La boda de Kang Min-jae y Han Seo-yeon había sido anunciada durante meses como uno de los acontecimientos sociales más importantes de Seúl. Más de quinientos invitados llenaban el salón principal del Hotel Imperial: empresarios, políticos, celebridades y periodistas esperaban presenciar la unión de dos familias poderosas.
Seo-yeon estaba convencida de que aquel sería el día más feliz de su vida.
Había conocido a Min-jae tres años atrás. Él parecía perfecto: atento, cariñoso y siempre dispuesto a hablar sobre el futuro.
Sin embargo, durante las últimas semanas algo había cambiado.
Min-jae desaparecía durante horas.
Recibía llamadas que nunca contestaba delante de ella.
Y tres días antes de la boda había viajado misteriosamente a Busan.
—Es una reunión de negocios —le aseguró.
Seo-yeon decidió confiar.
Ahora estaba frente al altar, mirándolo a los ojos.
El sacerdote entregó el anillo.
Min-jae tomó suavemente la mano de su prometida.
—Seo-yeon, desde hoy prometo…
Las enormes puertas del salón se abrieron de golpe.
—¡DETENGAN ESTA BODA!
Todos voltearon.
Una joven embarazada avanzaba desesperadamente por el pasillo.
Min-jae perdió inmediatamente el color del rostro.
Seo-yeon lo notó.
—¿Quién es ella?
La desconocida llegó frente al altar.
Tenía lágrimas en los ojos.
Señaló directamente al novio.
—Ese hombre… es mi esposo.
El salón explotó en murmullos.
Seo-yeon miró a Min-jae esperando que negara inmediatamente aquella acusación.
Pero él guardó silencio.
¡PLAF!
La bofetada de Seo-yeon resonó delante de todos.
—¡Dime que está mintiendo!
Min-jae reaccionó.
—¡Nunca me casé con ella! ¡Está loca! ¡Seguramente quiere dinero!
La mujer embarazada soltó una amarga sonrisa.
—¿Dinero?
Abrió su bolso.
Sacó un documento y lo lanzó sobre el altar.
—Entonces explica tu firma.
Seo-yeon tomó el papel.
Era un certificado matrimonial.
Buscó inmediatamente el nombre.
Kang Min-jae.
La firma parecía idéntica.
Pero algo más llamó su atención.
La fecha.
Seo-yeon abrió los ojos.
—¡La fecha es de hace tres días!
Todos los invitados quedaron paralizados.
Era exactamente el día del supuesto viaje de negocios a Busan.
Seo-yeon levantó lentamente la mirada.
—¿Esta era tu reunión?
—Puedo explicarlo.
—Entonces explica.
Min-jae guardó silencio.
Su padre intervino inmediatamente.
—¡Seguridad! ¡Saquen a esa mujer!
Dos guardias comenzaron a acercarse.
Pero Seo-yeon levantó la mano.
—Nadie la toca.
La mujer embarazada miró agradecida a la novia.
Entonces reveló algo todavía peor.
—Yo tampoco sabía que él iba a casarse hoy.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Min-jae me dijo que nuestra boda debía mantenerse en secreto porque su familia todavía no me aceptaba.
Los invitados comenzaron a murmurar nuevamente.
—Me prometió que después del nacimiento de nuestro hijo anunciaríamos públicamente nuestro matrimonio.
Seo-yeon sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—¿Ese bebé…?
La joven colocó una mano sobre su vientre.
—Es suyo.
La madre del novio se puso de pie.
—¡Mentira!
La mujer sacó varios papeles.
—Tengo pruebas médicas, fotografías, mensajes y transferencias bancarias.
Min-jae intentó arrebatárselos.
Seo-yeon se interpuso.
—¡No vuelvas a tocar nada!
Entonces miró al hombre con quien estaba a segundos de casarse.
—¿Por qué?
Min-jae respiró profundamente.
—Porque necesitaba tiempo.
—¿Tiempo para qué?
No respondió.
Pero el abuelo de Seo-yeon, presidente honorario del Grupo Han, comprendió inmediatamente.
Se levantó.
—Por las acciones.
Todos lo miraron.
El anciano caminó lentamente hacia el altar.
—Nuestro acuerdo matrimonial establece que, después de casarte con mi nieta, recibirías participación en el Grupo Han.
El rostro de Min-jae cambió.
Seo-yeon lo miró horrorizada.
—¿Ibas a casarte conmigo por mi empresa?
—¡No! Yo te amo.
—¿Y te casaste con otra mujer tres días antes?
Min-jae comenzó a desesperarse.
—Ese certificado no significa nada.
La mujer embarazada abrió los ojos.
—¿No significa nada?
—Fue un error.
Aquellas tres palabras terminaron de destruirlo.
Seo-yeon se quitó lentamente el anillo.
Min-jae intentó detenerla.
—Espera.
Ella dejó caer el anillo sobre el certificado matrimonial.
—La boda terminó.
El padre del novio corrió hacia ella.
—¡Piensa cuidadosamente! Nuestras empresas ya firmaron acuerdos millonarios.
El abuelo de Seo-yeon respondió antes que ella.
—Esos acuerdos dependían del matrimonio.
Sacó su teléfono.
—Cancelen inmediatamente todas las inversiones relacionadas con la familia Kang.
Min-jae palideció.
—¡No puede hacer eso!
—Acabo de hacerlo.
Varios teléfonos comenzaron a sonar entre los ejecutivos.
El padre de Min-jae revisó el suyo.
Su expresión cambió completamente.
—Las acciones están cayendo…
Pero Seo-yeon ya no estaba escuchando.
Caminó hasta la mujer embarazada.
—¿Sabías de mí?
La joven negó entre lágrimas.
—Lo descubrí esta mañana. Vi el anuncio de la boda.
Seo-yeon comprendió entonces que ambas habían sido engañadas por el mismo hombre.
Tomó suavemente su mano.
—Entonces ninguna de las dos tiene por qué pelear por él.
Min-jae quedó solo frente al altar.
Cinco minutos antes estaba preparado para entrar en una de las familias más poderosas del país.
Ahora había perdido a ambas mujeres y el acuerdo empresarial que esperaba conseguir.
Seo-yeon se giró hacia los invitados.
—Lamento que hayan venido para una boda.
Miró por última vez a Min-jae.
—Pero prefiero cancelar una ceremonia hoy que vivir toda una vida dentro de una mentira.
Dejó el ramo sobre el altar y comenzó a caminar hacia la salida.
La mujer embarazada caminó detrás de ella.
Nadie intentó detenerlas.
Min-jae observó el certificado matrimonial que permanecía sobre el altar.
Había intentado construir dos vidas al mismo tiempo.
Y en cuestión de minutos acababa de perderlas ambas.