—Perfecto. Ahora sírvanse ustedes solos.
Seo-yeon tomó su bolso y caminó hacia la puerta.
Su esposo dejó de reír.
—¿Adónde vas?
Ella se detuvo.
—Me voy.
La señora Kang soltó una carcajada.
—¡Déjala, Min-jun! Mañana volverá llorando.
Seo-yeon giró lentamente.
—¿Está segura?
—¿Adónde irás? —se burló la suegra—. Sin mi hijo no tienes nada.
Min-jun sonrió.
—Mamá tiene razón. Deja el drama y vuelve a sentarte.
Seo-yeon miró la comida tirada en el suelo.
Luego miró al hombre con quien llevaba cinco años casada.
—¿Quieres que vuelva a sentarme?
—Sí.
—Entonces recoge mi comida.
La sonrisa desapareció del rostro de Min-jun.
—¿Qué?
—Recógela del suelo.
La señora Kang golpeó la mesa.
—¡¿CÓMO TE ATREVES A DARLE ÓRDENES A MI HIJO?!
Seo-yeon sonrió.
—Exactamente.
Tomó su teléfono.
—Ahora entiende cómo me sentí.
Min-jun se levantó furioso.
—¡Ya basta!
—Para mí sí.
Seo-yeon se quitó lentamente el anillo de matrimonio.
Lo dejó sobre la mesa.
CLIC.
Todos quedaron en silencio.
Min-jun miró el anillo.
—¿Qué estás haciendo?
—Lo que debí hacer hace mucho tiempo.
—¿Vas a terminar nuestro matrimonio por un plato de comida?
Seo-yeon negó.
—No.
Lo miró fijamente.
—Lo termino porque tu madre me humilló delante de todos…
Se acercó.
—y tú te reíste.
Min-jun bajó la mirada.
La señora Kang volvió a reír.
—Perfecto. ¡Vete!
Seo-yeon tomó nuevamente su bolso.
—Eso haré.
—Pero no te lleves nada que haya comprado mi hijo.
Seo-yeon se detuvo.
—¿Nada?
—Nada.
—Perfecto.
Sacó unas llaves del bolso.
Las dejó sobre la mesa.
—El automóvil se queda.
La suegra sonrió.
Seo-yeon sacó una tarjeta.
—También esta.
Min-jun frunció el ceño.
—¿Qué tarjeta es esa?
—La que paga los gastos de esta casa.
Silencio.
La sonrisa de la señora Kang desapareció.
—¿Qué dijiste?
Seo-yeon abrió la aplicación bancaria.
—Electricidad.
Deslizó la pantalla.
—Servicio doméstico.
Otra vez.
—Seguridad.
Otra.
—Comida.
Miró el plato tirado en el suelo.
—Incluso esa.
Min-jun quedó inmóvil.
—¿Tú pagabas todo eso?
—Desde hace once meses.
El esposo giró hacia su madre.
—Mamá…
La señora Kang palideció.
—No significa nada.
Seo-yeon continuó:
—También pagué las últimas siete cuotas de la mansión.
Ahora nadie habló.
Min-jun miró a su madre.
—¿Qué cuotas?
—No la escuches.
—¿Qué cuotas, mamá?
Seo-yeon respondió por ella.
—Las de la hipoteca.
Min-jun quedó helado.
—Esta casa está pagada.
Seo-yeon negó.
—Ya no.
—¿Qué?
—Su madre pidió un préstamo utilizando la mansión como garantía.
La señora Kang golpeó la mesa.
—¡CÁLLATE!
Min-jun giró hacia ella.
—¿Es verdad?
Nada.
—¡MAMÁ!
—La empresa necesitaba dinero.
Min-jun retrocedió.
—Me dijiste que la empresa estaba bien.
—Intentaba protegerte.
Seo-yeon soltó una pequeña risa.
—Curiosa manera de proteger a alguien.
La suegra la señaló.
—¡Esto no es asunto tuyo!
Seo-yeon la miró.
—Lo convirtió en asunto mío cuando vino a pedirme dinero.
Min-jun quedó inmóvil.
—¿Mi madre te pidió dinero?
—Sí.
—¿Cuánto?
Seo-yeon respondió:
—Tres millones.
Silencio absoluto.
Min-jun dejó de respirar.
—¿Le diste tres millones?
—No.
La suegra respiró aliviada.
Hasta que Seo-yeon añadió:
—Le presté cinco.
La mujer palideció.
Min-jun tuvo que apoyarse en la mesa.
—¿Cinco millones?
—Para evitar que Kang Group quebrara.
Miró a su suegra.
—Ella me hizo prometer que nunca te lo contaría.
Min-jun estaba destrozado.
—¿Por qué hiciste eso por nosotros?
Seo-yeon lo miró.
—Porque eras mi esposo.
Silencio.
—Y porque creía que esta también era mi familia.
Miró nuevamente la comida en el suelo.
—Me equivoqué.
La señora Kang se levantó.
—¡DEVUÉLVEME EL CONTRATO DEL PRÉSTAMO!
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Por qué está tan nerviosa?
—¡Porque es mío!
—No.
Seo-yeon abrió su bolso.
Sacó una carpeta.
—Es de mi empresa.
Min-jun levantó la mirada.
—¿Tu empresa?
—Han Capital.
El rostro de la suegra cambió por completo.
—No…
Min-jun conocía aquel nombre.
—¿Han Capital?
Seo-yeon asintió.
—Sí.
—¿Trabajas ahí?
Ella negó.
—Soy la propietaria.
Nadie respiró.
