—Y yo soy el padre.
La mujer arrogante quedó completamente inmóvil.
—¿Qué acabas de decir, Min-jun?
El hombre sostuvo al pequeño contra su pecho.
—Que Seo-yeon es su madre.
La mujer soltó una carcajada nerviosa.
—¡Eso es imposible!
Seo-yeon la miró fijamente.
—¿Por qué sería imposible?
—Porque Min-jun me dijo que la madre del niño había desaparecido.
Seo-yeon giró lentamente hacia él.
—¿Eso le dijiste?
Min-jun guardó silencio.
—¡RESPÓNDEME!
—Sí.
Seo-yeon retrocedió.
—¿Por qué?
La arrogante sonrió.
—Porque nosotros vamos a casarnos.
Silencio absoluto.
Seo-yeon miró a Min-jun.
—¿Casarse?
—No es lo que parece.
—Entonces explícame qué parece.
La mujer levantó orgullosamente su mano.
Llevaba un enorme anillo.
—Parece esto.
Seo-yeon reconoció inmediatamente la joya.
—Ese anillo…
Miró a Min-jun.
—Era de mi madre.
—Seo-yeon, escucha…
¡PLAF!
Seo-yeon le dio una bofetada.
—¡Se lo regalaste!
El niño comenzó a llorar.
Seo-yeon se detuvo inmediatamente.
—Ven, cariño.
Min-jun se lo entregó.
Ella abrazó al pequeño.
La arrogante señaló hacia la puerta.
—¡Perfecto! Toma al niño y lárgate.
Seo-yeon levantó lentamente la mirada.
—¿De dónde?
—De nuestra casa.
Seo-yeon soltó una pequeña risa.
—¿Nuestra?
—Min-jun me dijo que esta mansión será nuestra después de casarnos.
Seo-yeon miró a Min-jun.
—¿También le dijiste eso?
Nada.
—Qué interesante.
La arrogante perdió la paciencia.
—¡SEGURIDAD!
Dos empleados aparecieron.
—Saquen a esta mujer.
Los hombres no se movieron.
—¡¿NO ME ESCUCHARON?!
Uno respondió:
—Sí, señora.
—¡Entonces sáquenla!
El empleado miró a Seo-yeon.
—No podemos.
La mujer frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque la señora Han es la propietaria de la residencia.
Silencio.
La arrogante giró lentamente.
—¿Qué?
Seo-yeon acomodó al niño en sus brazos.
—Esta casa pertenecía a mi madre.
Min-jun cerró los ojos.
La mujer lo miró.
—Me dijiste que era tuya.
—Pensaba que…
Seo-yeon lo interrumpió.
—No. Sabías perfectamente de quién era.
La arrogante comenzó a quitarse el anillo.
—Bueno… hubo una confusión.
Seo-yeon extendió la mano.
—Devuélvemelo.
—Min-jun me lo regaló.
—Y Min-jun nunca fue su propietario.
Silencio.
La mujer miró al hombre.
—¿Me regalaste algo que pertenecía a ella?
—Yo iba a recuperarlo después.
Seo-yeon soltó una risa amarga.
—Excelente explicación.
La arrogante se quitó el anillo violentamente.
Lo lanzó sobre la mesa.
—¡TÓMALO!
Seo-yeon lo recogió.
Lo observó durante unos segundos.
—Mi madre me dejó esto antes de morir.
La arrogante cruzó los brazos.
—¿Ya terminamos?
—No.
Seo-yeon miró a Min-jun.
—¿Dónde están los documentos?
Él palideció.
—¿Qué documentos?
—Los de la custodia.
La arrogante sonrió.
Seo-yeon lo notó.
—¿Qué te causa gracia?
—Nada.
—Tú sabes algo.
—Solo sé que Min-jun está solicitando la custodia exclusiva.
Seo-yeon quedó inmóvil.
—¿Qué?
Min-jun intervino.
—Seo-yeon, podemos hablarlo.
—¿Quieres quitarme a mi hijo?
—Quiero protegerlo.
—¿DE MÍ?
La mujer arrogante respondió:
—De una madre que desapareció durante ocho meses.
Seo-yeon giró lentamente.
—¿Eso fue lo que te contó?
—Es lo que ocurrió.
Seo-yeon abrió su bolso.
Sacó una carpeta médica.
La dejó sobre la mesa.
—Estuve ocho meses recuperándome después del accidente.
Min-jun bajó la mirada.
La arrogante tomó los documentos.
—Hospital de Singapur…
Miró a Min-jun.
—Tú dijiste que ella los había abandonado.
Seo-yeon respondió:
—Él sabía dónde estaba.
La mujer quedó helada.
—¿Qué?
—Me visitó tres veces.
Min-jun apretó los puños.
—No entiendes.
—Entonces hazme entender.
Silencio.
Seo-yeon se acercó.
—¿Por qué dijiste que abandoné a mi hijo?
—Porque necesitaba que…
Se detuvo.
—¿Necesitabas qué?
Nada.
La arrogante comenzó a comprender.
