🔥 PARTE 2 — «¡LADRONA! ¡LLAMEN A LA POLICÍA!»

—Señora… usted lo puso ahí.

La gerente miró el monitor.

Su rostro perdió el color.

—¡Esa grabación está manipulada!

Se dio la vuelta e intentó escapar.

—¡Deténgala! —gritó la empleada.

El guardia bloqueó la puerta.

—Nadie sale hasta que llegue la policía.

La gerente giró furiosa.

—¡¿Sabes con quién estás hablando?!

La empleada, Seo-yeon, recogió lentamente su bolso.

—La pregunta es por qué intentó convertirme en ladrona.

—¡Tú robaste ese diamante!

El guardia señaló la pantalla.

—Acabamos de verla metiéndolo en su bolso.

Los clientes comenzaron a murmurar.

La gerente cambió de estrategia.

—Fue una prueba.

Seo-yeon levantó una ceja.

—¿Una prueba?

—Quería comprobar si eras honesta.

Seo-yeon soltó una pequeña carcajada.

—Entonces explíqueme la bofetada.

Silencio.

—¿También era parte de la prueba?

La gerente no respondió.

De repente, entraron dos policías.

—¿Quién denunció el robo?

La gerente corrió hacia ellos.

—¡Yo! ¡Esa empleada intentó robar un diamante de dos millones!

El guardia intervino.

—Oficial, necesitan ver esto.

Reprodujo la grabación.

Todos observaron cómo la gerente miraba a ambos lados, abría el bolso de Seo-yeon y escondía el diamante.

Uno de los policías se volvió hacia ella.

—Señora, tendrá que acompañarnos.

—¡NO PUEDEN ARRESTARME!

—¿Por qué?

La gerente levantó la voz.

—¡Porque soy la directora de esta joyería!

Seo-yeon respondió:

—Por ahora.

La gerente giró.

—¿Qué dijiste?

Seo-yeon sacó su teléfono.

—Señor Lee, puede entrar.

Las puertas se abrieron.

Un hombre elegante acompañado por varios ejecutivos entró en la joyería.

La gerente palideció.

—¿Director Lee?

El hombre ignoró completamente a la gerente.

Se acercó a Seo-yeon.

Y realizó una reverencia.

—Presidenta Han.

Silencio absoluto.

La gerente abrió los ojos.

—¿Presidenta?

Seo-yeon dejó su bolso sobre el mostrador.

—Buenos días.

La mujer comenzó a reír nerviosamente.

—¿Qué clase de broma es esta?

El director Lee sacó una carpeta.

—Ninguna.

La colocó frente a ella.

—Desde las ocho de esta mañana, Han Luxury Group controla el 61 % de esta cadena de joyerías.

La gerente miró a Seo-yeon.

—¿Tú trabajas para Han Luxury?

Seo-yeon negó.

—Han Luxury trabaja para mí.

La mujer retrocedió.

—No…

El guardia también quedó sorprendido.

—Entonces usted es…

—La nueva propietaria.

Silencio.

La gerente cambió inmediatamente de tono.

—Señora Han, puedo explicarlo.

—Perfecto.

Seo-yeon cruzó los brazos.

—Empiece por explicarme por qué intentó incriminar a una empleada.

—Fue un error.

—La grabación muestra que lo hizo deliberadamente.

—¡Perdí la cabeza!

—Entonces tendremos que revisar qué otras cosas hizo mientras “perdía la cabeza”.

La gerente palideció.

—¿Qué quiere decir?

Seo-yeon miró al director Lee.

—Auditoría completa.

—Inmediatamente.

La gerente dio un paso hacia ella.

—No es necesario.

Seo-yeon la observó.

—Ahora sí lo es.

—¡Llevo quince años trabajando aquí!

—Entonces tendremos quince años que revisar.

La mujer quedó completamente blanca.

Seo-yeon lo notó.

—Interesante reacción.

El director Lee recibió una tableta.

Comenzó a revisar información.

Su expresión cambió.

—Presidenta…

—¿Qué encontró?

—Tenemos un problema.

La gerente corrió hacia él.

—¡DAME ESO!

El guardia la detuvo.

Seo-yeon tomó la tableta.

