🔥 HISTORIA — «¡NO TE SIENTES EN MI MESA!»

—Entonces ya no soy tu familia.

Seo-yeon dejó el anillo frente a Min-jun.

La sonrisa de su esposo desapareció.

—¿Qué significa esto?

—Exactamente lo que escuchaste.

El suegro soltó una carcajada.

—¡Qué dramática! Siéntate en otro lugar y deja de arruinar mi cumpleaños.

Seo-yeon miró la silla que él acababa de retirar.

—Usted mismo dijo que esta mesa era para su familia.

Luego miró a Min-jun.

—Y mi esposo estuvo de acuerdo.

—Seo-yeon, era una broma —respondió él.

—Tú te reíste.

Silencio.

—Mientras tu padre me humillaba.

Min-jun bajó la mirada.

El señor Kang golpeó la mesa.

—¡En esta casa se hace lo que yo diga!

Seo-yeon tomó su bolso.

—Perfecto.

Comenzó a caminar hacia la puerta.

—¡Espera! —gritó Min-jun.

Ella continuó.

Entonces el suegro dijo algo que la detuvo.

—¡Y no te lleves nada que haya pagado esta familia!

Seo-yeon giró lentamente.

—¿Nada?

—¡Nada!

Ella sonrió.

—Me parece justo.

Sacó su teléfono.

Hizo una llamada.

—Señor Lee, cancele el pago de esta noche.

El suegro frunció el ceño.

—¿Qué pago?

Seo-yeon colgó.

—El de su cumpleaños.

Silencio.

El señor Kang se rio.

—¡Yo pagué esta celebración!

—No.

Seo-yeon señaló las flores.

—Yo pagué la decoración.

Señaló la mesa.

—El banquete.

Después las botellas.

—Y el vino que está bebiendo.

Min-jun quedó inmóvil.

—¿Tú pagaste todo?

—Sí.

El suegro se levantó.

—¡Pues te devolveré cada centavo!

Seo-yeon lo miró.

—¿Con cuál cuenta?

La expresión del hombre cambió.

—¿Qué dijiste?

Seo-yeon sacó una carpeta de su bolso.

—La cuenta personal está congelada.

Silencio.

—La empresa tiene tres préstamos vencidos.

Otra hoja.

—Y esta mansión está hipotecada.

Los invitados dejaron de comer.

Min-jun miró a su padre.

—Papá…

El señor Kang palideció.

—No la escuches.

—¿Estamos endeudados?

—Es temporal.

Seo-yeon negó.

—Llevan catorce meses al borde de la quiebra.

Min-jun quedó helado.

—¿Cómo sabes eso?

Seo-yeon lo miró.

—Porque alguien lleva catorce meses evitando que quiebren.

El suegro golpeó la mesa.

—¡CÁLLATE!

Demasiado tarde.

Min-jun preguntó:

—¿Quién?

Seo-yeon respondió:

—Yo.

Silencio absoluto.

El suegro comenzó a reír.

—¿Tú?

—Sí.

—¡No tienes dinero para salvar mi empresa!

Seo-yeon abrió otra página.

—Ocho millones.

La sonrisa desapareció.

—Eso es lo que he invertido en Kang Group durante el último año.

Min-jun tuvo que sentarse.

—¿Ocho millones?

—Sí.

—¿De dónde sacaste ese dinero?

Seo-yeon respiró profundamente.

—Han Investment.

Min-jun conocía perfectamente ese nombre.

—¿Trabajas para Han Investment?

—No.

Pausa.

—La fundé.

Nadie habló.

El suegro se quedó completamente inmóvil.

—Tú eres…

—La accionista mayoritaria.

Seo-yeon señaló la silla que él había retirado.

—Pero hace diez minutos eso no importaba.

El hombre tragó saliva.

—Seo-yeon, podemos hablar.

—Ahora sí quiere que me siente.

Silencio.

Min-jun se levantó.

—¿Por qué nunca me dijiste quién eras?

Ella lo miró.

—Porque quería saber si te habías casado conmigo…

Miró el anillo sobre la mesa.

—o con mi dinero.

—¡Yo te amo!

—Hace cinco minutos dijiste que yo no era parte de esta familia.

—Estaba siguiendo la broma de papá.

Seo-yeon negó.

—Precisamente.

Min-jun intentó tomarle la mano.

Ella retrocedió.

—No me toques.

Entonces su teléfono vibró.

Un mensaje.

Seo-yeon lo abrió.

Su expresión cambió.

—¿Qué pasa? —preguntó Min-jun.

Ella comenzó a leer.

Después miró directamente al suegro.

—Ahora entiendo por qué necesitaba mis ocho millones.

El señor Kang palideció.

—No sé de qué hablas.

—Mi equipo terminó la auditoría preliminar.

—¿Qué auditoría?

—La de Kang Group.

El hombre golpeó la mesa.

—¡NO TENÍAS AUTORIZACIÓN!

Seo-yeon respondió tranquilamente:

—Soy su principal acreedora.

Silencio.

—Encontramos transferencias.

Min-jun frunció el ceño.

