🔥 «¡NO ERES MI HIJA!»

—Hay algo que nunca te conté…

La madre comenzó a llorar.

El padre dejó de mirar a su hija.

Ahora solo miraba a su esposa.

—Habla.

Ella apretó las manos.

—Hace veintitrés años…

La joven sintió que el corazón se le aceleraba.

—Mamá…

—Déjame terminar.

El padre golpeó la mesa.

—¡DI LA VERDAD!

La mujer cerró los ojos.

—Ji-woo no nació en este matrimonio.

Silencio absoluto.

El padre retrocedió.

—¿Qué?

Ji-woo comenzó a llorar.

—Mamá…

La mujer levantó la mirada.

—Pero tampoco te engañé.

El padre frunció el ceño.

—Entonces ¿qué estás diciendo?

—Cuando te conocí, ya estaba embarazada.

Él quedó inmóvil.

—¿Y nunca me lo dijiste?

—Intenté hacerlo.

—¡VEINTITRÉS AÑOS!

—Tenía miedo.

El padre soltó una carcajada amarga.

—Así que crié a la hija de otro hombre.

Ji-woo bajó la cabeza.

—Papá…

Él la miró con rabia.

—¡Te dije que no me llames así!

La madre golpeó la mesa.

—¡NO LE HABLES ASÍ!

Todos quedaron en silencio.

Ella se colocó delante de su hija.

—Ji-woo no tiene la culpa.

—¿Quién es su padre?

La mujer no respondió.

—¡QUIERO UN NOMBRE!

Ji-woo levantó las fotografías que su padre había arrojado.

—Por eso te dije que le preguntaras a mamá.

Su padre miró las imágenes.

En ellas aparecía su esposa cuando era joven junto a un hombre elegante.

El rostro del padre cambió.

—Yo conozco a este hombre.

La madre palideció.

—No.

—Claro que sí.

Tomó una fotografía.

—Era socio de mi padre.

Ji-woo frunció el ceño.

—¿Abuelo lo conocía?

El padre miró a su esposa.

—¿Tuviste una relación con él?

Silencio.

Finalmente:

—Sí.

El padre dejó caer las fotos.

—Fuera.

La mujer comenzó a llorar.

—Escúchame.

—¡FUERA DE MI CASA!

Ji-woo se interpuso.

—Si ella se va, yo también.

El padre soltó una carcajada.

—Perfecto.

Señaló la puerta.

—Váyanse las dos.

La madre miró a Ji-woo.

—No.

—Mamá…

—Tú te quedas.

El padre frunció el ceño.

—¿Por qué?

La mujer respiró profundamente.

—Porque esta casa también le pertenece.

Silencio absoluto.

—¿Qué acabas de decir?

La madre caminó hacia un armario.

Sacó una carpeta vieja.

La dejó sobre la mesa.

—El hombre de esas fotografías dejó algo antes de morir.

Ji-woo abrió la carpeta.

Había acciones.

Propiedades.

Un testamento.

El padre palideció.

—¿Dónde conseguiste eso?

Su esposa lo miró.

—Tu padre me lo entregó.

—¿Mi padre?

—Sí.

Ji-woo quedó confundida.

—¿Por qué el abuelo tendría esto?

La madre tragó saliva.

—Porque sabía quién era tu verdadero padre.

El padre tomó el testamento.

Leyó varias líneas.

Su rostro cambió.

—Esto dice que Ji-woo heredó acciones de Han Group.

La joven quedó inmóvil.

—¿Yo?

La madre asintió.

—El cuarenta por ciento.

El padre soltó una carcajada nerviosa.

—Eso es imposible.

—No.

—Han Group vale millones.

—Lo sé.

El hombre miró a Ji-woo.

Por primera vez su rabia desapareció.

—¿Tú sabías esto?

—No.

La madre respondió:

—Yo tampoco hasta hace seis meses.

—¿Y por qué lo ocultaste?

—Porque alguien estaba intentando encontrar esos documentos.

Silencio.

Ji-woo frunció el ceño.

—¿Quién?

