🔥 PARTE 2 — «¡COME COMO LA SIRVIENTA QUE ERES!»

—¡Atrévete a tocarla!

Min-jun sintió que alguien le sujetaba la muñeca.

Giró furioso.

Y se quedó pálido.

—¿Abuelo?

El anciano soltó lentamente su brazo.

—Si vuelves a levantarle la mano a tu esposa, te olvidas de que eres mi nieto.

La señora Kang se levantó indignada.

—¡Papá! ¡Ella acaba de abofetearme!

El abuelo miró el rostro de Seo-yeon todavía cubierto de comida.

—¿Y tú qué le hiciste?

Silencio.

Seo-yeon respondió:

—Me agarró de la cabeza y me hundió la cara en el plato.

El abuelo miró a su hija.

—¿Es verdad?

—¡Ella necesitaba aprender cuál es su lugar!

—¿Su lugar?

El anciano golpeó la mesa con su bastón.

—¡Tú eres quien parece haber olvidado el suyo!

Todos quedaron inmóviles.

Min-jun intervino.

—Abuelo, mamá solo estaba bromeando.

Seo-yeon lo miró.

—¿Bromeando?

—Seo-yeon, cálmate.

Ella soltó una pequeña carcajada.

—Tu madre me humilla y tú te ríes.

Se quitó lentamente el anillo.

Min-jun dejó de sonreír.

—¿Qué haces?

Seo-yeon puso el anillo sobre la mesa.

—Facilitarte las cosas.

—¿Qué significa eso?

—Que desde esta noche puedes reírte sin esposa.

Silencio absoluto.

—¡No seas ridícula!

Min-jun intentó tomarle la mano.

Ella retrocedió.

—No me toques.

La suegra sonrió.

—¡Perfecto! ¡Vete!

Señaló la puerta.

—Y no saques nada de esta casa. Todo pertenece a los Kang.

Seo-yeon se detuvo.

—¿Todo?

—Hasta la ropa que llevas seguramente la pagó mi hijo.

El abuelo cerró los ojos.

—Ya basta.

Pero Seo-yeon levantó una mano.

—No, abuelo.

Miró a su suegra.

—Quiero escucharla.

La mujer continuó:

—Sin mi hijo volverás a ser una don nadie.

Seo-yeon sacó su teléfono.

Marcó.

—Señor Lee, detenga la transferencia de mañana.

La sonrisa de la suegra desapareció.

—¿Qué transferencia?

Seo-yeon colgó.

—Los diez millones que necesita Kang Group.

Min-jun frunció el ceño.

—¿Qué diez millones?

Su madre palideció.

—No la escuches.

El abuelo golpeó la mesa.

—¡DÍSELO!

Min-jun miró a todos.

—¿Decirme qué?

Seo-yeon respondió:

—La empresa de tu familia está prácticamente quebrada.

Silencio.

—Eso es mentira.

—Pregúntale a tu madre.

Min-jun giró.

—¿Mamá?

Ella no respondió.

—¡¿ES VERDAD?!

—Tuvimos algunos problemas.

Seo-yeon abrió su teléfono.

—Dieciocho millones en deudas no son “algunos problemas”.

Min-jun quedó helado.

—¿Dieciocho millones?

La suegra señaló a Seo-yeon.

—¡¿Cómo sabes nuestras cuentas?!

Seo-yeon la miró fijamente.

—Porque la mitad de sus acreedores me pertenecen.

Nadie habló.

Min-jun soltó una risa nerviosa.

—¿Qué estás diciendo?

—Han Capital.

El abuelo levantó lentamente la mirada.

La suegra quedó blanca.

Min-jun conocía perfectamente el nombre.

—¿Trabajas para Han Capital?

—No.

Seo-yeon tomó una servilleta y terminó de limpiar la comida de su rostro.

—Soy su presidenta.

Silencio absoluto.

La suegra tuvo que apoyarse en la mesa.

—Eso… no puede ser.

El abuelo respondió:

—Sí puede.

Todos lo miraron.

—Yo lo sabía.

Min-jun quedó paralizado.

—¿Tú sabías quién era?

—Desde antes de vuestra boda.

—¿Y por qué nunca me lo dijiste?

El anciano respondió:

—Porque ella me pidió que guardara el secreto.

Seo-yeon miró a Min-jun.

—Quería saber si te casarías conmigo por quien era.

Después miró el anillo.

—Esta noche finalmente obtuve mi respuesta.

—¡Yo te amo!

—Hace cinco minutos te estabas riendo mientras tu madre me humillaba.

Min-jun no pudo responder.

La suegra cambió inmediatamente de actitud.

—Seo-yeon…

La joven levantó una mano.

—No.

—Yo no sabía que tú…

Seo-yeon la interrumpió.

—Exactamente.

Se acercó.

—Si hubiera sido realmente una sirvienta, ¿entonces sí habría merecido lo que hizo?

La mujer quedó muda.

El teléfono de Seo-yeon vibró.

Llegó un mensaje.