—¿Qué transferencias?

—Doce millones desaparecieron de la empresa.

El rostro del suegro perdió el color.

—Eso es mentira.

—Entonces explíqueme por qué terminaron en una compañía llamada SJ Holdings.

Una copa cayó al suelo.

CRASH.

No había sido el suegro.

Había sido su esposa.

Todos miraron a la señora Kang.

Seo-yeon frunció el ceño.

—Usted conoce ese nombre.

—No.

—Entonces ¿por qué está temblando?

Min-jun miró a su madre.

—¿Qué es SJ Holdings?

La mujer comenzó a llorar.

—Era una empresa de tu hermana.

Min-jun quedó inmóvil.

—¿Soo-jin?

—Sí.

—Mi hermana murió hace nueve años.

La madre cerró los ojos.

—No.

Silencio.

—¿Qué?

—Soo-jin está viva.

Min-jun retrocedió.

—¡YO FUI A SU FUNERAL!

—El ataúd estaba vacío.

El suegro golpeó la mesa.

—¡BASTA!

Seo-yeon lo miró.

—Usted también lo sabía.

Nada.

—¿Dónde está ella?

El hombre respondió:

—No puedo decirlo.

—¿Por qué?

—Porque si regresa…

Miró a su hijo.

—esta familia desaparece.

Min-jun frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

El teléfono de Seo-yeon volvió a vibrar.

Esta vez era una fotografía.

La abrió.

Una mujer salía de un edificio tres días antes.

Min-jun reconoció inmediatamente el rostro.

—Soo-jin…

Pero Seo-yeon estaba mirando al hombre que aparecía junto a ella.

Su expresión cambió.

—No puede ser.

Min-jun la miró.

—¿Quién es?

Seo-yeon amplió la fotografía.

—Mi padre.

Silencio absoluto.

—Tu padre murió.

—Eso creía.

El suegro se dejó caer en su silla.

Seo-yeon lo vio.

—Usted sabe por qué están juntos.

El hombre no respondió.

—¡DÍGAME QUÉ ESTÁ PASANDO!

Finalmente habló.

—Tu padre y mi hija descubrieron quién estaba robando Kang Group.

Seo-yeon señaló los documentos.

—¿Los doce millones?

El hombre negó.

—Mucho más.

—¿Cuánto?

—Cincuenta y seis millones.

Nadie respiró.

Min-jun preguntó:

—¿Quién los robó?

Su padre bajó la cabeza.

—Yo firmé las transferencias.

—¿TÚ?

—Pero no sabía adónde iba el dinero.

Seo-yeon se acercó.

—¿Quién se lo ordenó?

El hombre miró alrededor de la mesa.

Había familiares, ejecutivos y amigos celebrando su cumpleaños.

—Está aquí.

Todos quedaron inmóviles.

—¿Quién? —preguntó Seo-yeon.

El suegro levantó lentamente la mano.

Y señaló a uno de los invitados.

Un hombre elegante dejó sus cubiertos.

Sonrió.

—Sabía que algún día llegaría este momento.

Seo-yeon lo reconoció.

Era el director financiero de su propia empresa.

—Señor Choi…

Él se levantó.

—Buenas noches, presidenta.

Min-jun miró a Seo-yeon.

—¿Trabaja para ti?

—Desde hace seis años.

El hombre sonrió.

—En realidad, trabajo para alguien más.

Seo-yeon sintió un escalofrío.

—¿Para quién?

El señor Choi sacó un sobre.

Lo dejó exactamente sobre la silla que el suegro había retirado minutos antes.

—La respuesta está ahí.

Seo-yeon lo abrió.

Dentro había un documento antiguo.

Lo leyó.

Su rostro perdió el color.

Min-jun se acercó.

—¿Qué dice?

Ella levantó lentamente la mirada.

—Que Han Investment nunca perteneció completamente a mi familia.

—¿Entonces a quién?

El señor Choi respondió:

—A la persona que todos ustedes creen muerta.

Seo-yeon apretó el documento.

—¿Mi padre?

El hombre sonrió.

—Pregúntale cuando llegue.

—¿Cuando llegue?

En ese instante sonó el timbre de la mansión.

El suegro se puso de pie de golpe.

—No abran esa puerta.

Seo-yeon lo miró.

—¿Por qué?

El hombre comenzó a temblar.

—Porque si él entra…

Miró a toda su familia.

—esta casa dejará de pertenecernos.

Seo-yeon observó la mesa.

Diez minutos antes le habían dicho que no tenía derecho a sentarse allí.

Ahora todos permanecían en silencio esperando a un hombre que podía demostrar que aquella familia había construido su fortuna con dinero ajeno.

Seo-yeon recogió su anillo.

Min-jun extendió la mano, creyendo que se lo devolvería.

Pero ella lo guardó en el bolso.

—¿Qué haces?

Seo-yeon caminó hacia la puerta.

—Voy a descubrir la verdad.

Miró por última vez la silla que su suegro le había quitado.

—Después decidiré quién merece seguir sentado en esta mesa.

By yhq9q

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