La madre miró a su esposo.

—Tu padre.

El hombre quedó inmóvil.

—Mi padre murió hace cinco años.

—Sí.

—Entonces ¿cómo iba a buscarlos?

La mujer negó.

—No me refiero a él.

Ji-woo sintió un escalofrío.

—¿Entonces?

La madre miró hacia la puerta.

—Al verdadero padre de Ji-woo.

Silencio.

El hombre de la casa frunció el ceño.

—Dijiste que murió.

Ella respondió:

—Eso creía.

El padre retrocedió.

—¿Está vivo?

Antes de que pudiera responder…

sonó el timbre.

Tres veces.

Nadie se movió.

La madre perdió el color.

—No abras.

Ji-woo la miró.

—¿Por qué?

—Porque nadie sabía que estábamos aquí esta noche.

El timbre volvió a sonar.

El padre caminó hacia la puerta.

—Voy a acabar con esto.

La abrió.

Un hombre mayor estaba afuera.

Traje oscuro.

Cabello gris.

Ji-woo miró su rostro.

Luego miró las fotografías.

Era él.

La madre dejó caer la copa.

—Jae-hyun…

El hombre la miró.

—Ha pasado mucho tiempo.

Ji-woo dejó de respirar.

—¿Usted es…?

Él la miró directamente.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Sí.

—¿Mi padre?

El hombre asintió.

El padre que la había criado dio un paso atrás.

—Entonces todo era verdad.

Jae-hyun entró.

—No todo.

Todos lo miraron.

Ji-woo frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

El hombre sacó un sobre.

—Yo nunca abandoné a tu madre.

La mujer comenzó a llorar.

—No…

—Alguien nos separó.

El padre de la casa preguntó:

—¿Quién?

Jae-hyun lo miró.

—Tu padre.

Silencio absoluto.

El hombre quedó helado.

—Mi padre…

—Descubrió que Ji-woo podía heredar parte de mi empresa.

Ji-woo miró el testamento.

—¿Por qué le importaba?

—Porque en ese momento Han Group estaba a punto de fusionarse con la compañía de tu familia.

El padre cerró los ojos.

Todo empezaba a encajar.

Jae-hyun continuó:

—Si yo reconocía a Ji-woo legalmente, ella tendría poder sobre ambas compañías.

La joven retrocedió.

—Entonces el abuelo sabía quién era yo desde el principio.

—Sí.

—¿Y dejó que me criaran aquí?

—Porque era la única forma de mantenerte cerca y controlar tu herencia.

El padre miró a Ji-woo.

La misma joven a la que minutos antes había dicho:

“No vuelvas a llamarme papá.”

Ahora resultaba que durante veintitrés años su propia familia había utilizado esa relación para ocultar una fortuna.

Pero todavía faltaba algo.

Ji-woo miró a Jae-hyun.

—Si usted sabía que yo existía…

—Sí.

—¿Por qué tardó veintitrés años en venir?

El hombre bajó la mirada.

—Porque hace veintitrés años alguien intentó matarme.

Silencio.

La madre cerró los ojos.

Ji-woo sintió un escalofrío.

—¿Quién?

Jae-hyun levantó lentamente la mirada hacia el hombre que la había criado.

—Su padre.

El comedor quedó completamente congelado.

Ji-woo miró al hombre frente a ella.

Él negó.

—Yo no sabía nada.

Jae-hyun respondió:

—Lo sé.

Después sacó una última fotografía.

—Pero alguien de esta casa sí.

La dejó sobre la mesa.

Ji-woo la tomó.

Y dejó de respirar.

En la imagen aparecía su madre reunida en secreto con el abuelo de la familia…

tres días antes del atentado.

Ji-woo levantó la mirada.

—Mamá…

La mujer comenzó a llorar.

—Puedo explicarlo.

Y entonces Ji-woo comprendió que aquella noche no estaba descubriendo solamente quién era su verdadero padre.

Estaba descubriendo que toda su infancia podía haber sido construida sobre un acuerdo que nadie se había atrevido a contarle.

By yhq9q

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