—Durante los últimos cuatro años desaparecieron piezas del inventario.

—¿Cuánto?

—Casi doce millones.

Silencio absoluto.

Seo-yeon miró a la gerente.

—Doce millones.

—¡Yo no robé nada!

—Todavía no la acusé.

La mujer comprendió su error.

Seo-yeon se acercó.

—Pero parece que sabe exactamente de qué estamos hablando.

La gerente comenzó a temblar.

El director Lee continuó:

—Todas las piezas desaparecidas fueron registradas como dañadas o perdidas.

—¿Quién autorizó esos reportes?

El director levantó la mirada.

—Ella.

Seo-yeon señaló el diamante.

—Entonces hoy intentó culparme porque sabía que veníamos a revisar las cuentas.

Nada.

—¿Verdad?

La gerente cerró los ojos.

—No entiendes.

—Explíqueme.

—Yo no me quedé con las joyas.

—¿Entonces quién?

Silencio.

—¿QUIÉN?

La mujer miró hacia las cámaras.

Después susurró:

—El antiguo dueño.

El director Lee frunció el ceño.

—El señor Kang.

Seo-yeon quedó seria.

—¿Está diciendo que el señor Kang ordenaba sacar joyas de sus propias tiendas?

—Sí.

—¿Para qué?

—Para pagar una deuda.

—¿Con quién?

La gerente negó.

—Si digo su nombre, estoy acabada.

Seo-yeon acercó una silla.

—Hace unos minutos intentó mandarme a prisión por un delito que usted cometió.

Se sentó frente a ella.

—Así que empiece a hablar.

La gerente respiró profundamente.

—Mira la inscripción del diamante.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Qué inscripción?

El guardia colocó la piedra bajo una lupa profesional.

—Hay números grabados.

El director Lee los introdujo en el sistema.

Segundos después…

su expresión cambió.

—Presidenta…

—¿Qué?

—Este diamante fue registrado como desaparecido hace dieciocho años.

Seo-yeon quedó inmóvil.

—¿Dieciocho?

—Sí.

—¿Quién era su propietario?

El director dudó.

—Su padre.

Silencio absoluto.

Seo-yeon se levantó.

—Mi padre murió hace quince años.

La gerente comenzó a llorar.

—No.

Seo-yeon giró lentamente.

—¿Qué dijiste?

—Tu padre no murió.

—No juegue conmigo.

—¡ESTÁ VIVO!

Nadie habló.

Seo-yeon sintió que le faltaba el aire.

—¿Dónde?

—No lo sé.

—¡MENTIRA!

La gerente negó desesperadamente.

—El señor Kang sí sabe dónde está.

Seo-yeon miró al director Lee.

—Localicen a Kang.

El hombre bajó la mirada.

—Hay otro problema.

—¿Cuál?

Giró la tableta.

—El señor Kang salió del país esta mañana.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Destino?

—Desconocido.

La gerente susurró:

—Entonces ya sabe que encontraste el diamante.

Seo-yeon la miró.

—¿Qué tiene de especial esta piedra?

La mujer señaló la inscripción.

—Eso no es un número de serie.

—¿Entonces?

—Es una contraseña.

Silencio.

—¿Para qué?

La gerente miró directamente a Seo-yeon.

—Para abrir la caja donde tu padre guardó las pruebas contra Kang.

Seo-yeon apretó el diamante.

—¿Pruebas de qué?

La mujer respondió:

—De quién se quedó realmente con la fortuna de tu familia.

El teléfono de Seo-yeon vibró.

Número desconocido.

Llegó una fotografía.

En ella aparecía su padre sosteniendo un periódico de esa misma mañana.

Debajo había un mensaje:

“Si quieres volver a verlo, trae el diamante.”

Seo-yeon quedó helada.

El director Lee preguntó:

—¿Qué ocurre?

Ella levantó lentamente la mirada.

—El diamante que intentaron usar para convertirme en ladrona…

Cerró la mano alrededor de la piedra.

—acaba de demostrar que mi padre sigue vivo.

Y mientras la policía esposaba a la gerente, Seo-yeon comprendió algo mucho peor:

el falso robo no había comenzado aquella mañana.

Había comenzado dieciocho años atrás.

By yhq9q

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