¡No te cases con mi padre!

La boda de Han Seo-jin y Kang Min-ho había sido preparada durante casi un año.

El Hotel Imperial de Seúl estaba completamente decorado con flores blancas, enormes lámparas de cristal y una alfombra que atravesaba todo el salón principal. Más de quinientos invitados ocupaban sus asientos mientras empresarios, familiares y periodistas esperaban el momento más importante de la ceremonia.

Seo-jin estaba feliz.

Min-ho parecía nervioso, pero ella pensó que era normal.

Después de todo, ambos estaban a segundos de convertirse oficialmente en marido y mujer.

El sacerdote terminó de leer los votos.

Min-ho tomó las manos de Seo-jin.

—Te prometo que nunca volverás a estar sola.

Ella sonrió.

Entonces el sacerdote anunció:

—Puede besar a la novia.

Min-ho se acercó.

Pero antes de que pudiera hacerlo, las enormes puertas del salón se abrieron violentamente.

—¡NO TE CASES CON MI PADRE!

Todo el salón quedó en silencio.

Una joven de aproximadamente veintidós años corrió directamente hacia el altar.

Seo-jin abrió los ojos.

Min-ho perdió completamente el color del rostro.

Y esa reacción fue lo primero que hizo sospechar a la novia.

—Min-ho…

Miró primero a la desconocida.

Después a él.

—¿Tu hija?

—No.

Respondió demasiado rápido.

La joven llegó hasta ellos.

—Sí.

Min-ho intentó sujetarla del brazo.

—¡Fuera de aquí!

Ella se soltó.

—¡No vuelvas a tocarme!

—Esta mujer está mintiendo —dijo Min-ho mirando a los invitados—. No sé quién es.

¡PLAF!

La joven lo abofeteó.

Todos quedaron paralizados.

—¡Entonces dile quién es mi madre!

Min-ho guardó silencio.

Seo-jin sintió un escalofrío.

—¿Quién eres?

La joven la miró.

—Mi nombre es Kang Ha-neul.

Después levantó lentamente el brazo.

Y señaló hacia la primera fila.

Todos siguieron la dirección de su dedo.

La persona señalada era Han Mi-sook.

La madre de Seo-jin.

La copa que Mi-sook sostenía se le escapó de las manos.

¡CRASH!

Seo-jin dejó de respirar.

—Mamá…

Mi-sook comenzó a retroceder.

—Esto no es lo que parece.

—¿Qué significa esto?

Ha-neul respondió antes que ella.

—Significa que tu madre y mi padre estuvieron juntos.

Seo-jin miró a Min-ho.

Después a su madre.

—¿Cuándo?

Nadie respondió.

Seo-jin levantó la voz.

—¡¿CUÁNDO?!

Mi-sook cerró los ojos.

—Hace veintitrés años.

Seo-jin sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Ha-neul tenía veintidós.

Las fechas encajaban.

—¿Ella es hija de ustedes dos?

Min-ho respondió:

—No sabemos eso.

Ha-neul soltó una risa amarga.

—¿Ahora tampoco sabes quién es mi padre?

Sacó una carpeta.

La lanzó sobre el altar.

—Prueba de ADN.

Seo-jin abrió el documento.

Probabilidad de paternidad: 99.99 %.

Seo-jin levantó lentamente la mirada.

Min-ho era el padre.

No había duda.

Pero eso no era lo peor.

Si su madre era también la madre de Ha-neul, entonces aquella joven podía ser su propia hermana.

Seo-jin retrocedió.

—Mamá…

Mi-sook comenzó a llorar.

—Escúchame.

—¿Ella es mi hermana?

—No.

Ha-neul giró.

—¿Qué?

Mi-sook negó con fuerza.

—Tú no eres mi hija.

Ha-neul quedó inmóvil.

—Entonces ¿por qué mi padre me dijo que usted era mi madre?

Todos miraron a Min-ho.

Seo-jin apretó los puños.

—Explícalo.

Min-ho guardó silencio.

—¡EXPLÍCALO!

Finalmente habló.

—Porque durante años pensé que Mi-sook era tu madre.

Ha-neul soltó una carcajada.

