🔥 «¡FUERA DE MI CASA!»

—Ese es exactamente el plan.

Min-jun tomó la mano de Seo-yeon.

Su padre soltó una carcajada.

—Perfecto.

Señaló la calle bajo la lluvia.

—Váyanse.

Min-jun recogió la maleta.

—Vamos.

Pero Seo-yeon no se movió.

Miró a su suegro.

—Antes de irme quiero preguntarle algo.

—No quiero escuchar nada de ti.

—¿Está seguro de que esta casa es suya?

Silencio.

El señor Kang frunció el ceño.

—¿Qué dijiste?

Seo-yeon sacó un sobre de su bolso.

Lo dejó sobre la mesa de la entrada.

—Mañana lo descubrirá.

El hombre se rio.

—¿Me estás amenazando?

—No.

Seo-yeon tomó nuevamente la mano de su esposo.

—Le estoy avisando.

Y ambos se marcharon bajo la lluvia.


A la mañana siguiente…

el señor Kang estaba desayunando cuando sonó el timbre.

—¿Quién molesta tan temprano?

La empleada abrió.

Entraron dos hombres trajeados.

—Señor Kang.

—¿Quiénes son ustedes?

Uno colocó una carpeta sobre la mesa.

—Representamos al banco propietario de la hipoteca de esta vivienda.

El hombre dejó la taza.

—¿Qué hipoteca?

—La deuda vencida de esta mansión.

El señor Kang palideció.

—Eso ya estaba resuelto.

—Correcto.

Respiró aliviado.

Hasta que el abogado añadió:

—Fue pagada ayer.

—¿Entonces qué hacen aquí?

El hombre abrió la carpeta.

—La deuda fue adquirida por un tercero.

—¿Quién?

El abogado giró el documento.

El señor Kang leyó el nombre.

Y dejó de respirar.

SEO-YEON HAN.

—No…

—Su nuera es actualmente la titular de la deuda.

El hombre se levantó furioso.

—¡ESA MUJER NO TIENE ESE DINERO!

Una voz respondió desde la entrada:

—Sí lo tiene.

Todos giraron.

Min-jun había regresado.

Solo.

—¿Dónde está ella?

—Trabajando.

Su padre soltó una carcajada.

—¿Trabajando?

—Sí.

—Tu esposa nunca ha trabajado.

Min-jun lo miró.

—Eso es lo que usted cree.

Silencio.

—Seo-yeon dirige una compañía de inversión.

El padre dejó de sonreír.

—¿Qué compañía?

Min-jun colocó su teléfono frente a él.

HAN CAPITAL.

El señor Kang palideció.

—No puede ser.

—¿La conoce?

Claro que la conocía.

Han Capital había prestado millones a Kang Group durante los últimos años.

—¿Ella trabaja ahí?

Min-jun negó.

—Es la fundadora.

Silencio absoluto.

El señor Kang se sentó.

—No.

—Sí.

—Entonces ¿por qué vivía aquí?

—Porque era mi esposa.

—¿Y por qué nunca dijo nada?

Min-jun lo miró fijamente.

—Porque quería saber cuánto tardaría usted en respetarla sin conocer su cuenta bancaria.

El padre guardó silencio.

—Nunca ocurrió.

El teléfono del señor Kang comenzó a sonar.

Era su director financiero.

Contestó.

—¿Qué pasa?

La voz sonaba desesperada.

—Señor, tenemos un problema.

—¿Cuál?

—Han Capital suspendió nuestra línea de crédito.

El hombre miró a Min-jun.

—¿Qué?

—Tenemos pagos importantes esta semana.

—¡BUSQUEN OTRO BANCO!

—Ya lo intentamos.

—¿Y?

—Nadie quiere asumir la deuda.

El señor Kang colgó.

Miró a su hijo.

—Dile a tu esposa que reactive el crédito.

—No.

—¡MIN-JUN!

—Hace doce horas la golpeó y la echó bajo la lluvia.

