🔥 PARTE 2 — «¡ESA SILLA NO ES PARA TI!»

—Y cancelé algo más.

La sonrisa de la suegra desapareció.

—¿Qué cancelaste?

Seo-yeon recogió lentamente su bolso.

—Pregúntele a su hijo.

Todos miraron a Min-jun.

Él palideció.

—Seo-yeon… no hagas esto aquí.

La suegra frunció el ceño.

—¿Qué está pasando?

Seo-yeon soltó una risa amarga.

—Ahora sí quiere saber.

—¡HABLA!

—Cancelé la transferencia que mañana salvaría su empresa.

Silencio absoluto.

La suegra comenzó a reír.

—¿Tú? ¿Salvar nuestra empresa?

Miró a los invitados.

—¡Esta mujer está desesperada por llamar la atención!

El organizador intervino.

—Señora Kang…

—¡TÚ CÁLLATE!

Min-jun golpeó la mesa.

—¡Mamá, basta!

Su madre quedó sorprendida.

—¿Me estás gritando por ella?

—¡Porque está diciendo la verdad!

La sala quedó completamente en silencio.

La suegra miró a su hijo.

—¿Qué verdad?

Min-jun respiró profundamente.

—La empresa tiene una deuda de treinta millones.

La copa se le resbaló de la mano.

¡CRASH!

—¿Treinta millones?

—Sí.

—Tu padre me dijo que todo estaba solucionado.

—Porque Seo-yeon consiguió el dinero.

La suegra giró lentamente hacia su nuera.

—¿Tú?

—Yo.

—¿De dónde sacaste treinta millones?

Seo-yeon no respondió.

La suegra se acercó.

—¡TE PREGUNTÉ DE DÓNDE!

Seo-yeon señaló la silla que minutos antes le habían quitado.

—¿Ahora sí puedo sentarme?

Algunos invitados bajaron la mirada.

La mujer apretó los dientes.

—No juegues conmigo.

—Usted comenzó el juego.

Min-jun intentó tomar la mano de su esposa.

—Seo-yeon, por favor. No canceles la transferencia.

Ella retiró la mano.

—¿Por qué no?

—Si ese dinero no llega mañana, perderemos la empresa.

—¿“Perderemos”?

Lo miró fijamente.

—Hace cinco minutos te reías mientras tu madre decía que yo no pertenecía a esta familia.

Min-jun guardó silencio.

—Pero para pagar treinta millones…

Se acercó.

—ahí sí somos familia.

La suegra golpeó la mesa.

—¡Mi hijo te dio todo!

Seo-yeon giró.

—¿Todo?

Sacó su teléfono.

—Veamos.

Mostró una transferencia.

—Esta mansión: pagada por mí.

Otra.

—La gala de esta noche: pagada por mí.

Otra.

—La deuda bancaria de Min-jun del año pasado…

El esposo bajó la cabeza.

—También pagada por mí.

La suegra lo miró horrorizada.

—¿Qué deuda?

Seo-yeon sonrió.

—¿Tampoco se lo contaste?

—Seo-yeon…

—No. Ahora hablamos delante de todos.

La suegra agarró a su hijo.

—¿Qué hiciste?

—Una inversión salió mal.

—¿Cuánto?

Silencio.

—¡¿CUÁNTO?!

—Ocho millones.

La mujer retrocedió.

—Dios mío…

Seo-yeon añadió:

—Y eso todavía no es lo peor.

Min-jun levantó la mirada inmediatamente.

—No.

Seo-yeon lo observó.

—¿Tienes miedo?

—Esto es entre nosotros.

—También era entre nosotros cuando dejaste que tu madre me humillara.

Sacó una carpeta de su bolso.

La dejó sobre la mesa.

—¿Qué es eso? —preguntó la suegra.

—Los documentos del préstamo de treinta millones.

La mujer los abrió desesperadamente.

—Aquí dice que el dinero viene de Han Capital.

Seo-yeon asintió.

—Correcto.

—¿Qué tienes tú que ver con Han Capital?

Una voz masculina respondió desde atrás:

—Todo.

Todos giraron.

Un hombre mayor, elegantemente vestido, entró acompañado por dos ejecutivos.

La suegra abrió los ojos.

—Presidente Han…

El hombre ignoró completamente a la familia.

Caminó hasta Seo-yeon.

—Hija.

La sala quedó congelada.

La suegra casi dejó caer los documentos.

—¿Hija?

Seo-yeon abrazó al hombre.

Min-jun bajó la mirada.

Su madre lo vio.

—Tú lo sabías.

Él no respondió.

—¡TÚ SABÍAS QUIÉN ERA SU PADRE!

