🔥 PARTE 2 — «¡DEVUELVE ESA HERENCIA!»

La tía se lanzó hacia el abogado.

—¡DAME ESE SOBRE!

El abogado lo apartó.

—No vuelva a tocarlo.

Seo-yeon miró fijamente a su tía.

—¿Por qué tienes tanto miedo?

—¡Porque ese hombre está mintiendo!

El abogado negó.

—Entonces no tendrá problema en que lea el testamento original.

Toda la familia guardó silencio.

La tía palideció.

—Ese documento no tiene validez.

—Eso lo decidirá un tribunal.

El abogado rompió lentamente el sello.

—Última voluntad del señor Han Jae-sung.

Seo-yeon sintió un nudo en la garganta.

Su abuelo había muerto seis meses atrás.

El abogado continuó:

—“Declaro como heredera principal a mi nieta, Seo-yeon Han.”

Todos comenzaron a murmurar.

La tía golpeó la mesa.

—¡MENTIRA!

—Todavía no termino.

El abogado siguió leyendo.

—“A Seo-yeon le corresponde la mansión familiar…”

La tía dejó de respirar.

—“…el 52 % de Han Group…”

—¡NO!

—“…y todas mis propiedades personales.”

Silencio absoluto.

Seo-yeon quedó paralizada.

—¿El 52 % de la empresa?

—Sí.

La tía comenzó a reír nerviosamente.

—¡Eso es absurdo! El testamento que nosotros conocemos divide todo entre la familia.

El abogado sacó otro documento.

—Ese es precisamente el problema.

Colocó ambas versiones sobre la mesa.

—Este es el documento presentado después de la muerte del señor Han.

Señaló el segundo.

—Y este es el original.

Seo-yeon los comparó.

—Las firmas parecen iguales.

—Parecen.

El abogado sacó un informe.

—Un perito determinó que una fue falsificada.

Todos miraron a la tía.

—¡¿POR QUÉ ME MIRAN?!

Seo-yeon se acercó.

—Porque fuiste tú quien presentó el testamento.

—¡Eso no demuestra nada!

—Tiene razón —respondió el abogado.

La tía respiró aliviada.

—Pero esto sí podría hacerlo.

Sacó su teléfono.

Reprodujo una grabación.

Una voz femenina se escuchó:

“Cambia el nombre de Seo-yeon. Cuando descubran el testamento, ya será demasiado tarde.”

La tía quedó blanca.

Su hijo se levantó.

—Mamá…

Ella retrocedió.

—Esa no soy yo.

—¡Es tu voz!

—¡Pudieron falsificarla!

Seo-yeon preguntó:

—¿Quién estaba contigo en esa llamada?

Silencio.

El abogado respondió:

—Eso todavía no lo sabemos.

La tía sonrió.

—¿Ven? ¡No tienen nada!

El abogado la miró.

—Tenemos algo más.

Abrió su maletín.

Sacó una pequeña memoria USB.

—Su abuelo sospechaba que alguien intentaría modificar el testamento.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Lo sabía?

—Por eso instaló una cámara dentro de su despacho.

La sonrisa de la tía desapareció.

—No…

El abogado conectó la memoria a la televisión.

Apareció el despacho del abuelo.

Todos observaron.

La puerta se abrió.

La tía entró.

Seo-yeon dejó de respirar.

En el video, la mujer abrió un cajón y fotografió varios documentos.

Su hijo retrocedió.

—Mamá… ¿qué hiciste?

—¡Solo buscaba unos papeles!

Entonces apareció otra persona en la grabación.

La tía gritó:

—¡APÁGUELO!

Seo-yeon miró la pantalla.

—Espera.

La figura permanecía parcialmente fuera de cámara.

Solo se veía una mano entregándole una carpeta.

Seo-yeon preguntó:

—¿Quién es?

La tía no respondió.

—¡¿QUIÉN TE AYUDÓ?!

El abogado pausó la grabación.

—Mire la mano.

Todos se acercaron.

El desconocido llevaba un anillo.

La abuela de Seo-yeon dejó caer su copa.

¡CRASH!

Seo-yeon giró.

—Abuela…

La anciana estaba completamente pálida.

—Yo conozco ese anillo.

—¿De quién es?

Silencio.

—¡ABUELA!

