🔥 «¡ESA COMIDA ES PARA LOS INVITADOS!»

Todos miraron a la suegra.

Min-jun tomó la mano de Seo-yeon antes de que ella intentara recoger la comida.

—No toques nada.

La señora Kang golpeó la mesa.

—¡Esta es mi casa!

Min-jun respondió:

—Pero ella lleva tres días preparando esta celebración.

La suegra soltó una carcajada.

—¿Y?

—Cocinó para cuarenta personas.

Silencio.

—Decoró el salón.

La sonrisa de su madre desapareció.

—Organizó cada mesa.

Min-jun señaló las flores.

—Y pagó todo lo que usted acaba de presumir.

La suegra palideció.

—¡Mentira!

Seo-yeon habló por primera vez.

—No importa.

Se inclinó para recoger el plato roto.

Min-jun volvió a detenerla.

—Sí importa.

Miró a todos los invitados.

—Mi madre les dijo que ella organizó esta cena.

La señora Kang golpeó la mesa.

—¡CÁLLATE!

Demasiado tarde.

Min-jun continuó:

—No pagó la comida.

—Min-jun…

—No pagó las flores.

—¡BASTA!

—Ni siquiera pagó esta casa.

Silencio absoluto.

La suegra dejó de respirar.

Seo-yeon miró a su esposo.

—¿Qué quieres decir?

Él sacó un documento.

—Esto llegó esta mañana.

Su madre palideció.

—Dámelo.

—No.

—¡DAME ESE DOCUMENTO!

Min-jun lo abrió.

—La mansión tiene una deuda de cuatro millones.

Todos comenzaron a murmurar.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—¿Cuatro millones?

La suegra respondió:

—Es un asunto privado.

Min-jun negó.

—Lo era.

—¿Qué significa eso?

Él miró a Seo-yeon.

—Hasta que descubrí quién lleva ocho meses pagando las cuotas.

Seo-yeon bajó la mirada.

La suegra lo notó.

—No…

Min-jun asintió.

—Ella.

Todos miraron a Seo-yeon.

La mujer que minutos antes había sido obligada a esperar para comer…

estaba pagando la casa donde la habían humillado.

La suegra comenzó a reír nerviosamente.

—¿Ella?

—Sí.

—¿Con qué dinero?

Seo-yeon respondió:

—Con el mío.

—¡TÚ NO TIENES CUATRO MILLONES!

Seo-yeon levantó lentamente la mirada.

—Nunca dije que no los tuviera.

Silencio.

La suegra frunció el ceño.

—¿Quién eres realmente?

Seo-yeon no respondió.

En ese momento, uno de los invitados se levantó.

Era un hombre mayor de traje oscuro.

—Creo que puedo responder.

La suegra cambió de expresión.

—Señor Han…

El hombre caminó hacia Seo-yeon.

Hizo una ligera reverencia.

—Presidenta.

El salón quedó congelado.

Min-jun miró a su esposa.

—¿Presidenta?

Seo-yeon cerró los ojos.

—Pensaba decírtelo después de la cena.

La suegra soltó una carcajada.

—¡¿Presidenta de qué?!

El hombre respondió:

—Han Foods.

Silencio.

Una invitada dejó caer su tenedor.

Han Foods era uno de los mayores proveedores de restaurantes y hoteles del país.

La suegra palideció.

—Eso es imposible.

El hombre continuó:

—Seo-yeon posee el 68% de la compañía.

Min-jun quedó inmóvil.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Ella tomó su mano.

—Porque quería que me conocieras a mí, no a mi apellido.

La suegra miró la enorme mesa.

Después miró la comida tirada en el suelo.

—Entonces esta cena…

Seo-yeon respondió:

—Los ingredientes vinieron de mi empresa.

—¿Y los chefs?

—Les di la noche libre.

—¿Por qué?

—Porque quería preparar personalmente una cena para su aniversario.

La suegra no pudo hablar.

Seo-yeon tocó su mejilla todavía enrojecida.

—Quería hacer algo especial por usted.

Silencio.

La señora Kang bajó la mirada.

—Yo… no sabía.

Seo-yeon respondió:

—Ese es precisamente el problema.

—¿Qué?

—No necesitaba saber cuánto dinero tengo para tratarme como una persona.

Nadie habló.

La suegra intentó marcharse.

Pero el señor Han intervino.

—Presidenta, falta otro asunto.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Cuál?

El hombre sacó una carpeta.

—Encontramos quién estaba utilizando las cuentas de Han Foods.

La suegra se detuvo.

Seo-yeon lo notó.

—¿Qué cuentas?

—Las transferencias que investigamos.

Min-jun preguntó:

—¿Qué transferencias?

Seo-yeon respiró profundamente.

—Durante seis meses desaparecieron siete millones de mi empresa.

La suegra dejó caer su copa.

Todos giraron.

Seo-yeon la miró.

—¿Por qué reaccionó así?

—Se me resbaló.

El señor Han abrió la carpeta.

—El dinero terminó en una compañía llamada KJ Holdings.

Min-jun quedó inmóvil.

—¿KJ Holdings?

Miró a su madre.

—Esa empresa era de papá.

La suegra palideció.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Era?

Min-jun respondió:

—Mi padre murió hace cinco años.

El señor Han negó.

—Entonces tenemos un problema.

—¿Cuál?

—KJ Holdings recibió una transferencia hace tres días…

Hizo una pausa.

—autorizada personalmente por el señor Kang.

Silencio absoluto.

Min-jun retrocedió.

—Eso es imposible.

La suegra cerró los ojos.

Su hijo la vio.

—Mamá.