—¿Pensabas?

—La mujer que te dio a luz desapareció poco después.

—¿Quién era?

Min-ho miró a Mi-sook.

La expresión de ella cambió completamente.

Seo-jin lo notó.

—Mamá sabe quién era.

Mi-sook negó.

—No.

—Sí sabes.

Ha-neul caminó hacia ella.

—¿Quién era mi madre?

Mi-sook comenzó a temblar.

—Mi hermana.

Silencio.

Seo-jin abrió los ojos.

—¿Tía Soo-ah?

Su madre asintió lentamente.

Seo-jin apenas recordaba aquel nombre. Durante su infancia le habían contado que Han Soo-ah, la hermana menor de Mi-sook, había muerto en un accidente antes de que ella naciera.

Pero Ha-neul estaba allí.

Viva.

Y acababa de demostrar que había nacido después de aquel supuesto accidente.

—Me dijiste que murió hace veinticinco años.

Mi-sook comenzó a llorar.

—Eso fue lo que todos creímos.

Ha-neul negó.

—Mi madre está viva.

Todos quedaron congelados.

Min-ho giró violentamente.

—¿Qué?

Ha-neul sacó su teléfono.

Mostró una fotografía reciente.

Una mujer de aproximadamente cincuenta años aparecía entrando a una pequeña clínica.

Seo-jin reconoció inmediatamente el parecido con las fotografías antiguas de su tía.

—¿Dónde está?

—Desapareció otra vez hace tres días.

Min-ho se acercó.

—¿Cómo la encontraste?

Ha-neul lo miró con desprecio.

—La misma pregunta que llevo años intentando hacerte.

—Nunca supe que estaba viva.

—Mentira.

—¡No estoy mintiendo!

Ha-neul sacó otra fotografía.

Esta vez aparecía Min-ho junto a Soo-ah.

La fecha era de hacía apenas seis meses.

Seo-jin dejó caer el documento que sostenía.

—Te reuniste con ella.

Min-ho palideció.

—Seo-jin…

—¡SEIS MESES ANTES DE NUESTRA BODA!

Mi-sook tomó la fotografía.

—Soo-ah…

Ha-neul miró a Min-ho.

—Ahora dile la verdad.

Seo-jin levantó la mirada.

—¿Qué verdad?

Min-ho permaneció varios segundos en silencio.

Finalmente respiró profundamente.

—Soo-ah apareció hace seis meses.

—¿Por qué?

—Porque alguien la estaba buscando.

—¿Quién?

—No me lo dijo.

Ha-neul intervino.

—Sí te lo dijo.

Min-ho la miró.

—Tú no estabas allí.

—No hacía falta.

Ha-neul mostró una grabación.

Se escuchaba la voz de Soo-ah.

—Min-ho, si vuelven a encontrarme, no habrá una segunda oportunidad.

Seo-jin sintió miedo.

La grabación continuó.

—No confíes en Mi-sook.

Todos miraron a la madre de Seo-jin.

—¿Qué?

Mi-sook retrocedió.

—Eso está manipulado.

Ha-neul continuó reproduciendo.

—Mi hermana sabe por qué desaparecí. Y también sabe quién se llevó a Ha-neul después de que nació.

Ha-neul detuvo el audio.

Seo-jin miró a su madre.

—¿Quién se llevó a Ha-neul?

Mi-sook negó con la cabeza.

—Yo no puedo hablar de eso.

Seo-jin explotó.

—¡HOY DESCUBRO QUE MI FUTURO ESPOSO TUVO UNA HIJA CON MI TÍA, QUE MI TÍA SIGUE VIVA Y QUE TÚ SABES TODO DESDE HACE AÑOS!

El salón quedó completamente en silencio.

Mi-sook comenzó a llorar.

—Lo hice para protegerte.

—¿Protegerme de qué?

—De tu padre.

Seo-jin frunció el ceño.

—Papá murió cuando yo tenía seis años.

Mi-sook la miró.

—No.

Seo-jin dejó de respirar.

—¿Qué?

—Tu padre sigue vivo.

Min-ho abrió los ojos.

—Eso es imposible.

Mi-sook negó.