La anciana miró hacia el fondo del salón.

Todos siguieron su mirada.

El padre de Seo-yeon permanecía sentado.

Seo-yeon sintió que el corazón se le detenía.

—Papá…

Él no respondió.

—Enséñame tu mano.

—Hija, esto no es lo que parece.

—¡ENSÉÑAMELA!

El hombre levantó lentamente la mano.

El mismo anillo.

Seo-yeon retrocedió.

—No…

La tía comenzó a reír.

—¿Todavía crees que yo hice todo esto sola?

El padre golpeó la mesa.

—¡CÁLLATE!

—¿Por qué?

La mujer lo señaló.

—¡TÚ ME PEDISTE CAMBIAR EL TESTAMENTO!

Silencio absoluto.

Seo-yeon miró a su padre.

—¿Es verdad?

—Seo-yeon…

—Solo quiero un sí o un no.

Nada.

—¿Intentaste quitarme la herencia?

El hombre cerró los ojos.

—Sí.

Seo-yeon sintió que se le quebraba la voz.

—¿Por qué?

—Porque tu abuelo iba a destruir esta familia.

—¿Dejándome su propia fortuna?

—¡DÁNDOTE EL CONTROL DE TODO!

Seo-yeon quedó inmóvil.

Su padre continuó:

—Tú no entiendes lo que significa ese 52 %.

—Significa que controlo Han Group.

—No.

El abogado miró al padre.

—Señor Han…

—¡ELLA TIENE DERECHO A SABERLO!

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Saber qué?

Su padre se acercó.

—Han Group posee algo que tu abuelo mantuvo oculto durante treinta años.

—¿Qué?

—Una segunda compañía.

La tía perdió la sonrisa.

El abogado abrió otra sección del testamento.

—Es cierto.

Seo-yeon lo miró.

—¿Cuánto vale?

—Más que Han Group.

Todos quedaron en silencio.

—¿Y quién la hereda?

El abogado leyó.

—Seo-yeon.

La tía cerró los ojos.

Seo-yeon miró a su padre.

—Por eso querías cambiar el testamento.

—No fue por el dinero.

—Entonces ¿por qué?

Su padre respondió:

—Porque esa empresa nunca perteneció realmente a nuestra familia.

La habitación quedó completamente callada.

—¿A quién pertenecía?

El abogado sacó un último sobre.

—Su abuelo dejó instrucciones para abrir esto únicamente si alguien intentaba falsificar su testamento.

La tía comenzó a temblar.

—No lo abra.

Seo-yeon la miró.

—Ahora definitivamente vamos a abrirlo.

Rompió el sello.

Dentro había una fotografía antigua.

Seo-yeon reconoció inmediatamente a su abuelo.

Pero había otro hombre junto a él.

—¿Quién es?

Su padre bajó la cabeza.

El abogado respondió:

—El verdadero fundador.

Seo-yeon giró la fotografía.

Había un nombre escrito detrás.

Lo leyó.

Y quedó congelada.

—Ese es…

La abuela comenzó a llorar.

—Sí.

Seo-yeon levantó lentamente la mirada.

—Ese es el nombre de mi otro abuelo.

Nadie habló.

—Pero mamá siempre dijo que él murió sin dinero.

El abogado negó.

—No murió pobre.

Colocó el documento original frente a ella.

—Murió siendo propietario del 70 % de la compañía que convirtió a esta familia en multimillonaria.

Seo-yeon miró a su padre.

—Entonces mi herencia…

—No comenzó con los Han —respondió el abogado.

La tía retrocedió.

—Y si ella descubre todo…

Seo-yeon giró.

—¿Qué voy a descubrir?

La tía se tapó la boca.

Demasiado tarde.

Seo-yeon se acercó.

—Termina la frase.

La mujer negó.

—¡TERMINA LA FRASE!

Finalmente susurró:

—Que tu abuelo no murió por causas naturales.

Silencio absoluto.

Seo-yeon dejó caer la fotografía.

Su padre cerró los ojos.

Y el abogado abrió lentamente una última carpeta.

La discusión había comenzado por una herencia.

Pero ahora Seo-yeon ya no quería saber cuánto le habían robado.

Quería saber algo mucho más peligroso:

quién había muerto para que aquella fortuna terminara en manos de su familia.

By yhq9q

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