Se acercó.

—Ahora quiere pedirle dinero.

—¡ESTA EMPRESA SERÁ TUYA ALGÚN DÍA!

—No si para conservarla tengo que permitir que humille a mi esposa.

El padre golpeó la mesa.

—¡YO CONSTRUÍ TODO ESTO!

Min-jun negó.

—Eso también parece ser mentira.

El hombre quedó inmóvil.

—¿Qué?

Min-jun sacó una carpeta.

—Seo-yeon encontró esto.

La abrió.

Era un contrato de hacía veintiocho años.

El padre perdió completamente el color.

—¿Dónde consiguió eso?

—Entonces lo reconoce.

—Dámelo.

Min-jun retrocedió.

—¿Quién es Han Jae-sung?

Silencio.

—¡PAPÁ!

Finalmente:

—Mi antiguo socio.

—¿Antiguo?

—Sí.

Min-jun mostró el contrato.

—Aquí dice que poseía el 45% de Kang Group.

—Eso terminó hace muchos años.

—¿Cómo?

El padre no respondió.

—¿Le compraste sus acciones?

Nada.

—¿Renunció?

Silencio.

Min-jun entendió.

—Se las quitaste.

—¡NO SABES LO QUE PASÓ!

—Entonces explícamelo.

El señor Kang cerró los ojos.

—Jae-sung desapareció.

—¿Y sus acciones?

—Pasaron a la empresa.

—¿Legalmente?

El hombre no respondió.

Min-jun dejó caer el documento sobre la mesa.

—Falsificaron su firma.

Su padre se levantó.

—¡CUIDADO!

—Ya fue analizada.

Silencio.

—La firma es falsa.

El señor Kang comenzó a temblar.

—¿Quién hizo esto?

Min-jun respondió:

—Seo-yeon.

Su padre palideció.

—¿Por qué ella investigaría a Jae-sung?

Min-jun lo miró durante varios segundos.

—Porque Han Jae-sung era su padre.

La taza cayó al suelo.

—¿Qué?

—El hombre al que le quitaste sus acciones…

Min-jun hizo una pausa.

—era el padre de la mujer que anoche echaste de esta casa.

El señor Kang se desplomó sobre una silla.

—No sabía que ella era su hija.

—Ahora lo sabe.

—¿Seo-yeon conoce toda la historia?

—Todavía no.

El padre levantó rápidamente la cabeza.

—Entonces no se lo digas.

Min-jun quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Podemos resolverlo.

—¿Resolver qué?

—Las acciones.

—¿Tiene miedo de perder la empresa?

El señor Kang bajó la voz.

—No entiendes.

—Entonces hágame entender.

—Si Seo-yeon reclama legalmente lo que pertenecía a su padre…

Hizo una pausa.

—puede quedarse con casi la mitad de Kang Group.

Min-jun respondió:

—Quizás debería.

El padre golpeó la mesa.

—¡ES TU HERENCIA!

—No.

Min-jun lo miró fijamente.

—Si fue robada, nunca fue mía.

Silencio.

Entonces se abrió la puerta.

Seo-yeon entró.

El señor Kang se levantó.

—Tú…

Ella llevaba una carpeta.

—Buenos días.

Min-jun caminó hacia ella.

—¿Qué haces aquí?

—Vine por una respuesta.

Miró a su suegro.

—Anoche, después de echarme, revisé los documentos de mi padre.

El hombre comenzó a sudar.

—Seo-yeon…

—Encontré algo extraño.

Sacó una fotografía.

—Esta foto fue tomada tres días antes de que mi padre desapareciera.

Min-jun la tomó.

En ella aparecían Jae-sung y su padre discutiendo frente a Kang Group.

—¿Qué ocurrió esa noche?

El señor Kang no respondió.

—¿Qué le hizo a mi padre?

—Nada.

—Entonces míreme y dígame dónde está.

El hombre levantó la cabeza.

—Murió.

Seo-yeon negó.

—Mentira.

El suegro quedó congelado.

—¿Qué?

Ella sacó su teléfono.

—Esta mañana recibí una llamada.

—¿De quién?

Seo-yeon pulsó reproducir.

Una voz masculina llenó la habitación:

—“Seo-yeon, si estás escuchando esto, significa que finalmente descubriste quién soy.”

El señor Kang perdió el color.

Seo-yeon continuó escuchando.

—“No confíes en la versión que te dieron sobre mi desaparición.”

Min-jun miró a su padre.

—¿Es Jae-sung?

El hombre no respondió.

La grabación continuó:

—“Y sobre todo…”

Pausa.

—“…no firmes ningún acuerdo con Kang Group.”

Seo-yeon apagó el teléfono.

—La grabación fue enviada esta mañana.

El señor Kang retrocedió.

—Eso es imposible.

—¿Por qué?

—Porque Jae-sung murió hace veintisiete años.

Seo-yeon lo miró fijamente.

—Entonces explíqueme cómo un muerto acaba de enviarme un mensaje.

Silencio.

De repente…

sonó el timbre.

El señor Kang perdió completamente el color.

—No abras.

Min-jun frunció el ceño.

—¿Por qué?

—¡NO ABRAS ESA PUERTA!

Seo-yeon caminó hacia ella.

La abrió.

Un automóvil negro esperaba frente a la mansión.

Un hombre mayor bajó lentamente.

Seo-yeon quedó inmóvil.

El desconocido levantó la mirada.

—Hola, hija.

Seo-yeon dejó de respirar.

—¿Papá?

El hombre asintió.

El señor Kang comenzó a retroceder.

Jae-sung entró.

Miró la mansión.

Después al hombre que había echado a su hija la noche anterior.

—Bonita casa, Kang.

El suegro no respondió.

Jae-sung sonrió.

—Especialmente considerando quién pagó realmente por ella.

Seo-yeon frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Su padre sacó una escritura.

La colocó sobre la mesa.

—Esta mansión fue comprada originalmente con dinero de mi compañía.

Min-jun miró a su padre.

—¿También la casa?

El señor Kang cerró los ojos.

Jae-sung respondió:

—Sí.

Después miró la marca que todavía permanecía en la mejilla de su hija.

Su expresión cambió.

—Pero primero quiero saber algo.

Miró directamente al señor Kang.

—¿Con qué mano golpeaste a mi hija?

Nadie respondió.

Jae-sung colocó una segunda carpeta sobre la mesa.

—Perfecto.

—¿Qué es eso? —preguntó Min-jun.

—La demanda para recuperar mis acciones.

El señor Kang palideció.

—Jae-sung, podemos negociar.

—Tuviste veintisiete años.

—Escúchame.

—No.

Jae-sung tomó la mano de su hija.

—Anoche echaste a Seo-yeon de tu casa.

Miró alrededor de la mansión.

—Hoy descubrirás si alguna vez fue realmente tuya.

Pero entonces el señor Kang comenzó a reír.

Todos lo miraron.

Jae-sung frunció el ceño.

—¿Qué te causa gracia?

El hombre levantó lentamente la mirada.

—Que todavía no le has contado a tu hija por qué desapareciste.

La sonrisa de Jae-sung desapareció.

Seo-yeon miró a su padre.

—¿Qué está diciendo?

—Nada.

El señor Kang continuó:

—Pregúntale dónde estuvo realmente durante esos veintisiete años.

Seo-yeon soltó la mano de su padre.

—Papá…

Jae-sung guardó silencio.

—¿Dónde estuviste?

Nada.

El señor Kang sonrió.

—Díselo.

Seo-yeon miró a ambos hombres.

Había llegado para descubrir si la fortuna de los Kang había sido construida con el dinero de su padre.

Pero acababa de comprender que existía un secreto todavía mayor.

Y esta vez…

era su propio padre quien no quería que ella lo descubriera.

By yhq9q

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