—¿Mi padre?
Seo-yeon miró a la anciana.
La señora Kang palideció.
—¡Mamá, cállate!
La anciana no soltó su muñeca.
—He guardado este secreto durante veintisiete años.
Seo-yeon se acercó.
—¿Qué sabe de mi padre?
Min-jun intervino:
—Seo-yeon, no la escuches.
Ella giró furiosa.
—¡Tú cállate!
Min-jun se tocó la mejilla.
—¿Todavía estás enfadada por una broma?
Seo-yeon lo miró incrédula.
—Tu madre me tiró vino encima, quiso obligarme a besar sus zapatos…
Se acercó.
—Y tú te reíste.
La señora Kang gritó:
—¡Porque necesitas aprender cuál es tu lugar!
La anciana golpeó el suelo con su bastón.
—¡SU LUGAR ESTABA EN ESTA CASA ANTES QUE EL TUYO!
Silencio absoluto.
La suegra quedó blanca.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
La anciana miró a su hija.
—Díselo tú.
—No.
—¡DÍSELO!
La señora Kang comenzó a temblar.
—Su padre…
Se detuvo.
Seo-yeon perdió la paciencia.
—¡¿QUÉ PASA CON MI PADRE?!
La anciana respondió:
—Él construyó esta mansión.
Min-jun quedó inmóvil.
—¿Qué?
Seo-yeon negó.
—Mi padre era contador.
—Eso fue lo que te hicieron creer.
La anciana caminó hacia un viejo retrato familiar.
Lo retiró de la pared.
Detrás había una caja fuerte.
La señora Kang corrió hacia ella.
—¡NO LA ABRAS!
Demasiado tarde.
La anciana introdujo una llave.
CLIC.
Sacó una carpeta antigua.
La entregó a Seo-yeon.
—Lee el nombre.
Seo-yeon abrió la primera página.
Sus manos comenzaron a temblar.
PROPIETARIO ORIGINAL: HAN JAE-SUNG.
—Ese es…
—Tu padre.
Min-jun tomó el documento.
—Entonces esta mansión…
—Pertenecía a su familia —respondió la anciana.
La señora Kang gritó:
—¡LA COMPRAMOS LEGALMENTE!
—Mentira —respondió su madre.
Silencio.
—Tu esposo falsificó la venta.
Min-jun retrocedió.
—¿Papá?
La anciana asintió.
—Y eso fue solamente el principio.
Seo-yeon levantó la mirada.
—¿Qué más le quitaron?
Nadie respondió.
—¡¿QUÉ MÁS?!
La anciana sacó otra carpeta.
KANG GROUP — DOCUMENTOS DE CONSTITUCIÓN.
Seo-yeon comenzó a leer.
Y quedó inmóvil.
—Mi padre aparece como fundador.
—Porque lo fue.
Min-jun negó.
—Kang Group la fundó mi padre.
—No.
La anciana señaló una cifra.
67 % — HAN JAE-SUNG.
Min-jun dejó caer el documento.
—No puede ser.
Seo-yeon miró a su suegra.
—¿Su familia le robó la empresa a mi padre?
La mujer comenzó a llorar.
—Yo no tuve elección.
—Siempre hay una elección.
Seo-yeon señaló sus zapatos.
—Hace cinco minutos eligió intentar ponerme de rodillas.
Silencio.
—Ahora dígame dónde está mi padre.
La suegra levantó la cabeza.
—Está muerto.
La anciana respondió inmediatamente:
—Otra mentira.
Seo-yeon dejó de respirar.
—¿Qué?
—Tu padre está vivo.
Seo-yeon retrocedió.
—No.
—Sí.
—Yo fui a su funeral.
—El ataúd estaba vacío.
Silencio absoluto.
Seo-yeon sintió que las piernas le fallaban.
—¿Dónde está?
La anciana miró a su hija.
—Ella lo sabe.
Seo-yeon giró.
—¿DÓNDE ESTÁ MI PADRE?
La señora Kang negó.
—No puedo decírtelo.
—¿Por qué?
—Porque si regresa…
Miró alrededor de la lujosa mansión.
—perderemos todo.
Min-jun explotó.
—¡MAMÁ, DÍSELO!
—¡TÚ TAMBIÉN LO PERDERÁS TODO!
—¡ME DA IGUAL!