Nada.

—Mírame.

Ella comenzó a llorar.

—No quería que lo descubrieras así.

Min-jun dejó de respirar.

—¿Descubrir qué?

—Tu padre está vivo.

Silencio.

—No.

—Sí.

—Yo estuve en su funeral.

—El ataúd estaba cerrado.

Min-jun retrocedió.

—¿Dónde está?

La mujer no respondió.

—¡¿DÓNDE ESTÁ MI PADRE?!

Antes de que pudiera contestar…

se escuchó un automóvil frente a la mansión.

La suegra perdió completamente el color.

—No.

Seo-yeon miró hacia la ventana.

Un automóvil negro acababa de detenerse.

Un hombre mayor bajó.

Min-jun quedó paralizado.

—Papá…

La puerta se abrió.

El señor Kang entró.

Su hijo no podía moverse.

—¿Cinco años?

El hombre bajó la mirada.

—Lo siento.

Min-jun caminó hacia él.

—¡TE LLORÉ CINCO AÑOS!

—Tenía que desaparecer.

—¿POR QUÉ?

El hombre miró a Seo-yeon.

—Por su padre.

Ella frunció el ceño.

—Mi padre murió cuando yo tenía dieciséis años.

El señor Kang negó.

—Eso tampoco es verdad.

Seo-yeon quedó congelada.

—¿Qué?

La suegra gritó:

—¡CÁLLATE!

Todos giraron hacia ella.

El señor Kang la miró.

—Ya ocultamos demasiado.

Seo-yeon sintió un escalofrío.

—¿Mi padre está vivo?

—Sí.

—¿Dónde?

El hombre sacó una fotografía.

Se la entregó.

Seo-yeon reconoció inmediatamente a su padre.

La fotografía tenía fecha de hacía apenas dos semanas.

Sus manos comenzaron a temblar.

—¿Por qué fingió su muerte?

El señor Kang respondió:

—Porque descubrió quién estaba robando Han Foods.

Seo-yeon miró la carpeta.

—¿Los siete millones?

—Eso es solo una parte.

—¿Cuánto?

—Treinta y dos millones.

Silencio absoluto.

Seo-yeon casi dejó caer la fotografía.

—¿Quién?

El señor Kang miró hacia la mesa.

—La persona está en esta habitación.

Nadie respiró.

La suegra comenzó a retroceder.

Min-jun lo notó.

—Mamá…

Ella negó.

—No me mires.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Fue usted?

—¡NO!

El señor Kang respondió:

—Ella no robó el dinero.

La mujer respiró aliviada.

Pero él continuó:

—Ayudó a esconderlo.

Silencio.

Min-jun retrocedió.

—¿Por qué?

La suegra comenzó a llorar.

—Porque me amenazaron.

—¿Quién?

Nada.

—¡MAMÁ!

Ella señaló lentamente hacia uno de los invitados.

Todos giraron.

Un hombre elegante dejó su copa sobre la mesa.

Seo-yeon lo reconoció.

—Señor Park…

Era su director financiero.

Él sonrió.

—Parece que finalmente llegamos a esa parte.

Seo-yeon quedó helada.

—¿Tú?

El hombre se levantó.

—Tu padre cometió un error.

—¿Cuál?

—Descubrirme.

Min-jun se colocó delante de Seo-yeon.

El señor Park soltó una carcajada.

—Tranquilo, doctor. No vine a hacerle daño a nadie.

Seo-yeon lo miró.

—Entonces ¿por qué viniste?

—Por esto.

Sacó un sobre.

Lo dejó sobre la mesa.

Seo-yeon lo abrió.

Era una copia de un testamento.

—¿Qué es?

El señor Park respondió:

—La razón por la que tu padre desapareció.

Seo-yeon comenzó a leer.

Su expresión cambió.

—Esto dice que Han Foods…

Se detuvo.

—¿Qué? —preguntó Min-jun.

Seo-yeon levantó lentamente la mirada.

—Que mi padre nunca fue el único propietario.

El señor Park sonrió.

—Exactamente.

—¿Quién era el otro?

El hombre señaló a la suegra.

Silencio absoluto.

Min-jun miró a su madre.

—¿Tú?

Ella comenzó a llorar.

Seo-yeon quedó paralizada.

La misma mujer que minutos antes le había quitado un plato y le había dicho que comiera después de todos…

podía haber sido socia secreta de su padre durante décadas.

Seo-yeon se acercó.

—¿Quién es usted realmente?

La suegra levantó la mirada.

—La mujer que conoció a tu padre mucho antes de que tú nacieras.

—¿Qué significa eso?

La mujer miró a Min-jun.

Después a Seo-yeon.

—Significa que esta cena nunca debió celebrarse.

Min-jun frunció el ceño.

—¿Por qué?

La suegra comenzó a llorar.

—Porque hay algo sobre ustedes dos que ninguno conoce.

Seo-yeon sintió que el estómago se le cerraba.

—¿Qué?

La mujer abrió la boca para responder.

Pero el señor Kang golpeó la mesa.

—¡NO!

Todos lo miraron.

Él estaba pálido.

Y entonces Seo-yeon entendió que los treinta y dos millones desaparecidos quizás ni siquiera eran el secreto más peligroso de aquella familia.

Todo había comenzado con un plato de comida tirado al suelo.

Ahora había un hombre oficialmente muerto dentro de la mansión, otro padre supuestamente muerto que seguía vivo, millones desaparecidos…

y una suegra que acababa de admitir que conocía la verdad sobre por qué el matrimonio de Seo-yeon y Min-jun nunca debió ocurrir.

By yhq9q

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