El esposo se quedó congelado.
—Mamá… esto no es asunto tuyo.
La señora Kang entró y cerró la puerta.
—Desde el momento en que levantaste la mano contra tu esposa, se convirtió en asunto mío.
Min-ho apretó los puños.
—Ella me provocó.
Su madre lo miró con desprecio.
—Esa misma excusa utilizaba tu padre.
Silencio.
Min-ho cambió de expresión.
—No lo menciones.
Su esposa, Soo-ah, los miró confundida.
—¿Qué tiene que ver su padre?
La señora Kang no respondió.
Min-ho sí.
—Nada.
—Entonces ¿por qué estás nervioso?
—¡HE DICHO QUE NADA!
Intentó acercarse.
Su madre volvió a interponerse.
—Te advertí que no dieras otro paso.
Min-ho soltó una carcajada.
—¿Ahora vas a defenderla después de todo lo que hizo?
Soo-ah frunció el ceño.
—¿Qué hice?
Él señaló el teléfono roto.
—¡Encontré las transferencias!
La habitación quedó en silencio.
—¿Qué transferencias?
Min-ho sacó varios documentos.
Los lanzó sobre la mesa.
—Ciento cincuenta mil dólares.
Soo-ah miró las hojas.
Su rostro cambió.
—Revisaste mi cuenta.
—¡Claro que la revisé!
—No tenías derecho.
—¡SOY TU ESPOSO!
Soo-ah levantó la mirada.
—Eso no te convierte en mi dueño.
La señora Kang tomó uno de los documentos.
Entonces palideció.
—Soo-ah…
—¿Qué?
—¿A quién enviaste este dinero?
Min-ho se rio.
—Eso mismo quiero saber.
Soo-ah guardó silencio.
—¡CONTESTA!
—No puedo.
Min-ho golpeó la mesa.
—¿Lo ves, mamá?
La señaló.
—¡Lleva meses escondiéndome dinero!
Pero su madre seguía mirando el número de cuenta.
—No…
Min-ho frunció el ceño.
—¿Qué pasa?
La mujer comenzó a temblar.
—Conozco esta cuenta.
Soo-ah levantó rápidamente la cabeza.
—¿Cómo?
La señora Kang la miró.
—Pertenecía a tu padre.
Silencio absoluto.
Soo-ah retrocedió.
—Mi padre murió hace siete años.
—Lo sé.
Min-ho miró a ambas.
—Entonces ¿por qué mi esposa está enviando dinero a la cuenta de un muerto?
Soo-ah cerró los ojos.
Min-ho se acercó.
—Ahora sí vas a hablar.
Ella respiró profundamente.
—Tu empresa está quebrando.
Min-ho se detuvo.
—¿Qué?
—Lleva ocho meses perdiendo dinero.
—Mentira.
Soo-ah sacó una carpeta de un cajón.
—Aquí están las cuentas.
Min-ho la abrió.
Pasó una página.
Después otra.
Su rostro perdió el color.
—¿Dónde conseguiste esto?
—Alguien me las envió.
—¿Quién?
—La misma persona que me pidió las transferencias.
La señora Kang preguntó:
—¿Tu padre?
Soo-ah negó.
—No.
—Entonces ¿quién?
Antes de responder…
sonó el timbre.
Nadie se movió.
Volvió a sonar.
Soo-ah palideció.
—No abras.
Min-ho la miró.
—¿Por qué?
—Porque no esperaba que viniera hoy.
Min-ho abrió.
Un hombre trajeado esperaba afuera.
Llevaba un maletín.
—¿Señora Soo-ah Lee?
—Sí.
Le entregó una carpeta.
—Lo que solicitó.
Min-ho se la arrebató.
—¿Qué es esto?
Leyó el encabezado.
Y quedó inmóvil.
AUDITORÍA INTERNA — KANG GROUP.
Miró a su esposa.
—¿Mandaste investigar mi empresa?
Soo-ah negó.
—Nuestra empresa.
Min-ho soltó una carcajada.
—¿Nuestra?
El hombre trajeado intervino.
—Legalmente, la señora Soo-ah controla el 34%.
La sonrisa desapareció.
—¿Qué?
Su madre cerró los ojos.
Min-ho la vio.
—Mamá…
Ella no respondió.
—Tú sabías.
—Sí.
Min-ho retrocedió.
—¿Desde cuándo?
—Desde antes de tu boda.
—¿Y nunca me lo dijiste?
Su madre lo miró.
—Porque tu padre me obligó a guardar silencio.
Soo-ah quedó inmóvil.
—¿Mi suegro?
La señora Kang asintió.
—El padre de Soo-ah ayudó a fundar Kang Group.
Min-ho negó.
—Papá fundó esa empresa.
—Eso fue lo que él te hizo creer.
Silencio.
Soo-ah miró los documentos.
—Entonces las acciones…
—Pertenecían a tu padre.
Min-ho explotó.
—¡¿Y POR QUÉ TERMINARON A NOMBRE DE ELLA?!
Su madre respondió:
—Porque antes de morir se las dejó.
Min-ho miró a su esposa como si acabara de conocerla.
—¿Te casaste conmigo por la empresa?
Soo-ah sintió el golpe de la acusación.
—Yo ni siquiera sabía que tenía esas acciones cuando nos casamos.
—¡MENTIRA!
Su madre golpeó la mesa.
—¡BASTA!
Min-ho se calló.
—Tu esposa lleva seis meses usando su propio dinero para impedir que tu empresa quiebre.
Él quedó inmóvil.