Lo abrió.

Su expresión cambió.

—¿Qué pasa? —preguntó el abuelo.

Seo-yeon leyó nuevamente.

—Tenemos un problema mayor.

—¿Cuál?

—Los diez millones que Kang Group solicitó…

Miró a la suegra.

—no eran para salvar la empresa.

La mujer retrocedió.

—No sabes de qué hablas.

—Fueron enviados a una compañía fantasma.

Min-jun golpeó la mesa.

—¿QUÉ COMPAÑÍA?

Seo-yeon leyó:

—JM Holdings.

El abuelo dejó caer su bastón.

CLAC.

Todos lo miraron.

—Abuelo…

El anciano estaba pálido.

—Ese nombre no puede existir.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Por qué?

El abuelo levantó la mirada.

—Porque JM Holdings pertenecía a tu padre.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—Mi padre murió hace doce años.

—Eso crees tú.

Silencio absoluto.

Seo-yeon sintió un escalofrío.

—¿Qué acaba de decir?

El abuelo miró a la señora Kang.

—Ya es suficiente. Dile la verdad.

La suegra comenzó a llorar.

—No puedo.

—¡DÍSELA!

Seo-yeon golpeó la mesa.

—¿QUÉ SABEN DE MI PADRE?

La mujer respondió temblando:

—Está vivo.

Seo-yeon dejó de respirar.

—No.

—Sí.

—Yo estuve en su funeral.

—El ataúd estaba vacío.

Min-jun miró horrorizado a su madre.

—¿Tú sabías todo esto?

Ella asintió.

Seo-yeon se acercó.

—¿Dónde está mi padre?

La suegra guardó silencio.

—¡DÍGAME DÓNDE ESTÁ!

—No puedo.

—¿Por qué?

La mujer miró al abuelo.

—Porque si regresa, los Kang perderemos todo.

Nadie respiró.

—¿Qué tiene que ver mi padre con esta familia?

El abuelo respondió:

—Todo.

Sacó una vieja carpeta de un armario.

La colocó frente a Seo-yeon.

—Tu padre y yo fundamos Kang Group.

Min-jun quedó helado.

Seo-yeon abrió la carpeta.

Dos nombres aparecían en el documento original.

Uno era el del abuelo.

El otro…

Han Jae-sung.

Su padre.

—No puede ser.

El anciano señaló una cifra.

—Tu padre tenía el 51%.

Seo-yeon levantó lentamente la mirada.

—Entonces…

—Sí.

El abuelo respiró profundamente.

—La familia Kang nunca fue la verdadera propietaria mayoritaria.

La suegra comenzó a retroceder.

Seo-yeon la miró.

—¿Qué ocurrió con las acciones de mi padre?

Nadie respondió.

—Pregunté qué ocurrió.

Finalmente, el abuelo dijo:

—Alguien falsificó su firma después de su desaparición.

Min-jun miró a su madre.

—¿Quién?

La mujer rompió a llorar.

—Yo.

Silencio absoluto.

Seo-yeon no podía creerlo.

La misma mujer que minutos antes le había hundido el rostro en un plato y la había llamado sirvienta…

acababa de admitir que había falsificado la firma de su padre para quedarse con su empresa.

—¿Por qué?

—Quería proteger a mis hijos.

Seo-yeon negó lentamente.

—No.

Recogió el anillo de matrimonio.

Min-jun extendió la mano.

Pero ella no se lo devolvió.

Lo guardó en su bolso.

—Quería proteger su fortuna.

El teléfono de Seo-yeon sonó.

Número desconocido.

Contestó.

—¿Sí?

Una voz masculina respondió:

—Seo-yeon.

Ella se congeló.

Había una voz que una hija nunca olvidaba.

—¿Papá?

Todos quedaron inmóviles.

La suegra perdió completamente el color.

—Hija, escúchame con atención.

Seo-yeon comenzó a llorar.

—¿Dónde estás?

—Voy hacia la mansión.

La suegra corrió hacia la puerta.

—¡NO!

Min-jun la detuvo.

Seo-yeon apretó el teléfono.

—Papá, ¿por qué desapareciste?

Hubo unos segundos de silencio.

—Porque descubrí quién intentó quedarse con mi empresa.

Seo-yeon miró a su suegra.

—Ya lo sé.

Pero su padre respondió:

—No.

Pausa.

—Todavía no sabes quién dio la orden.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—¿Quién fue?

La llamada se cortó.

En ese instante…

unas luces atravesaron las ventanas de la mansión.

Un automóvil negro acababa de detenerse frente a la entrada.

La suegra comenzó a temblar.

El abuelo cerró los ojos.

Y Seo-yeon miró por última vez el plato donde minutos antes habían hundido su rostro.

Había entrado a aquella cena como la mujer que todos trataban como una sirvienta.

Pero la persona que acababa de llegar podía demostrar que ella era heredera de la mayoría de la empresa que mantenía a toda la familia Kang.

Y esta vez…

nadie se estaba riendo.

By yhq9q

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