Seo-yeon lo miró.
—Ahora te da igual.
Min-jun quedó callado.
—Hace diez minutos te reías de mí.
—Seo-yeon…
—No me toques.
La anciana sacó un teléfono antiguo.
—Tu padre me pidió que te entregara esto cuando llegara el momento.
Seo-yeon lo tomó.
—¿Cuándo habló con él?
—Ayer.
Todos quedaron congelados.
—¿AYER?
La señora Kang perdió completamente el color.
El teléfono comenzó a sonar.
LLAMADA ENTRANTE.
Seo-yeon miró la pantalla.
Solo aparecía:
PAPÁ.
Sus manos temblaron.
Contestó.
—¿Hola?
Una voz masculina respondió:
—Hija…
Seo-yeon comenzó a llorar.
—¿Papá?
—Perdóname.
—¿Dónde estás?
—Cerca.
—¡Dime dónde!
—Primero necesito que salgas de esa casa.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Por qué?
Silencio.
—Porque la persona que intentó destruirme hace veintisiete años…
La voz hizo una pausa.
—está sentada ahora mismo en esa mesa.
Seo-yeon levantó lentamente la mirada.
Observó a Min-jun.
A su suegra.
A cada miembro de la familia.
—¿Quién?
De repente…
la llamada se cortó.
—¡Papá!
Nada.
Entonces se escucharon varios automóviles detenerse frente a la mansión.
La señora Kang corrió hacia la ventana.
Y comenzó a temblar.
—No…
Seo-yeon se acercó.
—¿Qué pasa?
La mujer retrocedió.
—Él regresó.
Las puertas de la mansión se abrieron.
Un hombre mayor entró acompañado por dos abogados.
Seo-yeon quedó completamente paralizada.
—Papá…
Han Jae-sung miró a su hija.
Después vio el vino sobre su vestido.
La marca roja en su mejilla.
Y finalmente…
los zapatos de la señora Kang.
—¿Qué ocurrió aquí?
Nadie respondió.
Seo-yeon señaló a su suegra.
—Me pidió que me arrodillara y besara sus zapatos.
El rostro de Han Jae-sung cambió.
La señora Kang retrocedió.
—Señor Han…
Él levantó una mano.
—No vine a escuchar excusas.
Uno de sus abogados puso una carpeta sobre la mesa.
—Vine a recuperar lo que me robaron.
Min-jun miró los documentos.
—¿Qué es eso?
Han Jae-sung respondió:
—Una orden judicial y los documentos originales de Kang Group.
La suegra palideció.
Seo-yeon preguntó:
—¿Qué significa?
Su padre la miró.
—Que mañana iniciaremos el proceso para recuperar las acciones.
—¿Cuántas?
—Las suficientes para controlar la compañía.
Silencio.
La señora Kang perdió las fuerzas.
Pero Han Jae-sung todavía no había terminado.
Sacó otro documento.
—Y esta mansión…
Miró alrededor.
—nunca dejó legalmente de pertenecerme.
La señora Kang quedó helada.
Seo-yeon observó a la mujer que minutos antes había gritado:
“¡De rodillas! ¡Besa mis zapatos!”
Ahora era ella quien apenas podía mantenerse en pie.
Min-jun corrió hacia Seo-yeon.
—Podemos arreglar nuestro matrimonio.
Ella lo miró.
—¿Ahora?
—¡Yo no sabía nada de esto!
—No necesitabas saber quién era mi padre para respetarme.
Silencio.
Seo-yeon tomó su bolso.
—Cuando pensabas que yo no tenía poder, te reíste.
Se quitó el anillo.
Lo dejó sobre la mesa.
—Ese fue tu verdadero error.
La señora Kang preguntó temblando:
—¿Qué van a hacer con nosotros?
Seo-yeon miró a su padre.
Después volvió a mirar a la mujer.
—Eso lo decidirán los tribunales.
Caminó hacia la puerta.
Pero antes de salir se detuvo.
—Y una cosa más.
La suegra levantó la mirada.
Seo-yeon señaló sus zapatos.
—Límpielos usted misma.
Y salió junto a su padre.
La familia quedó en completo silencio.
Porque aquella noche habían intentado poner de rodillas a una mujer que creían insignificante…
sin saber que acababan de humillar a la heredera de todo aquello que llamaban suyo.