—Sí.

¡PLAF!

La suegra abofeteó a su propio hijo.

—¡Me dijiste que su familia no tenía dinero!

Seo-yeon soltó lentamente a su padre.

—Interesante.

Todos la miraron.

—Cuando pensaba que yo no tenía dinero, no merecía una silla.

Miró a su suegra.

—Ahora descubre quién es mi padre y de repente el problema es que su hijo se lo ocultó.

La mujer intentó cambiar de tono.

—Seo-yeon, hemos tenido diferencias, pero somos familia.

—No.

La respuesta fue inmediata.

—Usted dejó muy claro quién considera familia.

El presidente Han miró a Min-jun.

—¿Esto ocurre frecuentemente?

—Señor Han, fue un malentendido.

—Le pregunté a mi hija.

Seo-yeon guardó silencio unos segundos.

—No fue la primera vez.

Su padre endureció el rostro.

—Entonces la transferencia sigue cancelada.

Min-jun corrió hacia él.

—¡Señor Han, por favor!

—Mi empresa no invertirá treinta millones en una familia que trata así a mi hija.

La suegra perdió toda la arrogancia.

—Podemos disculparnos.

Seo-yeon la miró.

—¿Por la bofetada?

Nada.

—¿Por quitarme la silla?

Silencio.

—¿O porque descubrió que tengo dinero?

La mujer no pudo responder.

De repente, un hombre entró apresuradamente en el salón.

Era el director financiero de Kang Group.

—¡Presidente Kang!

Min-jun corrió hacia él.

—¿Qué ocurrió?

—El banco acaba de cancelar nuestra línea de crédito.

Min-jun palideció.

—¿Por qué?

El director financiero miró a Seo-yeon.

—Porque Han Capital retiró su garantía.

La suegra se agarró a una silla.

—Entonces consigan otro banco.

El hombre negó.

—Hay otro problema.

—¿QUÉ PROBLEMA?

Abrió una carpeta.

—Alguien compró nuestra deuda esta mañana.

Min-jun quedó inmóvil.

—¿Quién?

El director financiero volvió a mirar a Seo-yeon.

Nadie habló.

La suegra comenzó a comprender.

—No…

Seo-yeon se sentó tranquilamente en la silla que minutos antes le habían quitado.

Cruzó las piernas.

—Ahora sí podemos hablar.

Min-jun la miró.

—¿Tú compraste nuestra deuda?

—No exactamente.

—Entonces ¿quién?

Seo-yeon miró a su padre.

El presidente Han respondió:

—Mi hija compró algo mucho más importante.

Colocó unos documentos sobre la mesa.

Min-jun los abrió.

Su rostro perdió completamente el color.

—¿Acciones?

—Correcto.

—¿Cuántas?

Seo-yeon respondió:

—El 38 %.

La suegra soltó una carcajada nerviosa.

—¡Entonces todavía no controlas nada!

—Tiene razón.

Seo-yeon abrió otra carpeta.

—Por eso compré otro 14 % esta tarde.

Silencio absoluto.

Min-jun hizo la suma.

—Cincuenta y dos…

Levantó lentamente la mirada.

—¿Tienes el 52 % de Kang Group?

—Desde hace aproximadamente dos horas.

La suegra se dejó caer en una silla.

—No puede ser.

Seo-yeon sonrió.

—Por eso dije que había cancelado algo más.

Min-jun tragó saliva.

—¿Qué?

Seo-yeon deslizó un documento hacia él.

—La reunión extraordinaria del consejo será mañana a las nueve.

—¿Para qué?

—Para elegir un nuevo presidente.

Min-jun quedó helado.

—Yo soy el presidente.

Seo-yeon lo miró fijamente.

—Hasta mañana.

La suegra se levantó desesperadamente.

—¡NO PUEDES HACERLE ESTO A MI HIJO!

Seo-yeon miró la comida, las copas y los cientos de invitados.

Después señaló la silla.

—Hace unos minutos usted dijo que ese lugar era para la verdadera familia.

Se puso de pie.

—Quédenselo.

Min-jun frunció el ceño.

—¿Adónde vas?

Seo-yeon tomó su bolso.

—A preparar la reunión donde decidiré quién seguirá teniendo una silla en mi empresa.

Y salió de la gala.

La mujer a la que acababan de humillar por supuestamente no pertenecer a la familia no solo había pagado aquella fiesta.

Había financiado sus deudas.

Había comprado sus acciones.

Y mientras ellos se reían de ella…

Seo-yeon se había convertido en la persona con poder para quitarles mucho más que una silla.

By yhq9q

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *