—¿Presidenta?
El suegro miró a la nuera completamente desconcertado.
El inversionista hizo una reverencia ante ella.
—Presidenta Kim, traje el contrato de inversión.
La nuera, Seo-yeon, tomó la carpeta.
—Perfecto.
El suegro golpeó la mesa.
—¡¿Presidenta de qué?!
Seo-yeon lo miró fijamente.
—De Mirae Capital.
El suegro quedó inmóvil.
—¿Mirae Capital?
El esposo, Min-jun, bajó todavía más la mirada.
Su padre giró hacia él.
—¡Tú dijiste que ella estaba desempleada!
Silencio.
—¡RESPÓNDEME!
Min-jun tragó saliva.
—Mentí.
¡PLAF!
El padre abofeteó a su hijo.
—¡¿ME HICISTE HUMILLAR A LA PRESIDENTA DEL FONDO QUE QUEREMOS COMO INVERSOR?!
Seo-yeon respondió:
—Ese es solamente su primer problema.
El suegro palideció.
—¿Qué significa?
El inversionista abrió la carpeta.
—La inversión solicitada era de veinte millones.
—Exactamente —respondió el suegro—. Y estamos preparados para firmar.
Seo-yeon negó.
—Ya no.
Silencio absoluto.
El suegro se acercó.
—Señora Kim, podemos olvidar lo ocurrido.
Seo-yeon tocó su mejilla.
—¿Olvidar esto?
—Cometí un error.
—No.
Ella miró a Min-jun.
—Cometió exactamente el error que su hijo esperaba.
Min-jun levantó la cabeza de golpe.
—Seo-yeon…
El padre lo miró.
—¿Qué está diciendo?
Seo-yeon sacó su teléfono.
—Su hijo me pidió que ocultara quién era.
El suegro frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque quería demostrarme cómo me trataría usted creyendo que yo no tenía dinero.
Silencio.
Min-jun se levantó.
—¡ESO NO ES VERDAD!
Seo-yeon reprodujo un audio.
La voz de Min-jun llenó la sala:
—“No le digas a mi padre quién eres. Necesito que crea que dependes de mí.”
El suegro quedó helado.
—¿Por qué dijiste eso?
Min-jun permaneció callado.
Seo-yeon respondió:
—Porque necesitaba que usted rechazara mi presencia en esta reunión.
—¿Para qué?
Ella abrió otra carpeta.
—Para poder firmar esto sin que yo lo viera.
El suegro tomó el documento.
Su expresión cambió.
—Transferencia de acciones…
Miró a su hijo.
—¿Querías vender el 30 % de mi empresa?
—¡Era necesario!
—¡¿A QUIÉN?!
Seo-yeon señaló la última página.
El suegro leyó el comprador.
JM HOLDINGS.
—No conozco esa empresa.
El inversionista intervino:
—Nosotros sí.
—¿Quiénes son?
—Una sociedad creada hace cuatro meses.
Seo-yeon añadió:
—Y su beneficiario está oculto.
Min-jun retrocedió.
—No sabes de qué estás hablando.
—Entonces explícame por qué recibiste dos millones de ellos.
Silencio absoluto.
El suegro miró a su hijo.
—¿Te pagaron?
—Fue un adelanto.
—¿POR VENDER MI EMPRESA?
—¡La compañía está quebrada!
El suegro quedó inmóvil.
—¿Qué?
Seo-yeon abrió los estados financieros.
—Su hijo tiene razón en eso.
El hombre tomó los papeles.
—Esto es imposible.
—Debe cuarenta y ocho millones.
—¡Hace tres meses teníamos reservas!
Seo-yeon señaló varias transferencias.
—Desaparecieron.
El suegro miró a Min-jun.
—¿Tú hiciste esto?
—¡NO!
—¡TÚ CONTROLAS LAS CUENTAS!
—Alguien utilizó mis credenciales.
Seo-yeon intervino:
—Eso parece ser cierto.
Min-jun la miró sorprendido.
—¿Me crees?
—No dije eso.
Colocó otro documento.
—Encontramos el destino del dinero.
El suegro leyó.
—KJ International.
Su rostro cambió completamente.
Seo-yeon lo notó.
—Usted conoce ese nombre.
—No.
—Entonces ¿por qué está temblando?
El hombre guardó silencio.
El inversionista respondió:
—KJ International desapareció hace veinticinco años.
Seo-yeon añadió:
—Después de que su fundador fue declarado muerto.
El suegro golpeó la mesa.
—¡YA BASTA!
Todos quedaron callados.
Seo-yeon se acercó.
—¿Quién era el fundador?
Nada.
—¡RESPONDA!
Finalmente el suegro habló:
—Mi hermano.
Min-jun quedó inmóvil.
—¿Tenías un hermano?
—Sí.
—¡Me dijiste que eras hijo único!
El suegro cerró los ojos.
—Porque para esta familia él murió hace mucho tiempo.
Seo-yeon preguntó:
—¿Qué ocurrió?
—Nos traicionó.
El inversionista negó.
—Eso no dicen los archivos.
El suegro giró.
—¿Qué archivos?
El hombre abrió su maletín.
—Los documentos que la presidenta Kim nos pidió investigar antes de invertir.
Sacó un contrato antiguo.
—Su hermano poseía el 60 % de esta empresa.
Min-jun palideció.
—¿Sesenta por ciento?
Seo-yeon miró al suegro.
—Entonces esta empresa tampoco era realmente suya.
—¡ÉL DESAPARECIÓ!
—¿Y usted tomó sus acciones?
—Legalmente.
El inversionista negó.
—No exactamente.
Mostró una firma.
—Esta transferencia fue falsificada.
Silencio absoluto.
Min-jun miró a su padre.
—¿Falsificaste la firma de tu hermano?
—¡NO!
Seo-yeon preguntó:
—¿Quién lo hizo?
El suegro permaneció callado.
De repente, la puerta se abrió.
Una mujer mayor elegantemente vestida entró.
El suegro perdió completamente el color.
—Tú…
Min-jun miró a la desconocida.
—¿Quién es ella?
La mujer respondió:
—La persona que puede decirte quién falsificó esa firma.
Seo-yeon se acercó.
—¿Usted conoció al fundador?
La mujer sonrió.
—Estuve casada con él.
Min-jun quedó sorprendido.
—¿Esposa de mi tío?
—Sí.
El suegro gritó:
—¡NO TIENES DERECHO A ESTAR AQUÍ!
Ella sacó unas acciones antiguas.
—Tengo más derecho que tú.
El inversionista revisó los documentos.
—Son certificados originales.
Seo-yeon preguntó:
—¿Cuánto controla?
—El 35 %.
El suegro se dejó caer en una silla.
Min-jun lo miró.
—¿Por qué nunca nos hablaste de ellos?
La mujer respondió:
—Porque necesitaba que todos creyeran que mi esposo estaba muerto.
Silencio.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿No murió?
La mujer negó.
—No.
El suegro golpeó la mesa.
—¡MENTIRA!
—Entonces míralo tú mismo.
Las puertas volvieron a abrirse.
Un hombre de unos sesenta años entró caminando lentamente.
El suegro quedó blanco.
—Hermano…
Min-jun retrocedió.
—¿Él es mi tío?
El hombre respondió:
—Sí.
Después miró a Seo-yeon.
—Y gracias por aceptar mi invitación, presidenta Kim.
Ella quedó confundida.
—¿Su invitación?
El supuesto inversionista sonrió.
—La reunión nunca fue para invertir veinte millones.
El suegro se levantó.
—¿Entonces para qué?
El hombre dejó una carpeta negra sobre la mesa.
—Para reunirlos a todos antes de recuperar mi empresa.
Silencio absoluto.
Min-jun preguntó:
—¿Y JM Holdings?
El tío sonrió.
—Es mía.
Todos giraron hacia Min-jun.
Seo-yeon frunció el ceño.
—Entonces usted le pagó dos millones a mi esposo.
—Sí.
Min-jun gritó:
—¡ME DIJISTE QUE ERA PARA SALVAR LA EMPRESA!
—Necesitaba saber hasta dónde estabas dispuesto a traicionar a tu padre.
El suegro miró devastado a su hijo.
Min-jun retrocedió.
—Papá…
Seo-yeon preguntó:
—¿Y los cuarenta y ocho millones desaparecidos?
El tío dejó de sonreír.
—Yo no los tomé.
—¿Entonces quién?
El hombre miró directamente al suegro.
—Pregúntenle por qué lleva veinticinco años pagando a una mujer para que permanezca escondida.
Min-jun quedó inmóvil.
—¿Qué mujer?
El suegro respondió:
—¡NADIE!
Su hermano sacó una fotografía.
En ella aparecía una joven junto al suegro.
Seo-yeon tomó la foto.
Su expresión cambió.
—Yo conozco a esta mujer.
Min-jun la miró.
—¿Quién es?
Seo-yeon apenas pudo responder:
—Mi madre.
Silencio absoluto.
El suegro palideció.
Seo-yeon se acercó.
—¿Por qué tiene una fotografía con mi madre?
—Seo-yeon…
—¡RESPONDA!
El tío intervino:
—Porque tu madre trabajó aquí antes de que tú nacieras.
—¿Y?
—Descubrió quién falsificó mis documentos.
Seo-yeon miró al suegro.
—¿Fue usted?
El tío negó.
—No.
Todos quedaron sorprendidos.
Min-jun preguntó:
—Entonces ¿quién?
El tío miró directamente hacia Seo-yeon.
—Tu padre.
Ella quedó congelada.
—Mi padre murió hace quince años.
El hombre negó.
—El hombre que te crió murió.
Seo-yeon dejó de respirar.
—¿Qué significa eso?
—Que no era tu padre biológico.
Min-jun miró a Seo-yeon.
—Entonces ¿quién es?
El tío permaneció en silencio.
Seo-yeon golpeó la mesa.
—¡DÍGAME!
El hombre señaló al suegro.
Silencio absoluto.
Min-jun retrocedió horrorizado.
—No…
Seo-yeon miró al hombre que minutos antes la había abofeteado y echado de “su” empresa.
—¿Usted… es mi padre?
El suegro cerró los ojos.
Pero su hermano respondió:
—No.
Todos giraron.
—Entonces ¿por qué lo señaló?
—Porque él sabe quién es.
El suegro comenzó a retroceder.
Seo-yeon preguntó:
—¿Quién?
Antes de responder, su teléfono sonó.
Miró la pantalla.
Su rostro perdió completamente el color.
Min-jun preguntó:
—¿Quién llama?
El suegro dejó caer el teléfono sobre la mesa.
En pantalla aparecía:
KIM JAE-HO.
Seo-yeon quedó paralizada.
—Ese era el nombre de mi padre.
El teléfono continuó sonando.
El tío susurró:
—Contesta.
Seo-yeon tomó el teléfono.
—¿Hola?
Una voz masculina respondió:
—Seo-yeon…
Ella dejó de respirar.
—¿Quién habla?
—Tu padre.
Silencio absoluto.
La reunión había comenzado cuando el suegro gritó:
“¡LAS ESPOSAS SE QUEDAN EN CASA! ¡FUERA DE MI EMPRESA!”
Ahora había descubierto que la mujer a la que expulsó era la presidenta que podía financiarlo, su propio hijo había intentado vender parte de la compañía y el hermano que todos creían muerto había regresado para reclamarla.
Pero nada se comparaba con aquella llamada:
el padre que Seo-yeon llevaba quince años creyendo muerto acababa de pronunciar su nombre.
CONTINUARÁ.