—¿Me ibas a casar contigo para ayudarte con la custodia?
Min-jun no respondió.
—¡RESPONDE!
—Sí.
La mujer quedó devastada.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Por qué necesitas tanto la custodia?
Min-jun miró al niño.
—Porque cuando cumpla cinco años…
—¿Qué?
—Recibirá su herencia.
Seo-yeon quedó inmóvil.
—¿Qué herencia?
Una voz respondió desde las escaleras.
—La que su abuela le dejó.
Todos giraron.
Un abogado descendía sosteniendo una carpeta.
Seo-yeon lo reconoció.
—Señor Park…
—Señora Han.
Min-jun palideció.
—¿Qué hace aquí?
—Su esposa me llamó esta mañana.
El abogado abrió la carpeta.
—La madre de Seo-yeon dejó un fideicomiso para su nieto.
Seo-yeon preguntó:
—¿Cuánto?
—Una participación del 40 % en Han Group.
La arrogante abrió los ojos.
—¿El niño tiene el 40 %?
—Lo tendrá cuando se cumplan las condiciones del fideicomiso.
Seo-yeon miró a Min-jun.
Todo comenzó a encajar.
—Por eso querías la custodia.
—No.
—¡POR ESO INVENTASTE QUE LO ABANDONÉ!
—¡Yo soy su padre!
El abogado intervino.
—Eso podría convertirse en otro problema.
Todos lo miraron.
Min-jun frunció el ceño.
—¿Qué quiere decir?
El abogado sacó un sobre.
—La señora Han pidió una prueba antes de regresar.
Seo-yeon quedó sorprendida.
—¿Ya llegaron los resultados?
—Esta mañana.
Min-jun comenzó a ponerse nervioso.
La arrogante lo observó.
—¿Por qué estás así?
—No estoy nervioso.
Seo-yeon tomó el sobre.
—Entonces abramos esto.
Min-jun intentó arrebatárselo.
—¡NO!
Seo-yeon retrocedió.
—¿Por qué?
Silencio.
—Min-jun…
Él miró al niño.
Seo-yeon sintió un escalofrío.
—¿Qué sabes que yo no sé?
Nada.
Abrió el sobre.
Leyó.
Su expresión cambió.
—No…
El abogado se acercó.
—¿Señora Han?
Seo-yeon volvió a leer.
—Esto dice que Min-jun…
Levantó lentamente la mirada.
—no es el padre biológico.
La arrogante quedó boquiabierta.
—¿QUÉ?
Min-jun cerró los ojos.
Seo-yeon comenzó a temblar.
—Tú lo sabías.
—Sí.
—¿Desde cuándo?
—Desde que nació.
¡PLAF!
Seo-yeon lo abofeteó.
—¡ME MENTISTE DURANTE CUATRO AÑOS!
—¡Porque lo amo como si fuera mío!
Seo-yeon abrazó con más fuerza al niño.
—Entonces ¿por qué intentabas usarlo para controlar su herencia?
Min-jun no pudo responder.
El abogado intervino:
—Hay algo más.
Seo-yeon lo miró.
—¿Qué más puede haber?
—Su madre dejó instrucciones específicas sobre el padre biológico.
Seo-yeon palideció.
—Mi madre sabía quién era.
—Sí.
—¿Quién?
El abogado sacó una fotografía.
Min-jun gritó:
—¡NO SE LA ENSEÑE!
Demasiado tarde.
Seo-yeon tomó la foto.
En ella aparecía ella misma en el hospital después del parto.
A su lado había un hombre.
Seo-yeon quedó completamente inmóvil.
—No puede ser…
La arrogante se acercó.
—¿Quién es?
Seo-yeon apenas pudo hablar.
—El médico que me salvó después del accidente.
El abogado negó.
—No era solamente su médico.
Seo-yeon levantó la mirada.
—¿Dónde está él?
Una voz masculina respondió desde la entrada de la mansión.
—Aquí.
Todos giraron.
Un hombre elegante permanecía en la puerta.
Min-jun retrocedió.
—Tú…
El desconocido miró primero al niño.
Después a Seo-yeon.
—Perdóname.
Seo-yeon se quedó sin palabras.
—¿Tú eres su padre?
El hombre asintió.
Pero Min-jun comenzó a reír nerviosamente.
—Dile toda la verdad.
Seo-yeon giró.
—¿Qué verdad?
Min-jun señaló al recién llegado.
—Pregúntale por qué desapareció antes de que naciera el niño.
El hombre cerró los ojos.
—Porque alguien me pagó para desaparecer.
Seo-yeon quedó helada.
—¿Quién?
El hombre miró directamente a Min-jun.
—Él.
Silencio absoluto.
Seo-yeon sintió que todas las piezas cambiaban de lugar.
Aquella mujer había entrado a la mansión llamándola “solo la niñera”.
Pero Seo-yeon era la madre.
Era la propietaria de la casa.
Su hijo era heredero de una fortuna.
Y ahora acababa de descubrir que el hombre que durante años fingió ser su padre…
había pagado al verdadero para que desapareciera.