—Nunca murió en aquel accidente.

Seo-jin sintió que todo su pasado se derrumbaba.

—¿Dónde está?

—No lo sé.

Ha-neul soltó una risa amarga.

—Yo sí.

Todos la miraron.

—Mi madre lo encontró.

Seo-jin se acercó.

—¿Dónde?

Ha-neul sacó otra fotografía.

Mostraba a Soo-ah conversando con un hombre mayor.

Seo-jin reconoció el rostro por antiguas fotografías familiares.

Era su padre.

Han Tae-sung.

Vivo.

La fotografía tenía fecha de hacía dos semanas.

Seo-jin comenzó a llorar.

—No entiendo nada.

Ha-neul respondió:

—Yo tampoco entendía hasta que encontré los documentos de mi madre.

Sacó una carpeta vieja.

Dentro había contratos, fotografías y una copia de un testamento.

Min-ho miró el documento.

Su expresión cambió.

—¿Dónde conseguiste esto?

—Mi madre lo escondió.

Seo-jin tomó el testamento.

Era de su abuelo materno.

En él aparecía una cláusula que nunca había visto.

La fortuna de la familia Han debía dividirse entre dos líneas familiares.

La de Mi-sook.

Y la de Soo-ah.

Pero si Soo-ah moría sin descendencia reconocida, toda su participación pasaría a Mi-sook.

Seo-jin levantó la mirada.

—Por eso ocultaron a Ha-neul.

Mi-sook negó rápidamente.

—¡Yo no hice eso!

Ha-neul preguntó:

—Entonces ¿quién?

Mi-sook miró hacia Min-ho.

Seo-jin lo vio.

—¿Tú?

—No.

—¡DIME LA VERDAD!

Min-ho respiró profundamente.

—Tu padre.

Seo-jin quedó inmóvil.

—¿Mi padre se llevó a Ha-neul?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque quería controlar las acciones de la familia.

Ha-neul apretó los puños.

—Entonces mi propia familia me hizo desaparecer.

Min-ho negó.

—No fue tan simple.

—¿Qué puede ser peor?

Min-ho miró a Seo-jin.

—Tu padre no estaba trabajando solo.

Seo-jin sintió miedo.

—¿Con quién?

Min-ho guardó silencio.

Mi-sook respondió:

—Conmigo.

Seo-jin retrocedió.

—Mamá…

—Yo sabía que Soo-ah estaba viva.

—¿Desde cuándo?

—Desde siempre.

La respuesta cayó como una bomba.

Ha-neul quedó completamente inmóvil.

—¿Entonces sabías que mi madre estaba viva mientras yo crecía pensando que me había abandonado?

Mi-sook comenzó a llorar.

—No podía acercarme a ti.

—¡¿POR QUÉ?!

—Porque Tae-sung amenazó con hacerle daño a Seo-jin.

Todos miraron a la novia.

Seo-jin apenas podía mantenerse en pie.

Cada secreto parecía existir para protegerla.

Pero cada secreto también había destruido a alguien más.

Ha-neul.

Soo-ah.

Incluso Min-ho.

—¿Por qué mi padre tenía tanto poder sobre todos?

Mi-sook miró a Min-ho.

—Porque controlaba el Grupo Kang desde las sombras.

Min-ho abrió los ojos.

—¿Qué?

—Tu padre nunca fue el único dueño de tu empresa.

—Eso es imposible.

Mi-sook sacó otro documento.

—Han Tae-sung era socio secreto de tu padre.

Min-ho tomó el papel.

Su rostro cambió.

—Treinta por ciento…

—Exactamente.

Ha-neul comenzó a comprender.

—Entonces esta boda…

Mi-sook asintió.

—No era solamente una boda.

Seo-jin miró a su madre.

—¿Qué significa eso?

—Si tú te casas con Min-ho, las participaciones de Grupo Han y Grupo Kang quedan legalmente vinculadas por el fideicomiso creado por sus padres.

Seo-jin se volvió hacia Min-ho.

—¿Tú sabías esto?

—No.

—¿Seguro?

—¡Te juro que no!

Ha-neul soltó una risa amarga.

—Entonces quizá por eso mi madre me pidió que viniera.