—¿Qué?
Soo-ah bajó la mirada.
La señora Kang levantó las transferencias.
—Estos ciento cincuenta mil fueron para pagar una deuda que tú ni siquiera sabías que existía.
Min-ho miró a Soo-ah.
—¿Por qué no me lo dijiste?
Ella levantó lentamente la mirada.
—Porque cada vez que intentaba hablar de tus problemas financieros…
Señaló el teléfono destrozado.
—terminabas así.
Min-ho no encontró respuesta.
Entonces el auditor intervino.
—Hay un problema mucho mayor.
Todos lo miraron.
—¿Cuál?
Abrió la carpeta.
—Kang Group no está perdiendo dinero.
Min-ho frunció el ceño.
—Acaba de decir que estamos quebrando.
—Porque alguien está sacando el dinero deliberadamente.
Silencio.
—¿Cuánto?
—Más de cuatro millones durante el último año.
La señora Kang se sentó.
—Dios mío.
Min-ho tomó los documentos.
—¿Quién?
El auditor señaló varias transferencias.
Todas terminaban en la misma cuenta.
Soo-ah la reconoció.
—Esa es…
La señora Kang terminó:
—La cuenta del padre de Soo-ah.
Min-ho miró a su esposa.
—¿Qué significa esto?
El auditor respondió:
—Que alguien reactivó esa cuenta hace ocho meses.
Soo-ah palideció.
—Eso es imposible.
—¿Por qué?
—Porque para reactivarla necesitaban una firma.
—Correcto.
El auditor sacó una hoja.
—Y tenemos esa firma.
Soo-ah la miró.
Las piernas comenzaron a temblarle.
Era la firma de su padre.
Fechada hacía apenas ocho meses.
—No…
Min-ho se acercó.
—¿Qué pasa?
—Esa es su firma.
—Pero tu padre murió hace siete años.
Soo-ah asintió.
Entonces la señora Kang hizo algo inesperado.
Comenzó a llorar.
Soo-ah la miró.
—Usted sabe algo.
—No.
—Míreme.
La mujer no pudo.
—¿Mi padre está vivo?
Silencio.
—¡CONTESTE!
La señora Kang cerró los ojos.
—Sí.
Soo-ah retrocedió.
—¿Qué?
Min-ho quedó paralizado.
—Mamá…
—Tu padre también lo sabía.
Soo-ah sintió que el aire desaparecía.
—¿Mi suegro sabía que mi padre estaba vivo?
—Sí.
—¿Dónde está?
La mujer comenzó a llorar.
—No lo sé.
Soo-ah negó.
—Está mintiendo.
—No.
—¡LLEVA SIETE AÑOS MINTIÉNDOME!
Entonces el auditor recibió un mensaje.
Lo abrió.
—Señora Soo-ah…
Su expresión cambió.
—¿Qué?
Le mostró una fotografía.
Había sido tomada hacía menos de una hora.
Un hombre mayor estaba entrando al edificio.
Soo-ah dejó caer el teléfono.
—Papá…
Min-ho miró la imagen.
—¿Es él?
Ella no pudo responder.
En ese momento…
tocaron tres veces la puerta.
La señora Kang palideció.
—No.
Soo-ah caminó hacia ella.
—¿Por qué tiene miedo?
—Porque si realmente es tu padre…
Miró a su hijo.
—entonces tu padre nos mintió sobre algo mucho peor que unas acciones.
Volvieron a tocar.
Soo-ah abrió.
El hombre de la fotografía estaba allí.
Más viejo.
Cabello gris.
Pero era él.
—Papá…
Los ojos del hombre se llenaron de lágrimas.
—Hola, hija.
Soo-ah comenzó a llorar.
—Te enterré hace siete años.
Él bajó la mirada.
—Lo sé.
—¿Por qué?
—Porque necesitaba que todos creyeran que estaba muerto.
Min-ho se acercó.
—¿Todos?
El hombre lo miró.
—Todos menos tu padre.
Silencio.
Soo-ah recordó algo.
—Las transferencias.
—No fui yo.
—Pero llevan tu firma.
—Precisamente.
Sacó un sobre.
—Alguien lleva meses utilizando mi identidad.
Min-ho preguntó:
—¿Quién?
El hombre miró a la señora Kang.
Ella comenzó a temblar.
—No me mires.
—Ya es hora.
—Prometiste que nunca lo dirías.
Soo-ah giró hacia su suegra.
—¿Decir qué?
El hombre dejó el sobre sobre la mesa.
Dentro había una fotografía antigua.
Aparecían él, la señora Kang y el fallecido padre de Min-ho.
—Hace siete años descubrimos quién estaba robando Kang Group.
Min-ho preguntó:
—¿Mi padre?
El hombre negó.
—Tu padre intentaba detenerlo.
—Entonces ¿quién?
La señora Kang comenzó a llorar.
—Por favor…
El padre de Soo-ah la miró.
—Díselo tú.
Min-ho observó a su madre.
—¿Quién está robando nuestra empresa?
Ella levantó lentamente la cabeza.
Y respondió:
—Tu hermano.
Min-ho quedó congelado.
—Yo no tengo ningún hermano.
Su madre cerró los ojos.
—Eso también fue mentira.
Nadie habló.
Min-ho miró a Soo-ah.
Después a su madre.
Y por primera vez comprendió que aquella discusión había empezado por un teléfono roto…
pero acababa de abrir un secreto que su familia llevaba décadas ocultando.
Y Soo-ah ya no pensaba quedarse callada.