Min-jun se quedó mirándola.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
—Porque cuando nos conocimos quería saber si te enamorarías de Seo-yeon…
Hizo una pausa.
—o de la heredera de Han Capital.
La señora Kang se dejó caer sobre la silla.
—Entonces tú puedes cancelar nuestro préstamo.
Seo-yeon respondió:
—Sí.
—No puedes hacerlo.
—No pensaba hacerlo.
La mujer respiró.
—Hasta esta noche.
Silencio absoluto.
Min-jun se acercó rápidamente.
—Seo-yeon, espera.
—No.
—Mi madre cometió un error.
Ella señaló la comida.
—Tu madre tomó una decisión.
Luego lo señaló a él.
—Y tú también.
Min-jun bajó la cabeza.
Entonces el teléfono de Seo-yeon sonó.
Contestó.
—¿Sí?
Escuchó.
Su expresión cambió.
—Repita eso.
Todos la observaron.
—¿Cuándo descubrieron las transferencias?
Pausa.
—Envíeme todo.
Colgó.
La señora Kang comenzó a ponerse nerviosa.
—¿Qué ocurrió?
Seo-yeon recibió varios documentos.
Los abrió.
—Esto es interesante.
—¿Qué?
—Los cinco millones que presté a Kang Group…
Miró a su suegra.
—no fueron utilizados para salvar la empresa.
Min-jun frunció el ceño.
—¿Entonces dónde están?
Seo-yeon levantó lentamente la mirada.
—En una cuenta privada.
La señora Kang retrocedió.
—Eso es mentira.
—La cuenta pertenece a una compañía llamada MK Holdings.
Min-jun palideció.
—¿MK Holdings?
Seo-yeon lo miró.
—¿La conoces?
Él negó.
Pero la señora Kang dejó caer su copa.
CRASH.
Todos giraron hacia ella.
Seo-yeon entrecerró los ojos.
—Usted sí.
—No.
—Ni siquiera le pregunté.
La mujer se quedó muda.
Min-jun golpeó la mesa.
—¡MAMÁ! ¿QUÉ ES MK HOLDINGS?
La señora Kang comenzó a llorar.
—Era de tu padre.
Silencio.
Min-jun quedó inmóvil.
—Mi padre murió hace seis años.
La mujer cerró los ojos.
—Eso fue lo que te hicimos creer.
Min-jun retrocedió.
—¿Qué acabas de decir?
—Tu padre está vivo.
Nadie se movió.
—No.
—Sí.
—Yo fui a su funeral.
—Nunca viste el cuerpo.
Min-jun comenzó a temblar.
—¿Dónde está?
Su madre no respondió.
—¡¿DÓNDE ESTÁ?!
Antes de que pudiera contestar, se escuchó un automóvil detenerse frente a la mansión.
La señora Kang miró hacia la ventana.
Palideció.
—No puede ser…
La puerta principal se abrió.
Un hombre mayor entró lentamente al comedor.
Min-jun dejó de respirar.
—Papá…
El hombre miró a su hijo.
—Hola, Min-jun.
—¡¿ESTÁS VIVO?!
—Sí.
Min-jun caminó hacia él.
—¡¿POR QUÉ NOS MENTISTE?!
El hombre no respondió.
Miró directamente a Seo-yeon.
—Porque necesitaba protegerla a ella.
Seo-yeon quedó inmóvil.
—¿A mí?
El señor Kang asintió.
—Tu padre y yo descubrimos algo hace seis años.
—Mi padre murió hace diez.
El hombre negó lentamente.
—Seo-yeon…
Sacó una fotografía reciente.
La puso sobre la mesa.
Las manos de ella comenzaron a temblar.
Era su padre.
Vivo.
—No…
—La fotografía fue tomada hace cuatro días.
Seo-yeon levantó la mirada.
—¿Dónde está?
—Escondido.
—¿De quién?
El señor Kang miró a su esposa.
La señora Kang retrocedió.
—No me mires así.
Seo-yeon sintió un escalofrío.
—¿Qué hizo ella?
—Nada —respondió el hombre—. El problema es mucho más grande.
Sacó otra carpeta.
—Tu padre descubrió que alguien llevaba años sacando dinero de Han Capital y Kang Group.
Seo-yeon miró las transferencias.
—¿Cuánto?
—Cuarenta millones.
Silencio absoluto.
Min-jun palideció.
—¿Quién?
El señor Kang respondió:
—Alguien de esta familia.
Todos dejaron de respirar.
Seo-yeon miró lentamente a cada persona sentada alrededor de aquella mesa.
La misma mesa donde minutos antes habían arrojado su comida al suelo.
La misma familia que se había reído de ella.
La señora Kang comenzó a llorar.
—Seo-yeon…
Pero Seo-yeon levantó una mano.
—No.
Recogió su anillo de la mesa.
Min-jun creyó que volvería a ponérselo.
Pero ella se lo entregó.
—Esto es tuyo.
—Seo-yeon…
—Y los cinco millones…
Miró a su suegra.
—son míos.
Tomó su bolso.
—Mañana comenzará la auditoría completa de Kang Group.
La señora Kang palideció.
—¡No puedes hacer eso!
Seo-yeon abrió la puerta.
—Claro que puedo.
Miró por última vez la comida tirada en el suelo.
—Esta noche me enseñaron cuál creen que es mi lugar.
Después miró a toda la familia.
—Mañana descubrirán cuál es el suyo.
Y salió.
Esta vez nadie se rio.
Porque la mujer a la que habían ordenado comer del suelo acababa de marcharse con el poder de descubrir quién había robado cuarenta millones…
y destruir todo lo que aquella familia llevaba años intentando ocultar.