Todos la miraron.

—¿Soo-ah te envió aquí?

—Sí.

Min-ho palideció.

—¿Dónde está ella?

Ha-neul respondió:

—No lo sé.

—¿Cómo te contactó?

—Me dejó un mensaje.

Lo reprodujo.

La voz de Soo-ah llenó el salón.

—Ha-neul, si recibes esto, debes impedir la boda de Min-ho y Seo-jin.

Seo-jin sintió un escalofrío.

—¿Por qué?

La grabación continuó:

—No porque no deban estar juntos.

Silencio.

—Sino porque alguien necesita que firmen el matrimonio antes de medianoche.

Todos miraron el reloj.

Faltaban cuarenta minutos.

Min-ho preguntó:

—¿Qué ocurre a medianoche?

Ha-neul reprodujo el final.

—Después de medianoche, si el matrimonio está registrado, Han Tae-sung obtendrá derecho temporal sobre ambas compañías.

Seo-jin quedó helada.

—Mi padre.

Mi-sook cerró los ojos.

—Por eso regresó.

Min-ho tomó inmediatamente el teléfono.

—Cancelen cualquier registro matrimonial.

Pero el organizador de la boda se acercó pálido.

—Señor Kang…

—¿Qué?

—El registro ya fue enviado.

Todos quedaron inmóviles.

—¿Quién lo autorizó?

El hombre miró los documentos.

—La firma digital vino de la novia.

Seo-jin abrió los ojos.

—¡Yo nunca firmé nada!

Mi-sook comenzó a temblar.

Min-ho tomó el documento.

La firma parecía auténtica.

Pero Seo-jin sabía que no era suya.

Ha-neul miró la hora.

Quedaban treinta y ocho minutos.

—Alguien está intentando casarlos legalmente aunque la ceremonia no termine.

Entonces las luces del salón se apagaron.

Cuando volvieron…

La enorme pantalla detrás del altar se encendió.

Apareció un hombre sentado frente a una cámara.

Seo-jin dejó de respirar.

—Papá…

Han Tae-sung.

El hombre que creía muerto desde su infancia.

Sonrió lentamente.

—Feliz boda, hija.

Seo-jin comenzó a llorar.

—¿Dónde estás?

—Eso no importa.

Min-ho avanzó hacia la pantalla.

—¿Qué quiere?

Tae-sung lo miró.

—Exactamente lo que su padre me prometió hace veinticinco años.

Min-ho frunció el ceño.

—Mi padre está muerto.

Tae-sung sonrió.

—No.

Min-ho palideció.

—¿Qué?

—Está conmigo.

La imagen cambió.

Apareció el padre de Min-ho sentado en otra habitación.

Vivo.

Todos quedaron paralizados.

Mi-sook dejó caer su bolso.

Dos hombres supuestamente muertos estaban vivos.

Y parecían haber planeado todo durante décadas.

Seo-jin gritó:

—¡¿POR QUÉ?!

Su padre volvió a aparecer.

—Porque esta boda nunca fue sobre amor.

Min-ho apretó los puños.

—Para nosotros sí.

—Para ustedes.

Tae-sung sonrió.

—Para nosotros fue una fusión.

La transmisión terminó.

El salón quedó completamente en silencio.

Seo-jin miró a Min-ho.

Min-ho la miró a ella.

Ha-neul permanecía junto al altar sosteniendo los documentos que podían destruir ambas familias.

Y entonces el teléfono de Seo-jin vibró.

Un mensaje de su padre:

“Treinta minutos. Terminen la boda o Soo-ah muere.”

Seo-jin levantó lentamente el teléfono.

Ha-neul vio el mensaje.

Su rostro perdió todo el color.

—Mamá…

La boda que había comenzado con una joven gritando “¡No te cases con mi padre!” se había convertido en algo mucho más peligroso.

Ahora Seo-jin tenía que elegir.

Casarse con Min-ho y entregar a dos hombres supuestamente muertos el control de dos imperios empresariales…

o detener la boda y poner en peligro la vida de la mujer que acababa de descubrir que era su propia tía.

Y el reloj seguía avanzando.

By yhq9q

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