La suegra miró los documentos.
—¿Mi casa como garantía?
El esposo, Min-jun, intentó recogerlos.
Seo-yeon puso la mano encima.
—Déjalos.
—¡Esto es asunto mío!
La suegra golpeó la mesa.
—¡¿HIPOTECASTE MI CASA?!
Min-jun tragó saliva.
—Mamá, necesitaba dinero para la empresa.
—¡Me dijiste que la empresa iba perfectamente!
Seo-yeon soltó una risa amarga.
—También le mintió con eso.
La suegra miró a su nuera.
—¿Cuánto debe?
Seo-yeon respondió:
—Tres millones.
La mujer quedó helada.
—¿TRES MILLONES?
—Debía cinco.
La suegra miró sorprendida.
—¿Quién pagó los otros dos?
Seo-yeon señaló hacia sí misma.
—Yo.
Silencio absoluto.
La suegra miró a su hijo.
—¿Ella pagó dos millones de tus deudas?
Min-jun bajó la cabeza.
—Sí.
—¿Y aun así permitiste que yo la llamara aprovechada?
Seo-yeon respondió:
—No solamente lo permitió.
Sacó su teléfono.
—Él se lo hizo creer.
Min-jun se levantó.
—¡NO LE ENSEÑES ESO!
Seo-yeon reprodujo un audio.
La voz de Min-jun se escuchó claramente:
—“Mamá, dile a Seo-yeon que deje de gastar. Hazle creer que estamos cansados de mantenerla.”
Silencio.
La suegra miró a su hijo con incredulidad.
—¿Por qué dijiste eso?
—¡Estaba desesperado!
Seo-yeon negó.
—No. Estabas escondiendo algo.
—¿Qué cosa? —preguntó la suegra.
Seo-yeon abrió otro documento.
—El dinero del préstamo nunca llegó completo a la empresa.
Min-jun palideció.
—Seo-yeon…
—Entraron cinco millones.
Señaló las transferencias.
—Pero tres desaparecieron esa misma noche.
La suegra frunció el ceño.
—¿Adónde fueron?
—A una cuenta llamada MS Holdings.
La suegra perdió el color.
Seo-yeon la observó.
—Usted conoce ese nombre.
—No.
—¿Segura?
—¡Sí!
Seo-yeon mostró el registro mercantil.
—La compañía está registrada con sus iniciales.
MI-SOOK KANG.
Min-jun giró lentamente hacia su madre.
—Mamá…
—¡ESO NO SIGNIFICA NADA!
—¿Recibiste mi dinero?
—¡No!
Seo-yeon colocó una fotografía bancaria sobre la mesa.
La suegra aparecía entrando a una sucursal.
Min-jun quedó paralizado.
—¿Qué hacías allí?
La mujer comenzó a temblar.
—Intentaba proteger nuestra casa.
Seo-yeon respondió:
—¿Robando el dinero del préstamo que precisamente puso la casa en riesgo?
—¡YO NO ROBÉ NADA!
—Entonces explíquelo.
La suegra cerró los ojos.
—Ese dinero era para pagar una deuda antigua.
Min-jun frunció el ceño.
—¿Qué deuda?
—La de tu padre.
Silencio.
—Papá murió hace diez años.
—Y dejó problemas que nunca conociste.
Seo-yeon preguntó:
—¿Con quién tenía esa deuda?
La suegra respondió:
—Con tu padre.
Ahora Seo-yeon quedó inmóvil.
—¿Mi padre?
—Sí.
Min-jun miró a su esposa.
—¿Nuestros padres se conocían?
La suegra soltó una risa amarga.
—Mucho más de lo que imaginan.
Sacó una vieja fotografía.
En ella aparecían ambos hombres frente a una fábrica.
Seo-yeon reconoció inmediatamente a su padre.
—¿Qué hacían juntos?
—Eran socios.
Min-jun negó.
—Papá fundó su compañía solo.
—No.
La suegra dejó un contrato sobre la mesa.
—La fundaron juntos.
Seo-yeon comenzó a leer.
HAN INDUSTRIES — 50 % HAN JI-HO / 50 % KANG DAE-HYUN.
—Esto tiene treinta años.
La suegra asintió.
Seo-yeon preguntó:
—¿Qué ocurrió con la parte del padre de Min-jun?
La mujer miró directamente a Seo-yeon.
—Tu padre se quedó con ella.
Seo-yeon golpeó la mesa.
—¡Eso es mentira!
—Tengo pruebas.
—¡Muéstrelas!
La suegra sacó documentos antiguos.
Seo-yeon revisó las firmas.
De repente frunció el ceño.
—Esto no tiene sentido.
—¿Qué?
—Esta supuesta firma de mi padre…
La acercó.
—es falsa.
Min-jun tomó el documento.
—¿Estás segura?
—Completamente.
La suegra palideció.
Seo-yeon preguntó:
—¿Quién le entregó estos papeles?
—Un abogado.
—¿Nombre?
Silencio.
—¡DÍGAME!
Finalmente respondió:
—Park Seong-ho.
Seo-yeon quedó inmóvil.
—¿Qué ocurre? —preguntó Min-jun.
—Park Seong-ho fue abogado de mi padre.
La suegra asintió.
—Exactamente.
—Murió hace quince años.
—No.
Silencio absoluto.
Seo-yeon la miró fijamente.
—¿Qué dijo?
—Está vivo.
Min-jun frunció el ceño.
—¿Cómo sabes eso?
La suegra sacó su teléfono.
Mostró una fotografía reciente.
Seo-yeon reconoció inmediatamente al hombre.
—Es él.
—Se reunió conmigo hace seis meses.
—¿Para qué?
—Para recuperar algo que tu padre escondió.
—¿Qué?
La mujer miró hacia Min-jun.
—Un segundo testamento.
Seo-yeon quedó confundida.
—Mi padre tenía un solo testamento.
—Eso creías.
La suegra sacó una copia.
—El segundo documento cambia completamente quién heredó Han Industries.
Seo-yeon lo tomó.
Comenzó a leer.
Su rostro cambió.
—Aquí dice que…
Min-jun se acercó.
—¿Qué?
Seo-yeon levantó lentamente la mirada.
—Mi padre dejó el 51 % de la compañía a alguien llamado Kang Min-jun.
Silencio absoluto.
Min-jun retrocedió.
—¿A mí?
La suegra cerró los ojos.
Seo-yeon preguntó:
—¿Por qué mi padre te dejaría su empresa?
—¡No tengo idea!
La suegra respondió:
—Yo sí.
Todos la miraron.
—Porque tu padre conocía a Min-jun desde que nació.
Seo-yeon frunció el ceño.
—Eso no explica nada.
La suegra comenzó a llorar.
—Min-jun no es hijo de mi esposo.
Silencio.
Min-jun quedó paralizado.
—Mamá…
—Perdóname.
—¿Quién es mi padre?
La suegra miró hacia Seo-yeon.
Ella comprendió.
—No…
Min-jun preguntó:
—¿El padre de Seo-yeon?
La suegra asintió.
Silencio absoluto.
Seo-yeon retrocedió horrorizada.
—Entonces Min-jun y yo…
—¡NO! —gritó una voz desde la entrada.
Todos giraron.
Un anciano elegante acababa de entrar.
Seo-yeon quedó inmóvil.
—Park Seong-ho…
El abogado avanzó.
—Esa historia es falsa.
La suegra palideció.
—¡TÚ CÁLLATE!
Min-jun se acercó.
—¿Quién es mi padre?
Park dejó una carpeta sobre la mesa.
—Su madre lleva treinta años utilizando esa mentira para esconder algo peor.
—¿Qué?
—Usted no es hijo de Kang Dae-hyun.
Min-jun apretó los puños.
—Eso ya lo dijo.
Park continuó:
—Pero tampoco es hijo de Han Ji-ho.
Seo-yeon respiró aliviada.
—Entonces ¿quién?
Park miró a la suegra.
—Pregúntele por qué recibió tres millones esta semana.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Qué tiene que ver ese dinero?
El abogado respondió:
—No estaba pagando una deuda.
—¿Entonces?
—Estaba pagando un chantaje.
La suegra comenzó a retroceder.
Min-jun la miró.
—¿Quién te chantajeaba?
Park sacó una fotografía.
Aparecía la suegra junto a un hombre desconocido.
Min-jun observó el rostro.
—¿Quién es?
La suegra comenzó a llorar.
Park respondió:
—Su verdadero padre.
Silencio.
Min-jun miró la foto.
—¿Está vivo?
—Sí.
—¿Dónde?
Una voz masculina respondió detrás de ellos:
—Aquí.
Todos giraron.
Un hombre de unos sesenta años entró en el comedor.
La suegra dejó caer su copa.
¡CRASH!
—Tú prometiste desaparecer.
El desconocido sonrió.
—Y tú prometiste contarle la verdad cuando cumpliera dieciocho.
Min-jun quedó inmóvil.
—¿Quién es usted?
El hombre lo miró directamente.
—Tu padre.
Min-jun apretó la fotografía.
—¿Por qué mi madre le pagó tres millones?
—Para que siguiera fingiendo que estaba muerto.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Por qué era tan importante ocultarlo?
El hombre miró a la suegra.
—Porque si Min-jun descubre quién soy realmente…
Se detuvo.
—también descubrirá que esta mansión nunca fue de su madre.
La suegra gritó:
—¡NO!
Min-jun miró alrededor.
—¿Qué tiene que ver la casa?
El hombre respondió:
—Todo.
Sacó unas escrituras antiguas.
—Porque antes de pertenecer a tu madre…
Miró a Seo-yeon.
—perteneció a la mujer que ella lleva veinte años llamando “mantenida”.
Seo-yeon quedó paralizada.
—¿A mí?
El hombre negó.
—A tu madre.
Silencio absoluto.
Seo-yeon apenas pudo hablar.
—Mi madre murió hace veinte años.
El desconocido la miró fijamente.
—No.
—¿Qué?
—Tu madre está viva.
La suegra cerró los ojos.
Seo-yeon se levantó de golpe.
—¿DÓNDE?
El hombre miró hacia la suegra.
—Pregúntale a ella.
Seo-yeon giró lentamente.
La misma mujer que minutos antes le había gritado:
“¡MI HIJO SE AVERGÜENZA DE TI!”
ahora podía ser la única persona que sabía dónde estaba la madre que Seo-yeon llevaba veinte años creyendo muerta.
Y los tres millones desaparecidos no habían salvado ninguna empresa.
Habían comprado veinte años de silencio.
CONTINUARÁ.