llorar.

—Tu padre me abandonó por tu madre.

Seo-yeon comprendió.

—Y años después su hijo se casó conmigo.

—Sí.

—Por eso quiso separarnos.

La señora Kang gritó:

—¡TÚ ME QUITASTE TODO!

Seo-yeon señaló al niño.

—¡ÉL NO TENÍA NADA QUE VER!

—Era el heredero.

Silencio.

Min-jun miró a su madre con horror.

—¿Todo esto fue por dinero?

El abogado intervino:

—No solamente.

Todos giraron.

—¿Qué quiere decir?

El abogado sacó un segundo sobre.

—Hay un detalle en el acta que todavía ninguno ha visto.

Seo-yeon lo abrió.

Leyó.

Y quedó inmóvil.

—No entiendo.

Min-jun se acercó.

—¿Qué dice?

Seo-yeon levantó lentamente la mirada.

—Aquí aparecen dos bebés registrados el mismo día.

Silencio.

—¿Dos? —preguntó Min-jun.

El anciano cerró los ojos.

La señora Kang comenzó a retroceder.

Seo-yeon la vio.

—Usted sabe quién es el otro.

—No.

—¡SÍ LO SABE!

Min-jun agarró el segundo documento.

—El otro bebé también lleva mi apellido.

Seo-yeon quedó helada.

—¿Qué?

Miró a su esposo.

—¿Tuvimos gemelos?

Min-jun negó desesperadamente.

—A mí me dijeron que solo había uno.

Todos miraron a la señora Kang.

Seo-yeon se acercó.

—¿Dónde está mi otro hijo?

La mujer comenzó a llorar.

—Yo…

—¡¿DÓNDE ESTÁ?!

La arrogante respondió por ella:

—No fue entregado a otra familia.

Seo-yeon giró.

—¿Entonces?

La mujer miró hacia el segundo piso de la mansión.

Se escucharon pequeños pasos.

Un niño apareció en lo alto de las escaleras.

Seo-yeon dejó de respirar.

Era prácticamente idéntico al pequeño que tenía abrazado.

Min-jun quedó paralizado.

—No puede ser…

La señora Kang cerró los ojos.

Seo-yeon miró a ambos niños.

Había llegado a aquella mansión intentando demostrar una sola cosa:

que era la madre del niño que sostenía en sus brazos.

El acta lo confirmó.

Pero también acababa de revelar algo que nadie esperaba.

No le habían quitado un hijo.

Le habían quitado dos.

By yhq9q

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *