🔥 PARTE 2 — «¡ERES SOLO LA NIÑERA!»

—Y yo soy el padre.

La mujer arrogante quedó completamente inmóvil.

—¿Qué acabas de decir, Min-jun?

El hombre sostuvo al pequeño contra su pecho.

—Que Seo-yeon es su madre.

La mujer soltó una carcajada nerviosa.

—¡Eso es imposible!

Seo-yeon la miró fijamente.

—¿Por qué sería imposible?

—Porque Min-jun me dijo que la madre del niño había desaparecido.

Seo-yeon giró lentamente hacia él.

—¿Eso le dijiste?

Min-jun guardó silencio.

—¡RESPÓNDEME!

—Sí.

Seo-yeon retrocedió.

—¿Por qué?

La arrogante sonrió.

—Porque nosotros vamos a casarnos.

Silencio absoluto.

Seo-yeon miró a Min-jun.

—¿Casarse?

—No es lo que parece.

—Entonces explícame qué parece.

La mujer levantó orgullosamente su mano.

Llevaba un enorme anillo.

—Parece esto.

Seo-yeon reconoció inmediatamente la joya.

—Ese anillo…

Miró a Min-jun.

—Era de mi madre.

—Seo-yeon, escucha…

¡PLAF!

Seo-yeon le dio una bofetada.

—¡Se lo regalaste!

El niño comenzó a llorar.

Seo-yeon se detuvo inmediatamente.

—Ven, cariño.

Min-jun se lo entregó.

Ella abrazó al pequeño.

La arrogante señaló hacia la puerta.

—¡Perfecto! Toma al niño y lárgate.

Seo-yeon levantó lentamente la mirada.

—¿De dónde?

—De nuestra casa.

Seo-yeon soltó una pequeña risa.

—¿Nuestra?

—Min-jun me dijo que esta mansión será nuestra después de casarnos.

Seo-yeon miró a Min-jun.

—¿También le dijiste eso?

Nada.

—Qué interesante.

La arrogante perdió la paciencia.

—¡SEGURIDAD!

Dos empleados aparecieron.

—Saquen a esta mujer.

Los hombres no se movieron.

—¡¿NO ME ESCUCHARON?!

Uno respondió:

—Sí, señora.

—¡Entonces sáquenla!

El empleado miró a Seo-yeon.

—No podemos.

La mujer frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Porque la señora Han es la propietaria de la residencia.

Silencio.

La arrogante giró lentamente.

—¿Qué?

Seo-yeon acomodó al niño en sus brazos.

—Esta casa pertenecía a mi madre.

Min-jun cerró los ojos.

La mujer lo miró.

—Me dijiste que era tuya.

—Pensaba que…

Seo-yeon lo interrumpió.

—No. Sabías perfectamente de quién era.

La arrogante comenzó a quitarse el anillo.

—Bueno… hubo una confusión.

Seo-yeon extendió la mano.

—Devuélvemelo.

—Min-jun me lo regaló.

—Y Min-jun nunca fue su propietario.

Silencio.

La mujer miró al hombre.

—¿Me regalaste algo que pertenecía a ella?

—Yo iba a recuperarlo después.

Seo-yeon soltó una risa amarga.

—Excelente explicación.

La arrogante se quitó el anillo violentamente.

Lo lanzó sobre la mesa.

—¡TÓMALO!

Seo-yeon lo recogió.

Lo observó durante unos segundos.

—Mi madre me dejó esto antes de morir.

La arrogante cruzó los brazos.

—¿Ya terminamos?

—No.

Seo-yeon miró a Min-jun.

—¿Dónde están los documentos?

Él palideció.

—¿Qué documentos?

—Los de la custodia.

La arrogante sonrió.

Seo-yeon lo notó.

—¿Qué te causa gracia?

—Nada.

—Tú sabes algo.

—Solo sé que Min-jun está solicitando la custodia exclusiva.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—¿Qué?

Min-jun intervino.

—Seo-yeon, podemos hablarlo.

—¿Quieres quitarme a mi hijo?

—Quiero protegerlo.

—¿DE MÍ?

La mujer arrogante respondió:

—De una madre que desapareció durante ocho meses.

Seo-yeon giró lentamente.

—¿Eso fue lo que te contó?

—Es lo que ocurrió.

Seo-yeon abrió su bolso.

Sacó una carpeta médica.

La dejó sobre la mesa.

—Estuve ocho meses recuperándome después del accidente.

Min-jun bajó la mirada.

La arrogante tomó los documentos.

—Hospital de Singapur…

Miró a Min-jun.

—Tú dijiste que ella los había abandonado.

Seo-yeon respondió:

—Él sabía dónde estaba.

La mujer quedó helada.

—¿Qué?

—Me visitó tres veces.

Min-jun apretó los puños.

—No entiendes.

—Entonces hazme entender.

Silencio.

Seo-yeon se acercó.

—¿Por qué dijiste que abandoné a mi hijo?

—Porque necesitaba que…

Se detuvo.

—¿Necesitabas qué?

Nada.

La arrogante comenzó a comprender.

—¿Me ibas a casar contigo para ayudarte con la custodia?

Min-jun no respondió.

—¡RESPONDE!

—Sí.

La mujer quedó devastada.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Por qué necesitas tanto la custodia?

Min-jun miró al niño.

—Porque cuando cumpla cinco años…

—¿Qué?

—Recibirá su herencia.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—¿Qué herencia?

Una voz respondió desde las escaleras.

—La que su abuela le dejó.

Todos giraron.

Un abogado descendía sosteniendo una carpeta.

Seo-yeon lo reconoció.

—Señor Park…

—Señora Han.

Min-jun palideció.

—¿Qué hace aquí?

—Su esposa me llamó esta mañana.

El abogado abrió la carpeta.

—La madre de Seo-yeon dejó un fideicomiso para su nieto.

Seo-yeon preguntó:

—¿Cuánto?

—Una participación del 40 % en Han Group.

La arrogante abrió los ojos.

—¿El niño tiene el 40 %?

—Lo tendrá cuando se cumplan las condiciones del fideicomiso.

Seo-yeon miró a Min-jun.

Todo comenzó a encajar.

—Por eso querías la custodia.

—No.

—¡POR ESO INVENTASTE QUE LO ABANDONÉ!

—¡Yo soy su padre!

El abogado intervino.

—Eso podría convertirse en otro problema.

Todos lo miraron.

Min-jun frunció el ceño.

—¿Qué quiere decir?

El abogado sacó un sobre.

—La señora Han pidió una prueba antes de regresar.

Seo-yeon quedó sorprendida.

—¿Ya llegaron los resultados?

—Esta mañana.

Min-jun comenzó a ponerse nervioso.

La arrogante lo observó.

—¿Por qué estás así?

—No estoy nervioso.

Seo-yeon tomó el sobre.

—Entonces abramos esto.

Min-jun intentó arrebatárselo.

—¡NO!

Seo-yeon retrocedió.

—¿Por qué?

Silencio.

—Min-jun…

Él miró al niño.

Seo-yeon sintió un escalofrío.

—¿Qué sabes que yo no sé?

Nada.

Abrió el sobre.

Leyó.

Su expresión cambió.

—No…

El abogado se acercó.

—¿Señora Han?

Seo-yeon volvió a leer.

—Esto dice que Min-jun…

Levantó lentamente la mirada.

—no es el padre biológico.

La arrogante quedó boquiabierta.

—¿QUÉ?

Min-jun cerró los ojos.

Seo-yeon comenzó a temblar.

—Tú lo sabías.

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde que nació.

¡PLAF!

Seo-yeon lo abofeteó.

—¡ME MENTISTE DURANTE CUATRO AÑOS!

—¡Porque lo amo como si fuera mío!

Seo-yeon abrazó con más fuerza al niño.

—Entonces ¿por qué intentabas usarlo para controlar su herencia?

Min-jun no pudo responder.

El abogado intervino:

—Hay algo más.

Seo-yeon lo miró.

—¿Qué más puede haber?

—Su madre dejó instrucciones específicas sobre el padre biológico.

Seo-yeon palideció.

—Mi madre sabía quién era.

—Sí.

—¿Quién?

El abogado sacó una fotografía.

Min-jun gritó:

—¡NO SE LA ENSEÑE!

Demasiado tarde.

Seo-yeon tomó la foto.

En ella aparecía ella misma en el hospital después del parto.

A su lado había un hombre.

Seo-yeon quedó completamente inmóvil.

—No puede ser…

La arrogante se acercó.

—¿Quién es?

Seo-yeon apenas pudo hablar.

—El médico que me salvó después del accidente.

El abogado negó.

—No era solamente su médico.

Seo-yeon levantó la mirada.

—¿Dónde está él?

Una voz masculina respondió desde la entrada de la mansión.

—Aquí.

Todos giraron.

Un hombre elegante permanecía en la puerta.

Min-jun retrocedió.

—Tú…

El desconocido miró primero al niño.

Después a Seo-yeon.

—Perdóname.

Seo-yeon se quedó sin palabras.

—¿Tú eres su padre?

El hombre asintió.

Pero Min-jun comenzó a reír nerviosamente.

—Dile toda la verdad.

Seo-yeon giró.

—¿Qué verdad?

Min-jun señaló al recién llegado.

—Pregúntale por qué desapareció antes de que naciera el niño.

El hombre cerró los ojos.

—Porque alguien me pagó para desaparecer.

Seo-yeon quedó helada.

—¿Quién?

El hombre miró directamente a Min-jun.

—Él.

Silencio absoluto.

Seo-yeon sintió que todas las piezas cambiaban de lugar.

Aquella mujer había entrado a la mansión llamándola “solo la niñera”.

Pero Seo-yeon era la madre.

Era la propietaria de la casa.

Su hijo era heredero de una fortuna.

Y ahora acababa de descubrir que el hombre que durante años fingió ser su padre…

había pagado al verdadero para que desapareciera.

By yhq9q

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